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El gran hermano

Columna de análisis del vocero de Un Solo Uruguay en El Observador Agropecuario

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03 de agosto de 2018 a las 05:00

Por Marcelo Nougué (*), especial para El Observador

Uruguay es víctima del discurso que acumuló fuerzas sobre lo malos que son los empresarios, los que explotan y los explotados, los de arriba y los de abajo, en definitiva de los discursos que han querido y han logrado enfrentar a uruguayos contra uruguayos.

Sin embargo, cuando miramos los datos oficiales estos discursos se dan de frente con la realidad.
El 97% de las empresas de Uruguay están compuestas por monotributistas, micro, pequeñas y medianas empresas y solo el 0,5% de las empresas son las consideradas grandes.

En definitiva, el empresariado uruguayo está compuesto por seres comunes y corrientes que ponen su ingenio, su emprendedurismo y arriesgan su patrimonio –mucho o poco– para ponerlo al servicio del país, para ser generadores de riquezas genuinas y generar más del 70% del trabajo privado que tenemos en el país.

Del otro lado, estos emprendedores, estos empresarios, se encuentran con un Estado que lejos de facilitar la tarea, de apoyar a aquel que tiene una idea para desarrollar, se para como El gran hermano, que todo lo ve, que todo lo controla, que todo lo quiere, ahogando cualquier posibilidad de desarrollo, de innovación y, por ende, ahoga y destruye el entramado de pymes que ha sido característico de nuestro país productivo.

El alto costo del Estado, de las tarifas públicas, de la energía, de los impuestos y la presión que ejerce el socio mayoritario que cualquier empresa tiene –que es el Estado– y el cual nada arriesga hace que cada uruguayo que tenga una idea la guarde en el baúl.

El solo intento de llevar esa idea adelante hace que tenga que pagar un sin número de impuestos (directos, indirectos y encubiertos), timbres, trámites y multas, antes de ver si su idea es rentable, si da ganancias, si genera un empleo genuino.

En esta realidad productiva no solo se encuentra inmerso el agro, que de los 40.000 productores que van quedando más del 90% son pequeños y medianos productores, con una alta tasa de uso de mano de obra familiar, sino que se encuentra inmerso el transporte, el comercio, los servicios, la industria y la actividad privada que llevan adelante los profesionales de este país.

Como contraposición, tenemos un sin número de beneficios brindados a multinacionales, tanto en el agro como en la industria y en el comercio, generando un nivel de desigualdad entre propios y ajenos que sorprende hasta al más ingenuo, con el único objetivo de aumentar el PBI y la inversión extranjera, a los efectos de mantener el tan mentado grado inversor, que es lo que permite seguir endeudando el país a tasas de interés bajas, sin tener la necesidad que el Estado baje el gasto, muchas veces y en muchos rubros obsceno para la realidad que vive el país.

Este desequilibrio entre Estado y pueblo, criollos y extranjeros, es generador de desempleo, de cierre de empresas y emprendimientos, de reducción en la inversión y en la innovación.

Entender que es necesario aflojar la cincha para que la gente vuelva a creer que es válido emprender, arriesgar, innovar, es la única alternativa para que aquel discurso que busca enfrentar a orientales con orientales no gane y sigamos pensando que es posible tener Un Solo Uruguay que genere trabajo y bienestar para los uruguayos.

(*) vocero del movimiento Un Solo Uruguay

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