23 de octubre de 2013 22:52 hs

Lo que hizo cambiar de opinión al presidente José Mujica sobre la televisión digital fue que los cooperativistas de La Diaria y Demos explicaran en sus descargos que el proyecto de Giro implica que algunos de ellos pongan en juego todo su patrimonio (cerca de US$ 1 millón) para el desarrollo de un proyecto que será autogestionado. Según contaron a El Observador fuentes oficiales, con eso “le tocaron la fibra íntima” de sus convicciones: los proyectos administrados por sus trabajadores. Es algo sobre lo que predica hace años y de lo que un día antes había hablado en su audición de radio Uruguay.

Por eso, la decisión del presidente terminó siendo todo lo ideológica que dijo que no sería.

Si el 25 de setiembre, en vez de informar que le otorgaría un canal a VTV y a Pop TV, ponía en segundo lugar a Giro, nadie iba a protestar. El proyecto de las cooperativas había sido el mejor puntuado por una comisión asesora y si bien la Unidad de Servicios de Comunicación (Ursec) había puesto reparos a la financiación podía decir que ninguno de los dos informes eran vinculantes.

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Pero Mujica no solo hizo caso a esa observaciones, sino que además jugó fuerte. Desde Nueva York, donde se encontraba participando de la Cumbre de las Naciones Unidas, cuestionó la viabilidad del proyecto de Giro y dijo que no podía definir este asunto en función de aspectos políticos o ideológicos.

Se mostró asi coherente con lo que criticaba cuando era oposición. Las asignaciones de permisos para cable operadores durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle y de radios durante el segundo período de Julio María Sanguinetti fueron a dedo a amigos políticos y Mujica siempre cuestionó eso. Hablaba del “dedo gordo” presidencial.

Esta vez hubo un proceso, que empezó transparente, pero terminó –al menos– muy desprolijo. En el medio, además, hubo ventajas para los actuales permisarios, que no compitieron.

Pero la decisión de Mujica al inclinarse por Giro por su visión pro-cooperativistas, no es la única muestra de cómo lo político permeó el llamado que el gobierno sigue considerando “transparente”.

El elemento fundamental fue la intervención del director de la Oficina de Planteamiento y Presupuesto (OPP), Gabriel Frugoni, y el asesor presidencial, Pedro Buonomo. Pocos días después de la decisión inicial de Mujica, los jerarcas llamaron por teléfono a los representantes de Pop TV para decirles –palabras más palabras menos– que deberían compartir con Giro un canal o se quedarían sin nada.

Pero para dar ese paso, los jerarcas de gobierno pidieron permiso a Mujica, que con solo habilitarlos a buscar una solución ya abrió la puerta a la política.

La intervención de Buonomo y Frugoni generó molestias en el Ministerio de Industria, que buscó respaldo en el resto del Frente Amplio y lo consiguió en la Mesa Política.

Sin embargo, la operación política dio resultado y fue permeando hacia más actores del gobierno.

Luego llegaron los descargos de Giro, que el 9 de octubre presentó al ministro Roberto Kreimerman. Allí no se agregó nueva información que modificara su proyecto (eso no estaba permitido en el pliego), sino que se explicó nuevamente las vías de financiamento. Pero la fundamentación de que arriesgarán su patrimonio convenció a Mujica.

Allí fue que surgió la idea de dar un tercer canal nuevo, como había sugerido antes de empezar todo el proceso el Ministerio de Industria. Pero eso chocó contra la muralla jurídica. El llamado que se hizo fue para cinco canales (dos nuevos) y por lo tanto el tercero se adjudicaría “a dedo” y por fuera de la competencia. Eso vulneraba judicialmente el proceso.

Allí empezó lo que en la interna del gobierno denominaron –en tono de broma– “el juego de las sillas de Cacho Bochinche”.

“Hay dos sillas para tres interesados”, definió en ese momento un integrante del gobierno.

Además, uno de los lugares era casi inamovible: el de la empresa VTV, vinculada a Tenfield.

En ese proceso –que fue desde el jueves 17 hasta ayer– hubo otros cambios de postura en la interna del gobierno. Para tomar la definición, el presidente se reunió más de diez veces con Kreimerman, el subsecretario de Industria, Edgardo Ortuño, y el prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa. En algún momento, también sumó al secretario de la Presidencia, Homero Guerrero. Kreimerman y Cánepa pretendían que el presidente mantuviera su decisión inicial y le asignara el segundo canal a Pop TV. Pero Ortuño defendió el cambio de posición.

Todo esto, además, generó mucho resquemor en la interna del FA. Los socialistas quedaron molestos y en el Frente Liber Seregni la miran de costado, luego del comunicado de la semana pasada en el que pidieron anular todo el proceso y dejarlo para el próximo período de gobierno.

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