Empieza otra semana del segundo tiempo en la altura de La Paz y seguimos empatando 0-0 con el Covid-19, según la imagen que trazó el presidente del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), Rafael Radi. Rivera se perfila a no haber sido un gol en contra sino un puntero izquierdo rápido que desbordó a nuestro lateral derecho (que se distrajo con una celebración umbandista), y metió un tiro en el palo. Pero a nuestro Martín Cáceres enseguida vinieron a apoyarlo Godín, Nández y Valverde. En fútbol se le diría cerrar esa zona. En términos sanitarios significó testeos masivos y un trabajo certero de quienes se encargan de trazar el mapa de contactos de cada contagiado para apagar los brotes. Aparecen casos en más departamentos, que preocupan pero a su vez tienen rápidas respuestas del sistema sanitario.
Transitamos la nueva normalidad uruguaya, esa que es mirada entre el elogio y la condescendencia en muchas partes del mundo (por aquello de la baja densidad de población), y que no es posible con irresponsabilidad, con falta de respeto a las normas marcadas para esta fase. Pero tampoco es viable sin sentido común, que es lo que permite ponerse en el medio entre los apocalípticos que creen que todo sigue siendo riesgoso, y los superados que creen que todo esto es una confabulación que busca que la gente se quede encerrada en sus casas para que el Estado, las multinacionales o la FIFA los controlen.
Ese sentido común es el que defienden el grupo de científicos, un faro que apareció en el medio de la incertidumbre, que genera confianza y respeto de todos. En un país y en un momento de tanta politización, resultaron ser figuras que generan consenso. Seguramente porque hablan de ciencia, y no de política. Porque no entran en ese juego de decir la parte de la verdad que los favorece. La opinión pública no tiene idea a quienes votan estos científicos, y la verdad, no podría importar menos.
Quizás la clave es que, además de manejarse con la ciencia, se pertrechan en el sentido común, incluso a diferencia de otros médicos y científicos más apocalípticos, que al principio pedían encerrarnos hasta que pasara el temblor, o que hoy piden usar tapabocas en la calle ante cualquier circunstancia. Además del GACH, en esa categoría de defensores del sentido común podría agregarse al pediatra e infectólogo Álvaro Galiana, al que el propio presidente elogió.
Camilo Dos Santos
Rafel Radi, Fernando Paganini y Henry Cohen del grupo de científicos que asesora a Lacalle Pou
Dijo la semana pasada Rafael Radi, en Desayunos Informales, sobre el polémico al paseo de compras en el Centro el sábado pasado. “Pasamos de un escenario de ‘Quedate en casa’ y empezamos a salir entendiendo que hay riesgos y podemos mitigar esos riesgos. Estamos saliendo del confinamiento, y las situaciones de conflicto van a aparecer todo el tiempo, así como brotes. Debemos tener una excelente planificación, excelente monitoreo y planes de contingencia por si algo se sale de lo planificado”.
El riesgo es parte de la vida. No hay decisión en el mundo que no implique riesgos. Salir a andar en bicicleta lo tiene, hacer un viaje en avión o en auto también, aceptar someterse a una operación aún más. Invertir en la bolsa, comprar una moto, cambiar de trabajo. La vida, en buena medida, es la historia de la gestión racional de los riesgos: de otra forma viviríamos envueltos en una burbuja. De otra forma, no viviríamos.
Esta semana se profundizará la vuelta a las clases. Los miedos son muchos: algunos maestros dicen que faltan condiciones, muchos padres aún no se sienten cómodos con dejar a sus hijos en los centros educativos. Y es lógico: después de tres meses de relativo encierro, de que las noticias negativas ganaran por aplanadora, de sentir poco menos que el apocalipsis atrás nuestro, de que el covid-19 nos bajara de un hondazo aquel sentimiento de omnipotencia ante la naturaleza, esa gestión de riesgo está tamizada absolutamente por el miedo. Y cuando se trata de los hijos, ese miedo toma un cariz mayor: a cualquier padre le importará siempre la vida de su hijo mucho más que la propia. Y cuando se ingresa en un terreno donde no somos nosotros quienes podemos controlar la situación a la que se enfrentan nuestros hijos, el miedo es más intenso y más angustiante.
Ahí es donde vuelven los científicos. Los encargados de decirnos, después de analizar cientos y miles de papers, de cruzar lo que sabemos del virus en el mundo con su evolución en el país, que el riesgo es ínfimo. De los menores de toda esta situación de nueva normalidad. Seguramente, siga siendo más riesgoso subir a nuestros hijos al auto que dejarlos 4 horas en la escuela. ¿Alguien va a dejar de usar el auto con sus hijos?
También es ínfimo el riesgo de contagios al aire libre, un tema que volvió a estar arriba de la mesa tras el entreverado y desprolijo plan de la intendencia en el Centro, que se corrigió el fin de semana (aunque el mal tiempo hizo que no fuera un tema). Es ahí donde vuelve a la mesa el sentido común, en pareja con la información. La chance de contagiarse en la calle está también en el espectro bajo riesgo, si tenemos en consideración que: 1) el 99,5% de los clusters de contagio se dan en espacios cerrados, 2) que el contagio se da por contacto+tiempo, 3) que los infectados asintomáticos (si alguien anda en la calle se supone que no sabe que carga el virus) tiene baja carga viral, 4) que la circulación del virus en Uruguay es bajísima, 5) que el tapabocas es otra barrera efectiva (no perfecta) de contención. Eso no quiere decir que esas experiencias no deban ser monitoreadas y controladas, y de ahí el matiz de los expertos con la intendencia. Es que en la nueva normalidad no basta solo con decir, hay que medir, aunque haya pocos casos. Porque como dijo Yaneer Bar-Yam, uno de los científicos que se han hecho famosos en Twitter al analizar el covid-19 en el mundo, “la diferencia entre cero caso y tres es un factor de infinito”.
Camilo dos Santos
El presidente del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), Rafael Radi
De nuevo Radi: “Cada apertura de la movilidad tiene riesgos. El riesgo no es cero, pero puede ser muy bajo en un escenario de circulación viral baja y de mantener las medidas que hemos discutido. Tenemos que racionalizar, no operar desde el miedo sino desde la razón, y entender qué cosas nos pueden permitir disminuir la incidencia de la enfermedad y estar más protegidos”.
Es la información, y no el miedo, el que permite la gestión del riesgo. Uruguay va bien encaminado, y el mundo parece empezar a doblar el codo de la carrera. Es cierto, Sudamérica parece ser el peor posicionado y eso implica un riesgo extra. Habrá que mantener la guardia alta un tiempo más. Como piden los científicos, al menos hasta agosto, cuando pase el invierno. Lo que es seguro es que el coronavirus no cambiará el mundo como lo conocemos, y que a la corta o a la larga recuperaremos la normalidad. Mientras tanto, abracemos la información, agradezcamos a la ciencia y usemos el sentido común para gestionar los riesgos y ganarle al miedo.