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26 de febrero 2023 - 5:02hs

Los pacientes llegan al hospital con síntomas neurológicos severos: no pueden caminar, se caen o experimentan un cosquilleo o pérdida de sensibilidad en los pies y las manos. Otros sufren incontinencia intestinal o de vejiga. Y pese a que son pocos que mencionan que lo han consumido, los médicos ya aprendieron a diagnosticarlo. Es el “gas de la risa”, una droga que se ha convertido en una de las preferidas de los jóvenes británicos de entre 16 y 34 años.

El óxido nitroso, también conocido como gas hilarante, provoca en principio sensaciones placenteras apena se inhala. Se siente un cosquilleo en el pecho y en las extremidades.

Su bajo precio y su expendio en pequeños tubos de metal también contribuyeron a su éxito como droga recreativa en las fiestas por el “subidón” que provoca en las primeras inhalaciones.

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Pero los médicos de los hospitales londinenses están viendo tantos casos por uso del “gas de la risa” que se han visto obligados a elaborar pautas de tratamiento para compartir con sus colegas en todo el Reino Unido y en otros países europeos.

Una droga vieja

En tiempo de drogas sintéticas o de diseño, lo primero que puede decirse del gas hilarantes es que se trata de un producto químico viejo, conocido desde hace más dos siglos.

Los experimentos iniciales con el óxido nitroso los realizó Humphry Davy a fines del siglo XVIII en busca de un tratamiento para la tuberculosis.

Como muchos científicos experimentales de su tiempo, comenzó a probar en su propio cuerpo los efectos de diferentes fluidos, inhalándolos pese al riesgo que implicaba para su salud. Uno de esos experimentos fue con el monóxido de carbono, del que se salvó milagrosamente.

La inhalación del óxido de nitrógeno le produjo en cambio un hormigueo placentero, en especial en su pecho y extremidades.​ En otras experiencias con voluntarios, éstos también manifestaron sentir hormigueos en los dedos y en la lengua.

Finalmente, al subir la dosis descubrió los efectos analgésicos del gas, también conocido como monóxido de dinitrógeno. Esa propiedad y su potencial para ser utilizado en operaciones quirúrgicas fueron descriptas por Davy en su libro “Investigaciones Químicas y Filosóficas, principalmente sobre el monóxido de dinitrógeno”.

Recién medio siglo más tarde los cirujanos comenzaron a usarlo como anestésico. El otro uso conocido en la actualidad es en la industria alimentaria, para batir crema de leche. ​

Un gas peligroso

El efecto del uso intensivo y permanente del óxido nitroso es que puede provocar un déficit vitamínico brusco y severo tal que provoca daños en los nervios de la médula espinal.

"Lo que sorprende ahora es la severidad (de los casos). Hemos visto este aumento en los últimos 12 meses". señala Alastair Noyce, neurólogo de la Universidad Queen Mary, en Londres.

El mecanismo de acción son los daños en el sistema nervioso al interferir con el metabolismo de la vitamina B12, mediante un daño a la capa protectora que recubre los nervios, como los que se encuentran en la parte posterior de la columna.

Si la deficiencia de vitamina B12 se corrige rápidamente con inyecciones de vitamina, se puede evitar el daño permanente. Si no, el deterioro se torna indetenible.

Pero antes que ello ocurra, el gas hilarante ralentiza las respuestas de cuerpo y cerebro. En cantidades mayores, produce desmayos, pérdidas de conciencia y sofocones. Luego vienen las secuelas permanentes: parálisis de los miembros inferiores y superiores, que provocan incapacidad de movimientos. También incontinencia intestinal y de la vejiga.

Otro de los peligros es inhalarlo directamente del cilindro, ya que el gas está helado y a alta presión, lo que puede dañar la garganta y los pulmones, detener la respiración o ralentizar el ritmo cardíaco.

Puede también causar sensación breve pero intensa de paranoia.

Las nuevas sensaciones

La búsqueda de nuevas sensaciones lleva a muchos jóvenes a experimentar con productos letales.

Emma Cain, quien perdió a su hijo Jon después de que inhalara otro tipo de gas volátil, advierte sobre los peligros de respirar sustancias desconocidas. Jon murió a los 17 años de un paro cardíaco en 2011, inmediatamente después de inhalar butano.

En cambio, Kerry-Anne Donaldson, una londinense de 26 años, empezó a usar cilindros de “gas de la risa” cuando tenía 18 años, más que nada en fiestas.

La primera vez que acabó en un hospital estaba gravemente enferma, pero continuó usando el gas "en busca del primer subidón que me dio".

Sus piernas, manos y pies fueron perdiendo sensibilidad poco a poco, hasta que, el año pasado, ya no pudo caminar más.

"Tenía 24 años y no lo usaba desde los 23, pero el daño aún estaba allí", dice.

Donaldson cuenta que puede levantarse y moverse dentro de su propio departamento, pero que no puede caminar en la calle. "Mi mensaje es no lo hagan, no vale la pena".

El gobierno de Inglaterra y Gales están considerando actualmente prohibir su uso y venta. En enero, Países Bajos se convirtió en el primer país del mundo en declarar ilegal el uso del gas de la risa.

(Con información de BBC)

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