Economía y Empresas > Código de vestimenta

El poder de la ropa: ¿cómo se visten los uruguayos según sus trabajos y por qué?

Especialistas hablan de una informalidad y desorientación que crece, sobre todo a impulso de las nuevas generaciones

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31 de julio de 2019 a las 05:00

“Bueno, empecemos” piensa el galerista Arturo Silva (interpretado por Guillermo Francella) sentado en actitud contemplativa en un banco de la Plaza San Martín de Buenos Aires. “Escribano”, juega a adivinar sobre el hombre de traje que come una manzana en el banco de enfrente. 

También aparece a la vista un señor de camisa celeste, chaleco polar y lentes de sol sobre la cabeza. "Este es remisero", asevera Arturo como si su apariencia le diera pistas demasiado evidentes. Así sigue con el supuesto filósofo, el asistente de marketing y la dermatóloga de jean y championes blancos. 

Si Arturo adivinó o no las profesiones es algo que la película Mi obra maestra no revela, aunque hay algo en lo que los especialistas en imagen corporativa están de acuerdo: La vestimenta es un lenguaje no verbal y, como en la escena de película, comunica y habla por uno. "Existe un código que es entendido en líneas generales por todos", apuntó la comunicadora y directora de AddValue, Luciana Andión. 

La fuerza comunicacional de la vestimenta es un fenómeno histórico, indicó la consultora de imagen y diseñadora de moda Debbie Goldfarb. Por ejemplo, en la época medieval uno sabía de antemano si estaba frente a un rey, alguien de la nobleza o plebeyo únicamente por su forma de vestir.

El actual poder de la ropa lo explicó la asesora de imagen y socia de AddValue, Alba Blustein, mediante un claro ejemplo: Si la vestimenta no comunicara, quizás el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg hubiese ido a declarar al Congreso de Estados Unidos -tras escándalo por fuga de datos- con su característico atuendo de remera y jean. Sin embargo, fue de las pocas veces en las que se lo vio de traje y corbata. "Tenía que transmitir seriedad y su posición, además de respetar a la institución en la que estaba en ese momento", explicó. Andión acotó que aunque estaba de traje, eligió el color azul, asociado al de su empresa y al liderazgo. 

"La ropa tiene un contenido simbólico. Hay cierto tipo de prendas que se asocian con ciertas actividades, relacionadas a la función y a lo que se espera de esa persona", señaló Blustein.

¿Por qué, entonces, en determinados ámbitos corporativos la ropa suele ser formal y en otros casual? Según Goldfarb, esto depende en muchos casos del contacto que se tenga con clientes. Ejecutivos de empresas tecnológicas en general optan por ir a trabajar de jean y camisa o remera, algo que tiene una explicación. "Están en general detrás, no están en trato directo con el público. No necesitan esa coraza, porque la ropa también es una fachada que nos ponemos para trabajar", apuntó Goldfarb. 

En la misma línea, agregó que un profesional del ámbito creativo "tiene que mostrar que la creatividad le sale por los poros": "Necesitan emitir ese mensaje para que el cliente sienta que está en el lugar correcto". De todas formas debería cuidarse dependiendo de los ambientes en los que se maneje "para no espantar al cliente" aunque sin dejar de lado su veta creativa. "A un creativo nunca lo vas a ver de traje porque no le sale de adentro", indicó. 

Sobre este punto, Blustein agregó que en todos los casos "hay que ser versátil". "Es importante tener en cuenta a la audiencia a la que me dirijo. En su día a día un publicista puede estar sumamente casual, pero si tiene que cerrar un contrato con un cliente, tiene que cambiar de código de vestimenta, que comunique formalidad y seriedad dentro de su estilo más jugado", señaló. 

Informalidad 

Las asesoras de imagen advierten que en Uruguay, a nivel corporativo y sobre todo a impulso de las nuevas generaciones, no existe consciencia de lo que la ropa comunica y por ende hay una desorientación cada vez mayor. Un ejemplo gráfico sobre este punto lo dio el director de varias empresas nacionales y multinacionales, Raúl Pazos. Hace unos días lo invitaron a un evento en un hotel, donde había desde políticos de traje y corbata impecable hasta jóvenes de campera. "Estamos en pleno acomodo", aseguró.

Blustein dijo que "hay un grado de informalidad muy elevado y muchas veces existe un desacuerdo entre la vestimenta y lo que querés expresar". 

En esa línea, Andión explicó que cuesta entender que se vive en un mundo de percepciones, donde "lo que el otro percibe no es lo mismo que lo que uno ve, porque la imagen se forma en el cerebro de la otra persona". 

Lineamientos

Por un lado, determinadas empresas prestan atención a la vestimenta corporativa más allá del uniforme. Por el otro, establecer lineamientos y códigos de vestimenta es cada vez más desafiante. "Nuevas generaciones te dicen que van a trabajar como quieran porque lo que importa es lo que hago, lo que soy. Pero nadie dice que dejes de ser auténtico. Lo que se busca es que seas claro y coherente con el mensaje que querés dar", apuntó Andión. 

Hay empresas que eligen comunicar el código de vestimenta laboral al inicio, mediante charlas o manuales corporativos. Otras deciden contratar a un especialista externo a la empresa para profundizar sobre la temática, sin que haya necesariamente una comunicación directa sobre dress code del jefe a sus empleados. 

La socia de Ferrere Abogados, Verónica Raffo, cree que sería un error imponer reglas de vestimenta porque sí. En cambio, considera importante explicar la relevancia de la imagen. "Cuando se explica la relevancia de la imagen en la construcción de una carrera profesional, los jóvenes entienden el motivo de nuestro énfasis en este tema", apuntó. En la empresa, dijo, existen lineamientos básicos "que buscan respetar la individualidad de las personas pero a su vez mantener un estilo sobrio y profesional, que es lo que en general nuestros clientes y colegas esperan". De todas formas, sostuvo que esto ha ido cambiando tanto en Uruguay como en el mundo, que cada vez los hombres usan menos la corbata y las mujeres los trajes estilo tailleur. Desde el año pasado, Ferrere inauguró los "viernes casual".

Por su parte, la socia de Irrazabal & Asociados, Mónica González, indicó que se transmite el código de vestimenta de forma abierta y directa. "Cuando entran, decimos lo que queremos proyectar y la importancia de la imagen a través de lo que se transmite", comentó. Para reforzar esa comunicación el estudio suma charlas con profesionales como las de AddValue. 

Verónica Raffo

"Tu imagen es parte de tu marca personal", asegura Verónica Raffo y agrega que la comunicación no verbal es "un altísimo porcentaje de la comunicación". "Nunca lo subestimo. Cómo te vestís, cómo mirás, cómo escuchás, cómo gestualizas colabora o frena el desarrollo de relaciones profesionales valiosas", contó. 

Sobre sus propias reglas a seguir, la abogada contó que trata de usar la empatía y vestirse en forma adecuada al contexto donde actuará. "No es lo mismo una reunión con inversores del exterior, que una visita a un cliente del área tecnológica que del sector financiero, la negociación con un sindicato o una visita a una fábrica", ejemplificó.

Aunque reconoce que los abogados tradicionalmente han sido muy formales en su vestimenta y que esa tendencia continúa, señaló que en los últimos años se produjeron cambios "bien importantes" y que se han ido flexibilizando los códigos históricos. "Hoy es mucho más habitual que haya abogados en las empresas trabajando que en general adoptan los códigos de la industria a la que pertenecen", añadió. 

Raúl Pazos

Como ejecutivo que ocupa el directorio de diversas empresas, no es extraño para Raúl Pazos andar con "un perchero" a mano. "Me voy cambiando de ropa en el día. Es curioso porque hay empresas que tienen su propio código donde puedo adaptarme. Si voy a una empresa de ingeniería logística de traje y corbata, no funciona. Los accionistas están de remera polo y vaquero. En cambio, en una consultora donde damos servicios generales a empresas e inversores es lógico que esté de traje y corbata", comentó. "Tenés que estar por definición apegado al uso y costumbre, si no sos exótico", añadió. 

Se considera "un tipo mayor" que se tiene que adaptar y dijo que el asunto se ha vuelto más complejo sobre todo para el hombre. "Antes sabías que te ponías traje y corbata en todos lados, desde la casa de repuestos hasta el consultorio jurídico. Hoy se están imponiendo dinámicas diferentes", agregó. 

Contó que usualmente, cuando recibe invitaciones a eventos tiene que preguntar por el dress code. "Sí, es cóctel de noche en un hotel muy bonito, pero ¿cómo van a ir? ¿de vaquero o de traje?". En caso de dudas, prefiere ir de traje. "Si están de sport te sacás el saco y la corbata, pero la inversa no podés hacerla". Como mentor de Endeavor, Pazos contó que el único consejo que brinda a emprendedores sobre forma de vestir cuando se reúnen con inversores, es que "respiren autenticidad". Apuntó que la vestimenta informal es característica de los millennials, que además tienen mente pragmática y por eso son reacios a usar corbata. "Es la única prenda que no cumple ninguna función más que estética". 

Mónica Gonzalez

A los 22 años, recién recibida de abogada, Mónica González tenía que usar tailleur con zapatos de taco para demostrar ser más grande y experiente. "Eso ha ido cambiando. No todas estamos de trajecito y valen las botas".

Plantea que en el caso de las mujeres, el hecho de que sean "multitarea" contribuyó a cambios en su imagen. "Van a buscar a sus hijos al colegio, al super. Hacés de todo con la misma ropa y eso repercute en lo que te ponés para trabajar", apuntó. Reconoce que la de abogado debe ser una de las profesiones más clásicas y que más proyectan a través de al vestimenta; seriedad, profesionalismo, trayectoria, conservadurismo (o no), apuntó. 

De todas formas, piensa que la vestimenta en Uruguay fue cambiando "para mal": "Vas a una reunión hoy y la gente está desaliñada". "Si yo trabajara en un cowork donde sé que no estoy en contacto con clientes, seguro me vestiría diferente. Capaz me quedo cómoda. Creo que el hecho de saber que vas a recibir a un cliente o ir al juzgado hace que uno tenga que estar preparado para eso".

Juan Ciapessoni

El fundador de THEF, Juan Ciapessoni, trata de mantenerse cómodo pero acorde a las tendencias y saliendo de estándares porque así es la compañía, dijo. "Uno refleja lo que hace. En nuestro caso, la vestimenta tanto personal como de la gente que trabaja en la compañía es ser fiel a su cultura, no pretender algo que no sos", agregó. Al no formar parte de una industria en particular, dijo que tampoco tienen que adaptarse a cierta imagen. Contó, no obstante, que se viste "de forma global": "Voy de la misma manera a un cliente en Estados Unidos que a un banco o a una empresa de consumo masivo, no cambia ni la vestimenta ni la forma de abordarlo". Si tuviera que dar un lineamiento, sería el de vestirse no como indique un país o industria, sino como lo indique el mundo.  

Más allá de lo informal o no, dijo que lo importante es la prolijidad. "Me imagino que la gente en las empresas sigue la forma en que sus jefes están vestidos. Uno se guía por sus líderes", destacó. Para Ciapessoni, la forma de vestir tiene que acompañar a la forma de hablar y comunicar. "En THEF somos líquidos, permeables y globales. Nos vestimos siguiendo esas tendencias. Lo que está sucediendo más allá de industrias de mucha tradición, es que el resto están yendo a un formato más flexible de trabajo, vestimenta y protocolos", apuntó. 

Seis estilos
Creativo. Combinación de colores y texturas. Ejemplo, pantalón rayado con remera estampada. Se destaca la individualidad. 
Dramático. Prima el color negro y se asocia a determinados grupos, como los góticos. "Levanta barreras de comunicación", apuntó Andión. Ejemplo: motoquero de chaleco negro. 
Tradicional. Traje en hombres, blazer y pantalón en mujeres. 
Elegante. Traje con detalles de cuidado, como pañuelo y combinación entre camisa y corbata. En caso de mujeres, puede agregar joyas. "Se asocia con dinero pero en realidad es quien cuida bien lo que se va a poner", subrayó Andión.
Romántico. En mujeres predominan las flores, encajes, bordados y detalles. En hombres, un ejemplo es la camisa o blazer rosado. 
Natural. El más simple de todos y el que predomina en Uruguay. Ejemplos: jean y remera, vestido simple, canguro, mucho algodón. "Tiene el riesgo de parecer desaliñado", apuntó Blustein. 
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