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El sexo y la ciudad después de los 50: la icónica Sex and the City vuelve a Nueva York

Los motivos por los que Sex and the City sigue siendo un éxito y el anuncio de una nueva versión que expone la discriminación por edad, mientras intenta adaptarse a las nuevas sensibilidades sociales dos décadas después 

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27 de noviembre de 2021 a las 05:01

Pasaron más de veinte años desde que Sex and the City se convirtió en un ícono. La fantasía neoyorquina revive ahora con una nueva versión que promete acompasarse a la temperatura social manteniendo su esencia y sin bajarse de los zapatos de diseñador. Las expectativas son altas.

Si nunca la vieron, la cosa iba más o menos así: Carrie Bradshaw deambula el mundo sentimental y profesional en sus 30 junto a sus tres amigas: Samantha, una publicista exitosa; Charlotte, una curadora de arte en la búsqueda constante del marido perfecto; y Miranda, una abogada independiente que asciende en una firma liderada por hombres. Ellas están interpretadas por Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis y Cynthia Nixon, respectivamente. Todo sucede en Nueva York, todo sirve como insumo para sus columnas de “antropología amorosa” para The New York Star y (casi) todo se soluciona con un nuevo par de zapatos.

Algo que no se le puede reclamar a la serie es realismo, porque no lo pretende. Empecemos por el hecho de que Carrie escribe una columna semanal con la que vive en el Upper East Side de Manhattan y tiene un ropero tapado de Manolo Blahnik, Chanel, Carolina Herrera, prendas que iban directamente desde la pasarela a su guardarropas. Los directores crearon una fantasía de Nueva York, con citas a la vuelta de cada esquina, martinis en after hours y ropa de diseñador. Una Nueva York donde el 11 de setiembre de 2001 fue un día como cualquier otro. Y donde Samantha, una Cosmopolitan y Donald Trump son el epítome de la ciudad fantástica, 18 años antes de que el empresario asumiera la presidencia de la nación.

Es parte de las series de principios de los 2000 que disfrutan ahora de una segunda vida gracias a la nostalgia de algunos contemporáneos y el descubrimiento de las nuevas generaciones. Las seis temporadas están disponibles en HBO Max y volver a ella con una mirada del 2021 es como pararse frente a un espejo que refleja con un poco de incomodidad la sociedad que nos acogió y en muchos casos, nos formó. Aquellas mujeres que parecían tan libres y audaces, ya no lo son tanto. Son impresiones de una sociedad que fue cambiando ante un producto que se mantuvo en el tiempo.

Pero, a pesar de todo, la Carrie original sigue cautivando audiencias.

“¿Dejar de envejecer? ¿Desaparecer?” 

Ahora Sex and the City regresa con un nuevo nombre. And just like that... será una nueva versión del clásico de 10 episodios, que promete adaptarse al 2021, que se estrenará en HBO Max el próximo 9 de diciembre.

Ante el anuncio y las primeras imágenes de las protagonistas un tema, del que no se habla lo suficiente, volvió a la agenda: el envejecimiento. Las arrugas, el bótox, las canas, los kilos. Las miradas que juzgan los cuerpos de las mujeres ahora tienen un vehículo más rápido y efectivo: las redes sociales. Y, aunque seas Sarah Jessica Parker, no hay forma de evitarlo. "Todo el mundo tiene algo que decir. 'Tiene demasiadas arrugas, no tiene suficientes arrugas'", dijo Parker a Vogue. "Casi parece que la gente no quiere que estemos perfectamente bien con lo que somos, como si disfrutaran de que nos duela lo que somos hoy, si elegimos envejecer de forma natural y no tener un aspecto perfecto, o si haces algo si eso te hace sentir mejor. Yo sé cómo me veo. No tengo elección. ¿Qué voy a hacer al respecto? ¿Dejar de envejecer? ¿Desaparecer?", ironizó la actriz en la entrevista.

Las primeras imágenes de Just like that...

Un estudio realizado en 2020 por el Instituto Geena Davis sobre el Género en los Medios de Comunicación expuso la situación de la discriminación por edad que existe en la industria del entretenimiento. El estudio analizó el contenido de las películas más taquilleras de 2019 en Alemania, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, lo que representó 1.235 roles protagónicos, secundarios y personajes menores. Los resultados muestran que las mujeres mayores de 50 años tienen menos probabilidades de ser elegidas como protagonistas (de hecho entre las películas analizadas no había mujeres de estas edades en papeles principales). En cambio, son más propensas a ser utilizadas como personajes secundarios que habilitan la acción de protagonistas más jóvenes

Además la mujeres de esa edad son representadas como menos atractivas que los hombres, con menos estilo y peor carácter. ¿Y si hablamos de sexo? Si bien tienen la misma probabilidad de ser incluidos en una relación romántica que sus compañeras más jóvenes, tienen menos posibilidades de tener vínculos sexoafectivos. El estudio muestra que los personajes menores de 50 tenían tres veces más probabilidades de aparecer en una escena de sexo que las mayores. “Se muestran los personajes mayores como menos sexuales, lo que indica un aversión social al aspecto sexual de las relaciones entre personas mayores”, indica el estudio que además se detiene en la forma en que se muestra el sexo. “La falta de detalles en las escenas de sexo entre adultos mayores envía el mensaje de que sus cuerpos no son dignos de ser mostrados de una manera sexual”. Si hay algo en esta serie es sexo. 

"Hacer un show sobre mujeres de mediana edad con sus cuerpos envejecidos es revolucionario", dijo Samantha Irby, una de las guionistas del nuevo show, en el mismo número de la revista. Es que la edad, principalmente en las mujeres, es un tema que Hollywood, los medios en general, y la industria de la moda, están lentamente revisitando. ¿De verdad seguimos creyendo que la belleza tiene una franja etaria? Pero, para ser sinceros, el antecedente de Sex and the City no ayuda. La serie, que protagonizaron estas mismas mujeres hace más de 20 años, ponía un peso insoportable sobre la imagen: las arrugas y los signos de la edad eran tan combatidas como las calorías. Ahora, con una nueva versión que pone luz sobre las mismas mujeres 20 años después puede que la narrativa cambie. En varias formas.

Sex and the City ha sido discutida durante décadas. ¿Es (o fue) una serie feminista? Para muchos se trató a una ficción revolucionaria en este sentido, que construyó personajes femeninos como sujetos deseantes, más que como objeto de deseo, mujeres independientes que desde cuatro perspectivas diferentes abordaron temas que estaban implícitamente vetados del entretenimiento. Para muchos otros era un contenido que lo único que promovía eran los estereotipos y el consumismo desmedido: un grupo de mujeres que a fin de cuentas esperan conseguir el marido y el par de zapatos perfecto. De hecho, las marcas de moda están esperando el efecto de la serie en las ventas. El buscador de moda Lyst reportó que las búsquedas de las carteras baguette de Fendi (un clásico que impuso la serie) subieron un 45% después de que circulara una fotografía de Parker usando una en el back del rodaje, así como los zapatos de plataforma que usa en esta nueva versión, que escalaron un 21%.

Con el tiempo la serie original se convirtió en un culto a la moda y el estilo de vida de Nueva York. Su propia autora no lo comprende. Candace Bushnell, mujer que hace más de 25 años empezó a escribir la columna Sex and the City para el New York Observer, que se convertiría luego en el éxito literario y televisivo con su alterego, consideró que "la gente no debería basar sus vidas en un programa de televisión". De ejemplo está la relación tóxica entre Carrie y Mr. Big. El show, según su creadora, "no tuvo un mensaje muy feminista al final" pero lo contextualizó en su época. "Cuando estaba escribiendo Sex and the City en los 90s, si eras una mujer en tus 30 soltera y sin hijos, eras considerada un poco una paria", indicó a The Guardian.

En su momento la serie fue, en algún punto, revolucionaria. Las mujeres decían lo que no se animaban a decir fuera de la ficción: las que tienen sexo casual con quién quieren y cómo quieren, las que no quieren casarse o tener hijos, las que quieren ocupar espacios de poder, las que no necesitan a un hombre para ser felices (pero los usaban a conveniencia como ellos las usaban a ellas), las que no tienen la vida resuelta llegando a los 40.

El show a fin de cuentas mostraba temas y emociones reales y profundas envueltas en ropa cara, martinis y mucho sexo. También hablaba sobre el poder de la belleza en una sociedad que valora el sexo al mismo nivel que el dinero, según dijo la misma Samantha. ¿La serie tendría el mismo éxito si sus protagonistas no siguieran el canon de finales de los 90? Blancas, delgadas, elegantes. No eran modelos, queda claro desde el primer capítulo, pero no eran cualquier fulana.

Los reboots, como llaman a las nuevas versiones, intentan acompasar a sus personajes con la sensibilidad social. Sex and the City ya tuvo dos películas desde el final de la serie en 2004 con versiones que no entendieron el éxito de la serie. Películas que apuntaron a la moda y el romance para intentar capturar una audiencia menos madura. Se enfocaron en el envoltorio. 

Ahora se espera que vuelva al centro: a un guion sagaz que concentre la preocupación en los temas que preocupan a las generaciones actuales. Que retrate una ciudad como Nueva York, que en los últimos años ha sido impulsora de movimientos sociales como el Me Too, el Black Lives Matter y Fridays for Future. Que incorpore nuevos personajes que aporten diversidad a una serie principalmente blanca y heterosexual, que si mencionaba a la comunidad LGBTQI la posicionaba en el estereotipo del "amigo gay" o la trabajadora sexual transgénero. Pero la nueva serie también anunció una baja: Samantha Jones. Uno de los personajes más queridos de la historia, una mujer en sus 40 que disfrutaba de su sexualidad sin tabúes, que era exitosa en su carrera, independiente y estaba obsesionada con su imagen. Quizás una de las voces que más disonaba en aquel momento.

Sólo queda esperar para ver si Carrie, Miranda y Carlotte mantienen el magnetismo. Ver cómo se adapta la fantasía del sexo, la ciudad (y todo lo demás) después de los 50.

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