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El suicidio de un corsario

A 80 años de la batalla del Río de la Plata (III)

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01 de enero de 2020 a las 05:04

En la tarde del domingo 17 de diciembre de 1939, un día espléndido, Nacional derrotó 1 a 0 a Peñarol y lo alcanzó en la punta del Campeonato Uruguayo de fútbol (se lo ganaría meses después, en una final). Luego una multitud se dirigió desde el Estadio Centenario a la rambla y al puerto de Montevideo. 

Centenares de miles de personas, incluso llegadas del interior y de Buenos Aires, se apiñaron para ver salir de la bahía al “acorazado de bolsillo” alemán Graf Spee, según el plazo que le había concedido el gobierno uruguayo, que vencía a las 20 horas.

Esperaban ver una batalla naval en toda regla, en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, pues detrás de la isla de Flores y el banco Inglés acechaban dos cruceros británicos: el Cumberland y el Ajax, y el neozelandés Achilles.

Después de depredar como corsario durante dos meses y medio en el Atlántico y el Índico, y hundir nueve mercantes, el miércoles 13 de diciembre de 1939, al Este de La Paloma, Rocha, el Graf Spee se enfrentó a cañonazos a tres cruceros británicos. Su capitán, Hans Langsdorff, resolvió meterlo en Montevideo para realizar arreglos, enterrar 36 muertos y asistir a los heridos más graves.

Frente al Cerro

El domingo 17, unos 800 tripulantes del corsario desembarcaron o hicieron un discreto transbordo al mercante alemán Tacoma, que luego siguió al Graf Spee cuando soltó amarras a las 18:15. Después de pasar el límite marítimo internacional de tres millas (5,5 kilómetros), giró al oeste y echó anclas a un costado del canal de acceso, a 7,5 kilómetros de la costa del Cerro y punta Yeguas, en las llanas aguas del Río de la Plata.

La tripulación remanente, no más de 300 hombres, preparó la voladura de los depósitos de municiones, abrió las grandes compuertas que permitían el ingreso de agua al casco y después embarcó en dos remolcadores y una chata de una sociedad alemana de Buenos Aires. 

A las 20 horas, apenas después de la puesta del sol, el corsario fue envuelto por tres enormes explosiones. El público en Montevideo quedó asombrado, y los tripulantes de los barcos británicos, que estaban en guardia, gritaron de júbilo y alivio. No habría un combate desesperado, después de todo. 

El Graf Spee ardió tres días y se fue hundiendo por estribor hasta enterrarse parcialmente en el fondo barroso.

El capitán Langsdorff decidió sacrificar el buque para salvar a sus 1.100 tripulantes de un combate mortal e inútil, ante una fuerza británica que presumía mucho mayor, escaso de municiones y con problemas en sus motores diesel. También se aseguró de destruir por completo al Graf Spee, según la exigencia de sus mandos en Berlín, para evitar que fuese reflotado por sus enemigos, o que se recuperaran ciertas tecnologías modernas, como el control de tiro asistido por radar. 

Suicidio de Langsdorff

Esa noche los 1.100 tripulantes del Graf Spee viajaron hacia Buenos Aires a bordo de los remolcadores y la chata. Llegaron el lunes a las 10 de la mañana. 

En la noche del 19 al 20 de diciembre Langsdorff, de 45 años, quien estaba detenido en una dependencia naval bonaerense, se envolvió en la antigua bandera de la armada imperial alemana y se pegó un tiro. Dejó una nota para el embajador alemán: “Después de una larga lucha con mi conciencia he llegado a la grave decisión de hundir (el Graf Spee) para impedir que caiga en manos enemigas. Estoy convencido de que, dadas las circunstancias, esta decisión es la única posible, después de haber llevado a mi buque hasta la trampa de Montevideo. Dada la insuficiente cantidad de municiones que me queda, cualquier tentativa de abrirme camino combatiendo en mar abierto está destinada al fracaso (…). Antes de exponer mi buque al peligro de caer en manos enemigas, aún después de una batalla, he decidido no combatir (…). Dándome cuenta que esta decisión podría ser mal interpretada (…), he decidido afrontar las consecuencias. No es necesario recordar que para un comandante que tenga sentido del honor su destino personal no puede ser distinto del de su buque”.

Langsdorff fue enterrado en el cementerio de Chacarita, escoltado por sus tripulantes y muchos miembros de la colonia alemana en Buenos Aires. 

La mayor parte de la tripulación fue internada en Argentina en un régimen blando que permitió muchas fugas e, incluso, regresos a Alemania a través de navíos de la todavía neutral Italia. 

Cuarenta y cuatro tripulantes del Graf Spee y 56 del Tacoma fueron retenidos en Uruguay, en sitios como la isla de Flores, inicialmente; y luego en un campo militar cercano a Sarandí del Yi, después que Uruguay declarara simbólicamente la guerra a Alemania y Japón el 22 de febrero de 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Desfile en Londres

El comodoro inglés Henry Harwood fue ascendido a contraalmirante mientras estaba embarcado en espera del Graf Spee, y recibió el título nobiliario de caballero. Visitó Montevideo a bordo del HMS Ajax el 3 de enero de 1940. Él y la tripulación fueron tratados como héroes. Una avenida y un par de centros de enseñanza del barrio Carrasco llevan su nombre.

Los tripulantes del Exeter, el Ajax y el Achilles fueron recibidos en triunfo por una multitud durante su desfile en Londres, “para entibiar los corazones en un invierno frío y oscuro”, en palabras de Winston Churchill, entonces primer lord del Almirantazgo (ministro de Marina), quien asumiría pocos meses después como primer ministro del Reino Unido.

Los británicos discutieron mucho si valía la pena reparar el Exeter, tan dañado durante la batalla del 13 de diciembre de 1939. Al fin lo hicieron, pero fue hundido por naves japonesas en el mar de Java el 1º de marzo de 1942. 

Harwood actuó con poca fortuna como comandante en jefe de la Flota del Mediterráneo, contra italianos y alemanes, donde también sirvió largamente el HMS Ajax. El Achilles combatió en el océano Pacífico contra los japoneses y en 1948 pasó a servir en la nueva marina de la India.

Los exitosos corsarios alemanes

Adolf Hitler se enfureció con el fin del Graf Spee y ordenó que en el futuro los barcos alemanes debían luchar hasta el final, cualquiera fuese la circunstancia. 

“El almirantazgo alemán no descansará hasta poder reivindicarse”, advirtió Winston Churchill.

Antiguos tripulantes del Graf Spee y del Tacoma, internados en Uruguay en 1940

El Deutschland, que había salido de piratería junto a su gemelo Graf Spee, pudo regresar a Alemania el 17 de noviembre de 1939, después de una poco exitosa temporada en el Atlántico norte.

El tercer “acorazado de bolsillo”, el Admiral Scheer, salió de caza por el Atlántico y el Índico entre 1940 y 1941, y hundió o capturó 17 barcos. Se convirtió así en uno de los más exitosos corsarios alemanes de la guerra, sólo opacado por los increíbles mercantes artillados Pinguin (con 28 víctimas), Atlantis, Kormoran o Thor. 

El Admiral Scheer y el Deutschland, que se rebautizó Lützow (para evitar el riesgo de hundimiento de un barco que llevaba el nombre de Alemania), fueron destruidos en puertos alemanes por bombarderos de la Royal Air Force (Royal Air Force) en 1945, sobre el final de la guerra.

El Tacoma, que asistió al Graf Spee en Montevideo, fue internado por las autoridades uruguayas. Luego, en marzo de 1942, fue requisado como resarcimiento por los mercantes uruguayos hundidos por submarinos alemanes. Sirvió en la marina mercante nacional hasta 1968. A partir de agosto de 1973, fondeado en la bahía de Montevideo, se usó como cárcel y fue desguazado en 1985.

El incidente del Altmark

El Altmark, un mercante nuevo y casi sin armas que sirvió de apoyo del Graf Spee, quedó navegando lentamente, entre el nordeste de Brasil y África, en espera de los sucesos de Montevideo.

Se ocultó con habilidad durante dos meses y luego inició el peligroso regreso a Alemania, llevando unos 300 marinos británicos y de otras nacionalidades capturados durante el corso del Graf Spee.

El reconocimiento aéreo de la RAF lo identificó el 14 de febrero de 1940 mientras navegaba sobre la costa de Noruega, entonces un país neutral. Dos días después el Altmark fue abordado por un grupo de marinos británicos fuertemente armados, provenientes del destructor HMS Cossack. 

Tras una lucha cuerpo a cuerpo, que derivó en la muerte de siete alemanes, los británicos rescataron a los 300 prisioneros del Altmark. Luego, en medio de las protestas de los noruegos, quienes temían las iras de sus dos poderosos vecinos en guerra, los británicos dejaron que el mercante continuara viaje a Alemania.

El incidente del Altmark terminó de convencer al führer alemán Adolf Hitler que debía invadir Noruega, antes que lo hicieran los aliados, para proteger su flanco norte y el suministro de hierro desde Suecia. Alemania efectivamente ocupó Dinamarca y Noruega a partir de abril de 1940, poco antes de atacar a Francia.

El Altmark, rebautizado Uckermark, continuó como buque de abastecimientos para naves de guerra alemanas. Se hundió el 30 de noviembre de 1942 en Yokohama, Japón, después que provocara una gran explosión mientras proveía de combustible al corsario Thor, que también naufragó junto a otros buques.

Rescate de piezas

Dos buzos británicos se ahogaron en 1941 al inspeccionar el pecio del Graf Spee, en tanto 16 operarios de una grúa, que extraía equipos y materiales, murieron durante una tormenta en enero de 1943.

En febrero de 2004 fue extraído su telémetro, un instrumento óptico para medir la distancia del blanco y ajustar el tiro, de 27 toneladas de peso y dos brazos que suman 10,5 metros de ancho. La operación fue liderada por el buzo Héctor Bado, el capitán de navío Alberto Braida y los empresarios Alfredo y Felipe Etchegaray.

En la actualidad la distancia al blanco naval, terrestre o aéreo, se calcula por láser. Pero en 1939 el gran telémetro óptico (asistido por un primitivo radar), que ahora se exhibe en el puerto de Montevideo, era una de las joyas tecnológicas del Graf Spee.

Bado también rescató en 1997 una de las ocho piezas de 150 mm de la artillería secundaria del panzerschiff, que se conserva en el Museo Naval, en la rambla de Montevideo y la avenida Luis Alberto de Herrera.

Y en febrero de 2006, Bado y su equipo lograron quitar de la popa del Graf Spee, a unos 15 metros de profundidad, dentro del barro, una gran águila de bronce, de más de 300 kilos de peso, que lleva en sus garras una corona de laurel con una cruz esvástica.

El Estado uruguayo, al que corresponde por ley una parte de las piezas extraídas, impidió el remate del telémetro y del emblema de popa. En junio de 2019, después de un largo litigio, la justicia uruguaya ordenó al Ministerio de Defensa y a la Prefectura Naval a disponer el remate del águila y del telémetro, y compartir el 50% de lo obtenido con los Etchegaray y con los sucesores del buzo Héctor Bado, quien murió en Miami el 2 de enero de 2017, víctima de un cáncer.

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