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El valiente y arriesgado portazo de Daniel Martínez a Mujica

La renovación en la izquierda y tres generaciones que empujan por su lugar

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10 de noviembre de 2018 a las 05:04

El consejo se lo dio un exdirigente socialista, hoy dedicado a la actividad privada, a un joven jerarca que milita en el Partido Socialista, durante  una cena que compartía con varias personas. “Ustedes tienen que aprovechar y liquidarlos”, le dijo. “No hagan como nosotros”, insistió. 
La recomendación al dirigente, apenas treintañero, era clara: las nuevas generaciones no pueden quedarse esperando que los políticos más viejos, esos que tienen el mango de la sartén agarrada gracias a muchos años de éxitos electorales, se retiren por sí solos. Tienen que empujar para sacarlos, les dijo. Y eso solo es posible con política, pero con determinación. 

El exdirigente se lamentaba que su generación, personas de entre 50 y 60 años, no haya presionado 15 o 20 años atrás para desplazar a Reynaldo Gargano del liderazgo partidario. “No cometan los mismos errores que nosotros”.

Pero eso no solo le pasó a los socialistas. Ninguno de los sectores del Frente Amplio pudo “matar” (en términos políticos) a las generaciones de más arriba. El éxito electoral, la consecución de tres gobiernos seguidos y la intención de los  más viejos por seguir militando “hasta el cajón”, como alguna vez declaró José Mujica, fueron los tapones más eficaces contra el recambio.
Pero no solo. Nunca hubo alternativas fuertes que los enfrentaran dispuestos a derrotarlos políticamente. Siempre les tuvieron respeto –cosa que es lógica porque les aseguraban el éxito– y hasta miedo.

Tanto es así que la primera figura de “renovación” que tiene para ofrecer el Frente Amplio es Daniel Martínez, un político de 61 años que al tratar de crecer por la vía tradicional de los acuerdos bendecidos por los líderes mayores fracasó y se enterró de cabeza.
En 2009, cuando intentó ser candidato a la Intendencia de Montevideo, un acuerdo de sus mayores lo liquidó y le impidió competir. El Frente Amplio decidió ir con candidato único y que ese rol lo cumpliera Ana Olivera.
Ese revolcón, pero sobre todo su recomposición, es lo que le permitió olvidarse de perseguir el apoyo de los líderes para crecer. Lo empujó a tener menos temor para enfrentarlos.

Cinco años después se presentó a la intendencia y le ganó a Lucía Topolansky.
El hecho de no estar apalancado por ninguno de “los viejos”, como les llaman en la interna del FA a Mujica, Danilo Astori y Tabaré Vázquez, le ha dado otras libertades.

Por ejemplo, no fue condicionado cuando armó su gabinete municipal por cuotas políticas o por compromisos por acuerdos de terceros.
Con esa libertad Martínez logró transformarse en el líder con mayor aprobación y proyección dentro del partido de gobierno para las elecciones presidenciales del año que viene.

En la orgánica fue ganando apoyos de sectores pequeños y  recogió el respaldo de otros que ideológicamente son como el agua y aceite. Tanto para las municipales del 2015 como para las elecciones que se aproximan ya cuenta con el apoyo de Astori y Constanza Moreira. 
Pero en las últimas dos semanas Martínez dio un paso más en la lógica de separación. Cuando, después de marear, jugar con nombres y despistar a varios, Mujica parecía encaminarse a apoyarlo –y a la vez intentar condicionarlo en algunas cosas– Martínez le cerró la puerta en la cara. Fue en términos muy políticos, sin virulencia. Pero el mensaje fue claro: no quiero contar contigo y prefiero marcar mi fuerza propia.
El intendente de Montevideo no aceptó tener que negociar acuerdos  a futuro para ser candidato. Y tampoco quiso que un “acuerdo” lo deje como candidato único, algo que él mismo sufrió 10 años atrás.

Fue una actitud valiente. De las que no estamos acostumbrados a ver en la política uruguaya y especialmente en el FA, donde difícilmente alguien quiera tener de enemigo interno a una de las vacas sagradas. 

Pero así como fue valiente, también es arriesgada. Porque otra de las grandes razones por las que muchos no quieren romper con esas vacas sagradas es que al mismo tiempo son “vacas lecheras”. Mujica es aún el político que más votos arrastra. Y por más que no sea presidenciable, en 2019 probablemente consiga un importante caudal electoral. Si Martínez quiere ganar, y luego gobernar, va a necesitar del expresidente y su bancada.


¿Y hacia abajo?
 

Seguramente porque él sufrió ese freno al crecimiento de los mayores, cuando armó su equipo –y su lista– para la Intendencia de Montevideo, Martínez dio mucho lugar a la renovación.

En momentos en que se aproxima su renuncia, los perfilismos afloran y la actitud de varios de esos jerarcas de la línea sucesoria, de entre 30 y 40 años y con agenda propia, le plantean un desafío. ¿Los taponea y les impone su visión o los deja crecer libremente? Los recambios generacionales siempre generan ruido y plantean contradicciones como estas. El que buscaba su lugar empujando a los de arriba, ahora siente el aliento de los de abajo.

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