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Daryna Butryk y Chepe Irisity en Julio, felices por siempre

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Julio, felices por siempre: entre Uruguay y EEUU, una comedia romántica apuesta a recuperar el gusto por el género y la risa

Julio, felices por siempre es la primera película del realizador Juan Manuel Solé y se puede ver en cines uruguayos

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02 de noviembre de 2022 a las 05:04

Juan Manuel Solé dice que lo hizo: que se metió —en ocasiones de incógnito— en algunas de las salas donde están proyectando Julio, felices por siempre, su primera película, y que lo comprobó. “Escucho a la gente reírse espontáneamente —asegura—. La risa te delata si estás disfrutando la película o no”. 

Se puede confiar en lo que dice Solé. El primer largometraje del realizador uruguayo es una comedia romántica que se enmarca dentro de los códigos que ya son marca registrada del género, pero al mismo tiempo le busca un reverso nacional y una idea que se repite: la de los amores y desamores de una generación criada a base de Disney y padres divorciados. La película tiene, en ese sentido, todos los condimentos indicados para despertar lo que menciona Solé: la risa automática.

Julio, felices por siempre, que actualmente se puede ver en salas de Montevideo, pone en escena al treintañero del título, un joven que transita la vida sentimental entre tropezones y engaños, y al que su costado más romanticón e inocente suele jugarle malas pasadas. Las parejas van y vienen, su corazón se rompe un día sí y el otro también, hasta que en medio de una jornada laboral que lo encuentra como guía en Colonia del Sacramento conoce a Claire, una turista estadounidense. Julio, por supuesto, queda flechado. Y, después de una jornada entre chistes a costa de sus respectivos países de origen y algunas cuantas cervezas, ella medio que también. 

A partir de allí empieza una historia de amor que tendrá varios obstáculos y donde la distancia entre Estados Unidos y Uruguay será lo de menos. Antes, quizás, Julio debe solucionar la raigambre “bolche” que él mismo identifica en su familia y que, probablemente, complicará sus sueños de amor al imperio, entre otras sorpresas que le depara el camino de su relación.

Esta película está arraigada emocionalmente a los 90 —cuenta Solé—. Yo me crié y crecí con Hugh Grant, Julia Roberts y las películas clásicas de esas parejas de actores que pasaban de una historia a la otra. Es un vínculo que parte desde la inocencia, y eso la película creo que lo transmite. Se trató de rescatar un género que además tiene mucho que ver con el cine clásico de Hollywood, algo que tuve muy presente en mi infancia, ese cine que genera algo cálido, que escapa al ultrarealismo y de la tortura constante de que hay que ser realistas, densos y denunciantes.”

Julio, felices por siempre está en cines

En ese sentido, Solé reconoce que de un tiempo a esta parte han sido varias las películas nacionales que han experimentado con el humor de forma total y abrazándolo como concepto disparador. Si bien el cine uruguayo ha estado salpicado de pasos de comedia desde sus comienzos modernos —¿hay alguien que no se ría, al menos una vez, con 25 watts?—, en los últimos años la sucesión de obras que lo ponen sobre la mesa sin tapujos ni pruritos ha crecido. Desde La teoría de los vidrios rotos a Mateína, Solé se siente parte de una intención creativa que empieza a ser recurrente. En su caso, la novedad es que las risas vienen de la mano del amor.

Creo que entramos de lleno a explorar algo distinto dentro de la cinematografía uruguaya, pero también distinto a lo que se está filmando ahora en general, porque no hay tantas comedias románticas. Pero en cuanto a la comedia, si nos ponemos a nombrar cada vez encontramos más y creo que es algo que pide el cine y también la televisión. En la ficción, más allá de aquellos comediantes históricos de Plop o Decalegrón, no tenemos una gran tradición de humor audiovisual. Sí del radial, del carnaval, pero el humor cinematográfico es tan joven como nuestra industria. Nosotros nos estamos permitiendo probar. Apostamos a muchas capas de humor. Trabajamos en base a los diálogos, que es algo que me sale de manera natural, pero más racionalmente lo buscamos hasta en los subtítulos, o de forma visual”, explica.

La búsqueda se nota en el resultado final. Julio, felices por siempre quiere arrancar risas a partir de conversaciones veloces algo allenescas, pero también de situaciones absurdas donde los sueños se cuelan en el mundo real, y que permiten hasta despliegues musicales callejeros.

“Como guionista, el juego con los diálogos me sale de manera espontánea; como director, al desarrollo visual le tengo que poner más cabeza. La apuesta es hacer humor, pero que sea orgánico dentro del drama que están viviendo los personajes. En definitiva, Julio está en crisis. Es la base de toda comedia: personajes en crisis con problemas humanos. Este personaje, en busca del amor, afronta problemas laborales, de pareja, de familia, y eso se tiene que volcar orgánicamente a los diálogos.”

Interpretado por Chepe Irisity, Julio gana buena parte del partido en sus primeras intervenciones. Es un personaje inseguro, que por momentos puede ser insoportablemente indeciso, pero que al final resulta entrañable. Es difícil no ponerse de su parte y encariñarse. La relación con Claire tiene que salir bien. Debería salir bien. 

Chepe Irisity es Julio

“En la comedia romántica, los protagonistas tienen que funcionar para el espectador y también como pareja. Y encontrar dos personas que funcionen a ese nivel, al mismo tiempo, no es tan fácil. Chepe logra una identificación inmediata con el público y eso no es algo transmisible, no es algo que te enseñen en la EMAD, así que tenía muy resuelto que él tenía que ser Julio. La cuestión era encontrar a la otra parte de la relación. En algún momento manejamos la posibilidad de buscar a alguien de habla inglesa nativa, y terminamos resolviendo por Daryna Butryk, que es una actriz ucraniana que vive en Argentina desde hace muchos años. Hicimos unas pruebas de cámara y funcionó. Se sintió que entre ambos había un vínculo. Se sintió la historia de amor, que esos personajes estaban viviendo el punto más alto del enamoramiento”, comenta Solé.

El legado y el retorno

El realizador no puede pensar en Julio, felices por siempre sin pensar en sus influencias directas, aquellas películas que formaron su educación sentimental y que impulsaron su confianza —y en algún punto amor— por el género de la comedia romántica. ¿Los títulos? Es una lista larga. Se puede empezar por Cuando Harry conoció a Sally y seguir hasta Annie Hall.

Cuando Harry conoció a Sally es una película de referencia, me encanta. Y el cine de Woody Allen creo que nos marca a todos los que hacemos comedia de alguna u otra manera. Aunque no lo quieras, te llega su influencia. Annie Hall también es otra referencia; en esa película, y en tantas otras, Allen encontró algo que evidentemente funciona, que nos mueve y llega. Los actores también aportaron en el rodaje a Notting Hill, que no la tenía tanto en la cabeza a la hora de pensar esta película, pero me sirvió a la hora de construir la historia romántica. También para encontrar una honestidad más llana, más simple, para sacarme la pretensión de querer cambiarle la vida a alguien y dejar que simplemente se disfrute la película y se rían. Y después, por supuesto, el mundo Disney. Pero un mundo Disney uruguayo, medio que así nomás”.

Se ha dicho que la comedia romántica como se la entendía en los 90 y principios de los 2000 encontró una suerte de punto muerto. Aquellas historias hoy se han transformado en otro tipo de acercamientos al género, pero a pesar de los cambios y las actualizaciones, Solé está convencido de que la forma de abordar a las relaciones humanas a partir del humor sigue vigente. 

Así concluye: "Es poco probable que la humanidad no sienta alguna vez la necesidad de volver a creer en el amor. Y muchas veces tiene que ver con que es una respuesta social. El cine suele ser una respuesta a lo que se está viviendo y a veces a impulsos contrarios. Quienes crecimos en los 80 y 90 con esas películas hoy somos seguramente la parte productiva motora más grande del planeta. Es normal que agarremos cosas de las que tenemos nostalgia y hagamos un esfuerzo espontáneo por traerlas de vuelta y hacerlas encajar en nuestro presente”.

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