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Germán Hornos, el goleador al que la vida lo golpeó dos veces

Primero sufrió un accidente automovilístico cuando comenzaba su carrera en Europa, después el robo de un dinero que le pagó Sevilla; hoy vive en Montevideo de sus negocios inmobiliarios

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09 de mayo de 2020 a las 05:03

Real Valladolid, el club que Germán Hornos defendía a préstamo del Sevilla en 2004, lo autorizó a pasar la Navidad con su familia en Durazno. El 24 de diciembre de aquel año llegó a Uruguay después de un largo viaje, con vuelos perdidos en Madrid, durmiendo poco y cansado. Aún así, el mismo día salió a bailar con sus amigos. El padre le aconsejó que no llevara el auto, pero no le hizo caso. “A los 22 años, con todas las lucecitas en la cabeza, me llevaba el mundo por delante”, recordó a Referí. Aquella noche perdió el control del automóvi, dio un par de vueltas y se estrelló contra un árbol. Sufrió hundimiento de cráneo y de tórax, entre otras lesiones. Cuando despertó estaba internado en la Asociación Española y su vida en serio riesgo a raíz de las lesiones cerebrales.

Lo siguiente que rememora Germán, hoy con 37 años, es el emotivo saludo de los hinchas del Valladolid en el estadio Zorrilla. Lo recibieron con banderas, pancartas, con aplausos. Pesaba 10 kilos menos que un mes y medio antes, estaba pelado y con cicatrices por todos lados. Él saludaba y pensaba: “¿Qué hago acá? No sabía ni lo que estaba viviendo”. 

La recuperación fue ardua. Un sufrimiento diario de piscina, ejercicios de coordinación, de equilibrio, resonancias, exámenes de la vista. “Buscaba algo que no sabía ni que era, porque hacía unos días yo era uno de los delanteros del Valladolid, tenía que estar en la cancha y estaba viviendo eso”.

Todo pasó tan rápido. En 2002, con apenas 20 años, debutó en el primer equipo de Fénix y marcó 25 goles en el Campeonato Uruguayo. Hizo más que el Chengue Morales en Nacional y que Miliki Giménez en Peñarol. Polilla Da Silva lo convocó a la selección para un amistoso contra Venezuela. En el primer semestre de 2003 sumó otros 15 goles en el Apertura y tres en la Libertadores. Era la sensación de un equipo sensación: el Fénix de Carrasco. Así que en junio lo contrató el Sevilla y firmó un contrato por cinco años. 

“Fue una emoción increíble firmar con Darío Silva al lado y llegar a ese súper profesionalismo. Yo era un guacho, en Fénix ganaba dos pesos y te pagaban si tenían ganas. Ni siquiera estaba valorado. Si uno jugara con el diario del lunes sería diferente. Cuando llegué a Fénix vivíamos cuatro en una habitación en la sede y nos acostumbrábamos a eso. A fines de 2002 vinieron a verme de Independiente y los dueños de Fénix les dijeron que no. Uno ni siquiera podía decidir”, contó el exdelantero.

En la temporada 2003/2004 jugó poco en Sevilla. Tenía adelante a Darío Silva y a Julio Baptista. “Yo esperaba que el equipo necesitara otro delantero para jugar. Darío era el titular y yo lo miraba mucho. Aprendí de él, me parecía un jugador muy completo. Como también de Forlán, Recoba, Chevantón y Zalayeta, con los que compartí la selección”. 

De mayo de 2003 a marzo de 2004 fue integrante del plantel celeste que condujo Carrasco. Ingresó de titular en aquel encuentro que Venezuela ganó 3-0 en el Centenario por las Eliminatorias para el Mundial de 2006: “Fue tremendo ese partido. Habíamos hecho fútbol unos días antes, donde Carrasco paró el equipo titular y volamos. Salió fantástico, pero nos agarraron ese día y nos dieron vuelta. Ahí se terminó el ciclo de Carrasco y de varios”. Enseguida asumió Jorge Fossati, y Hornos no volvió a la selección. “Nunca me dieron motivos”, acotó.

En Valladolid Germán recuperó el ritmo de goles y el equipo se encaminaba a Primera división cuando ocurrió el accidente. Un año después recibió el alta firmada por un médico de Barcelona. “Viajé con mi padre para ver un doctor que me recomendaron. Me dijo que no tenía nada que ver con el fútbol, que no sabía ni quien era yo, pero que si sentía un mareo dentro de la cancha no jugara más; y me la firmó”. 

Retornó a las canchas a principios de 2006, pero no fue igual. Aunque no le habían quedado secuelas importantes, el retorno resultó demasiado pronto y su cabeza estaba en otro lado. Aquel golpe le cambió la forma de ser y empezó a valorar otras cosas.

A mediados de 2006 regresó al Sevilla y comenzó una cadena de préstamos hasta 2008, cuando terminó su vinculación con el club español: Bella Vista, River Plate, Central Español y Tacuarembó. “Terminé de jugar en Durazno, en la B. El tema es que cuando volvés de Europa y agarrás la bajada, es muy difícil levantarte. Cada cuadro o cada realidad es distinta, en Central me avisaron que no me renovaban el último día del período de pases y en Tacuarembó no me pagaban. Tenía que asumir que mi carrera ya había sido y afrontarlo”.

Los años siguientes fueron tan o más duros. Le esperaba un golpe que considera más fuerte que el accidente. Se recibió de entrenador, pero nunca tuvo la oportunidad de dirigir. Hoy manifiesta que lo retiraron del fútbol y cree conocer los motivos.

“Sevilla me pagó un dinero, pero un prestamista metió la mano en los cheques y con él mucha gente atrás. Me hicieron una tramoya, con mi familia tomamos la decisión de hacer la denuncia y una de las consecuencias fue que las puertas del fútbol se me cerraron. Un equipo de Chile y otro de la B de Argentina se interesaron en mi y los pases se cayeron. Estuve un mes haciendo la pretemporada en Turín con Arles Avignon de Francia y me dijeron que no iban a contar conmigo, y eso que solo había ido a correr. Pasaban cosas, todo iba cada vez peor. Nos llevó muchos años poner las cosas en su lugar”, señaló.

Al final, después de un juicio que tardó varios años, recuperó un 80% de su dinero. Invirtió en propiedades y actualmente vive en Montevideo del alquiler, la compra y la venta de inmuebles. Dice que vive feliz, independiente de todos, menos de su compañera Pilar y de su pequeña hija Río.

Todas las semanas se saca las ganas jugando al fútbol de salón con amigos exjugadores, como Gabriel Alvez, Martín Rivas, Karim Adippe, Sebastián Cessio. También participó de un campeonato senior con Huracán Buceo y como no podía ser de otra forma, resultó goleador.

Cuando juega el Borussia Dortmund en su casa no vuela una mosca, pero no le gusta el fútbol uruguayo. No banca ni a los relatores de la televisión. “No me motiva, cambió mucho. Antes no llegaba cualquiera a jugar en un equipo grande, ahora es mucho más fácil”.

Durante esta cuarentena miró  la serie de televisión Un Juego de Caballeros y rescató una frase que Kinnaird le dijo a Suter: “El peor rival de un futbolista es una vida inestable”.

“Es tal cual”, subrayó.

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