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Hambre de cambio: una carta abierta a los gobiernos de América Latina

Carta de la lectora Agnes Kalibata                                    

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18 de enero de 2021 a las 05:00

Por Agnes Kalibata, enviada especial a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de 2021

En 2020, el mundo entero supo lo que era tener hambre. Millones de personas se quedaron sin comida suficiente, y los más desesperados se enfrentan ahora a la inanición. Al mismo tiempo, el aislamiento adquirió un nuevo significado, en el que las personas solas y en lugares más remotos fueron privadas de contacto humano cuando más lo necesitaban, mientras que las numerosas víctimas del Covid-19 se quedaron sin aire. Para todos nosotros, la experiencia humana estuvo muy lejos de satisfacer, incluso, las necesidades más básicas.

La pandemia ha proporcionado una muestra de un futuro en los límites de la existencia, en el que la gente está desamparada, los gobiernos están bloqueados y las economías se debilitan. Pero también ha alimentado un apetito mundial de cambio sin precedentes para evitar que esto se convierta en nuestra realidad a largo plazo.

A pesar de todos los obstáculos y desafíos que afrontamos en las semanas y los meses venideros, comienzo el año 2021 con un grandísimo optimismo y espero que el gruñido de nuestros estómagos y el anhelo de nuestros corazones puedan convertirse en el rugido colectivo del desafío, de la determinación y de la revolución para que este año sea mejor que el anterior y el futuro más brillante que el pasado.

Empieza por la comida, la forma más primitiva de sustento. La comida es lo que determina la salud y las perspectivas de más de 420 millones de personas en toda América Latina, cifra que sigue aumentando. La comida es lo que da empleo a unos 55 millones de personas en todo el continente solo en agricultura y lo que ofrece la promesa de crecimiento y desarrollo económico. Y la comida es lo que, según hemos aprendido, influye en nuestros propios ecosistemas, hasta el aire que respiramos, el agua que bebemos, y el clima que disfrutamos, llueva o haga sol.

Incluso antes de la pandemia, el año 2021 estaba destinado a ser un «súper año» para la alimentación, un año en el que la producción, el consumo y la eliminación de los alimentos recibían finalmente la atención mundial necesaria al convocar las Naciones Unidas la primera Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios del mundo. Pero con dos años de progreso ahora comprimidos en los próximos 12 meses, el 2021 adquiere un significado renovado.

Después de un año de parálisis mundial, causada por la conmoción del Covid-19, debemos canalizar nuestras ansiedades, nuestro temor, nuestra hambre y, sobre todo, nuestras energías en la acción, y despertar al hecho de que transformando los sistemas alimentarios para que sean más sanos, más sostenibles e inclusivos, podemos recuperarnos de la pandemia y limitar el impacto de las futuras crisis.

El cambio que necesitamos requerirá que todos pensemos y actuemos de manera diferente porque todos y cada uno tenemos un interés y un papel que desempeñar en el funcionamiento de los sistemas alimentarios. Pero ahora, más que nunca, debemos mirar a nuestros líderes nacionales para trazar el camino a seguir uniendo a los agricultores, productores, científicos, transportistas, vendedores y consumidores, escuchando sus dificultades y puntos de vista, y comprometiéndonos a mejorar cada aspecto del sistema alimentario para el mejoramiento de todos ellos.

Los encargados de la formulación de políticas deben escuchar a los millones de pequeños agricultores y comunidades indígenas de América Latina como custodios de los recursos que producen nuestros alimentos, y concordar sus necesidades y desafíos con las perspectivas de los ecologistas y empresarios, los cocineros y propietarios de restaurantes, los médicos y nutricionistas para desarrollar compromisos nacionales.

Entramos en 2021 con viento en popa. Más de 50 países, incluidos siete de América Latina, se han unido a la Unión Europea y a la Unión Africana para participar en la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios con sus cinco fundamentos prioritarios o Vías de Acción, que abarcan la nutrición, la pobreza, el cambio climático, la resiliencia y la sostenibilidad. Y más de dos docenas de países han nombrado a un coordinador nacional para que organice una serie de diálogos a nivel nacional en los próximos meses, proceso que servirá de base para la Cumbre y que establecerá el programa del Decenio de Acción hasta 2030.

Pero esto es solo el comienzo. Con la mayor urgencia, hago un llamamiento a todos los Estados miembros de las Naciones Unidas para que se unan a este movimiento global en pro de un futuro mejor y más satisfactorio, empezando por la transformación de los sistemas alimentarios. Insto a los gobiernos a que proporcionen la plataforma que abra una conversación y guíe a los países hacia un cambio tangible y concreto. Y animo a todos los que sientan inquietud en sus entrañas para que participen en el proceso de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de este año y comiencen a recorrer el camino de la transición hacia sistemas alimentarios más inclusivos y sostenibles.

La Cumbre es una «cumbre del pueblo» para todos, y su éxito depende de que todos en todas partes se involucren participando en las encuestas de las Vías de Acción, uniéndose vía web a la Comunidad de la Cumbre e inscribiéndose para convertirse en Héroes de los Sistemas Alimentarios comprometidos a mejorar los sistemas alimentarios en sus propias comunidades y circunscripciones.

Demasiadas veces decimos que es hora de actuar y marcar una diferencia y, luego, seguimos igual que antes. Pero sería imperdonable que se permitiera al mundo olvidar las lecciones de la pandemia en nuestra desesperación por volver a una vida normal. Todo lo escrito en la pared sugiere que nuestros sistemas alimentarios necesitan una reforma ya. La humanidad siente hambre de cambio. Es hora de saciar nuestro apetito.

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