29 de julio de 2022 18:05 hs

Hay gestos que valen más que mil palabras. La visita de un presidente a la sede partidaria de la oposición está cargada de simbolismo político. El recuerdo más cercano ocurrió hace 15 años cuando Tabaré Vázquez en su primera presidencia visitó la casa del Partido Nacional, como contaron en esta nota de Martin Tocar y Santiago Soravilla. Y más allá de semiótica, la intención del presidente al acercarse a la casona de Colonia y Ejido fue pasar el mensaje, con gestos y palabras, sobre la necesidad de que el sistema político esté unido para enfrentar una reforma dolorosa pero necesaria como lo es la de la seguridad social.

Con la presentación del proyecto, que primero entregó a sus socios de la coalición y luego al Frente Amplio, Lacalle está concretando una promesa de campaña en la que estuvo de acuerdo toda la coalición, un tema de esos por los que vela personalmente y que además es una necesidad del país.

El dato que se conoció días atrás de que para 2100 la ONU prevé un millón de uruguayos menos, es alarmante y suficiente para entender que es el momento de tomar decisiones sobre el sistema previsional. Como señalaba esta nota de Tomer Urwicz, los pocos nacimientos que se registran y un saldo migratorio que tiende a cero —porque los que llegan se compensan con los que se van— contribuyen a un inevitable descenso de la población.

También es un tema que la mitad de la población considera urgente y ocho de cada diez considera necesario, como señaló una encuesta de Cifra presentada semanas atrás. Puntualizaba la medición que entre quienes votaron a la coalición el 48% la considera urgente, frente a un 44 % de votantes del FA. (La muestra se tomó por teléfonos fijos y celulares a 806 personas de todo el país, entre el  17 y el 25 de mayo de 2022).

Primero la pandemia, y luego la LUC demoraron la concreción, al punto que se llegó a pensar que podía quedar postergado sin salir de la comisión que estudió el tema. Sin embargo, el presidente decidió ir.

Como ha quedado demostrado en otras oportunidades la incidencia directa del presidente en los temas grandes de su gobierno le ha traído resultados. Así pasó en la campaña por el referéndum por la LUC, en que salió en cuentagotas pero a último momento decidió jugársela y hacer campaña fuerte y logró mantener la ley con reformas que consideraba sustanciales de su gobierno. Así logró también concretar y apurar la vacunación contra el covid-19 después de que parecía que el país iba a quedar relegado en la campaña mundial.

Pero en este caso se enfrenta a una tarea mucho más titánica. Se trata de un tema que tiene ribetes filosóficos para la izquierda, por lo que implica modificar, y de un tema de campaña, donde entran en juego los cálculos electorales, también en el seno de la propia coalición ya que se toca a todas las cajas, incluida la militar, y habrá afectación para todos los grupos.

Camilo dos Santos Lacalle Pou es recibido por Fernando Pereira en la sede del FA

A la salida de la reunión con el Frente Amplio, Lacalle (que es obsesivo por los números) dijo que le quedan 946 días de gobierno. Son los días que le quedan al sistema político para tomar una definición sobre el asunto.

La propuesta y las primeras reacciones

En resumen, el anteproyecto elaborado por el gobierno con el asesoramiento del especialista en seguridad social Rodolfo Saldain, eleva a 65 años la edad de jubilación mínima aunque no abarca a todos los trabajadores: los rurales y los de la construcción tendrán una excepción y no subirán. Comienza en 2027 y se incrementa de forma gradual hasta 2035.

La edad de jubilación se modificará a partir de los nacidos en 1967. A su vez, da un período de 20 años para que todas las cajas converjan hacia un sistema único diseñado sobre la base del “principio de igualdad”. Aquellos trabajos que están en una lista de "actividades bonificadas" mantendrán los beneficios de cómputo, aunque se creará una comisión técnica para estudiar los cambios. Sobre las AFAP prevé licitar el seguro y la administración de las cuentas de los nuevos trabajadores entre las cuatro empresas.

Saldain, que fue el primero en salir a defender la propuesta, dijo en Búsqueda esta semana que el momento de hacer la reforma es ahora, que “se la puede hacer pausadamente con muy poco impacto en las personas que están cerca o ninguno, y con un efecto de diez años en adelante”, porque luego “con el agua al cuello, lo que hay que hacer es un salvataje”.

Además dijo que es una “reforma con alto contenido social”, que no busca “equilibrar los números, de hecho los números no son equilibrables”. Defendió el aumento de la edad con un ejemplo gráfico: “Si después de los 60 vivimos entre 20 y 25 años no podemos estar jubilándonos con 30 años de aporte porque el tamaño de la mochila de los niños que están en la escuela, que ya es enorme, va a ser gigantesco”.

Los líderes de la coalición, que fueron los primeros en conocer el proyecto, no se han pronunciado sobre el contenido aunque han expresado apoyo en general a la reforma basados en, como dijo el expresidente y líder colorado Julio Sanguinetti, que es un tema “ético-político”.

Al finalizar la reunión de este viernes en la sede del FA Pereira dijo que el tema es prioritario para su fuerza política y será analizado en el Parlamento, aunque hubieran preferido que  se discutiera en un ámbito de “diálogo social”.

Habrá que ver la postura que toma el PIT-CNT que inicialmente había anunciado movilizaciones sin conocer el texto. Ya se sabe que los temas más sensibles serán el aumento de la edad de retiro, la solución para algunas cajas como la militar o la profesional, y el tema de la AFAP al que la izquierda ha sido contrario aunque en los 15 años de gobierno las ha legitimado.

Si se piensa usando el tan despreciado sentido común sería bueno para todos salir de este tema, incluso para el FA, que si vuelve al poder en las próximas elecciones tendrá un problema menos que administrar. La oposición puede dar apoyo al proyecto en general, discutir algunos artículos que luego podrán ser modificados pero mostrar voluntad e interés en solucionar un problema enorme que tenemos por delante.

Pero como decía mi amigo y maestro Claudio Romanoff, “la coherencia no es una virtud”. El año 2024 está demasiado cerca y los cálculos electorales aparecen. Es por eso que puede pasar cualquier cosa dentro y fuera de la coalición.

Sacar este proyecto sin duda puede tener costo político en las próximas elecciones pero no hacerlo también puede tener un precio a pagar. La pelota ahora está en los parlamentarios de todos los partidos. El reloj de arena no se detiene.

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