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La baja del déficit en octubre, una burla cruel

El efecto cincuentones reduce el problema fiscal en los papeles, pero refuerza el desafío de la próxima administración para reformar la seguridad social y evitar la pérdida del grado inversor

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01 de diciembre de 2018 a las 05:01

La contabilidad parece burlarse de los críticos a la reforma de los cincuentones, incluido el equipo económico. El pasaje de uruguayos de AFAP al BPS generó una reducción de gastos y un aumento de los ingresos del Estado, aunque sean recursos que no se puedan asignar más que a pagar, en un futuro, la jubilación de los cincuentones. La situación sigue estando tan complicada como hace un mes, pero ahora los números son otros. Es una burla cruel, porque la solución que se dio al problema de los cincuentones es un parche que en el largo plazo, lejos de aliviar la cuestión fiscal, genera costos adicionales y complica aun más la sostenibilidad del régimen.

Si no fuera por la reforma introducida a fines del año pasado, el déficit fiscal a octubre habría sido equivalente a 3,9% del PIB, en línea con el dato a setiembre que cerró en ese mismo nivel. Pero el número que divulgó este viernes el MEF, de 2,9%,  estuvo muy debajo de esa cifra. No hay magia ni manipulación contable. Los manuales internacionales de contabilidad pública del FMI establecen que un fondo como el de los cincuentones debe registrarse de esa manera y punto. 

 

Pero este cambio no tiene efectos reales. Porque los ingresos que recibe el Estado y la baja del gasto deberán volcarse sí o sí al fondo que pagará la jubilación de los cincuentones. Y ese fondo, tarde o temprano, se quedará corto, por lo cual generará un gasto adicional que deberá cubrir la sociedad uruguaya a través de sus impuestos.


El alivio fiscal que hoy muestran los papeles no es tal. Quizás le sirva a alguna voz aislada del oficialismo para mostrar durante la campaña una mejora de la situación fiscal que nunca fue. Pero serán afirmaciones que no resistirán la más mínima seriedad en el análisis.

No hay miras de un alivio genuino en las cuentas públicas. La mediana de los analistas que participaron en la última Encuesta de Expectativas de El Observador, esperan que termine tanto este como el próximo año en 4% del PIB.

Uruguay hoy puede financiar sin mayor complicación un déficit fiscal de esa magnitud. Pero de mantenerse así, ese déficit dificultará severamente la capacidad que hoy tiene para acceder al crédito barato. No es un problema que afecte lo que resta de esta administración y por eso los analistas y las calificadoras de riesgo entienden que este gobierno no va a mover un dedo para reducir el déficit en lo que resta del año, en plena campaña electoral. La próxima administración va a heredar un problema fiscal que tiene su origen, en buena medida, en la postergación durante dos décadas de cambios fundamentales en la seguridad social.

No habrá ajuste fiscal efectivo por parte del próximo gobierno si no contempla cambios relevantes en el sistema previsional. Y no solo pasa por la edad de retiro, sino por racionalizar beneficios injustificables a colectivos que hoy financian con recursos del Estado jubilaciones muy por encima de las de aquellos uruguayos que pertenecen al régimen general. 
Los cambios que se han hecho en materia de seguridad social durante las últimas tres administraciones han agravado la situación. A la luz de los resultados, los errores partieron de una pésima evaluación de impactos. En todas, el equipo económico puso peros. En todas, a la larga cedió.

Hoy la situación exige cambios drásticos, que implicarán pérdida de privilegios para muchos. No hay manera de lograr esos cambios sin un gran acuerdo político. La campaña inviabiliza esos acuerdos. Será el próximo gobierno el que tendrá el imperativo de promoverlos y alcanzarlos.

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