5 de junio de 2020 22:00 hs

No recuerdo otra media hora previa de una sesión parlamentaria que haya sido tan comentada y haya generado tantos sentimientos encontrados como la del martes 2 de junio en la Cámara de Diputados. Si hay una frase hecha que casi siempre es certera es la que dice que en esta vida no hay casualidades, sino causalidades. Esto aplica a lo que sucedió el martes con una diputada que se había anotado (tres semanas atrás) para hablar sobre la voz femenina en política, la violencia de género y el aniversario de un movimiento que ha influido fuertemente en la agenda pública del mundo y en particular de la región: #NiUnaMenos.

Verónica Mato fue la diputada del Frente Amplio que tomó la palabra para hablar durante poco más de cinco minutos. En una semana en la que dos mujeres y dos niños murieron por esta causa y en un año (año tras año) en el que no paran de aumentar los casos de violencia de género, su decisión de hablar sobre ese tema no parece desacertada. Claro que nunca nos hubiéramos enterado de lo que dijo si no fuera porque, sobre el final de su alocución, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Lema del Partido Nacional, decidió cortar su intervención alegando que no respetaba el reglamento. 

Leonardo Carreño El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Lema

Mato comenzó refiriéndose a la voz de las mujeres, por siglos silenciada e ignorada y aún hoy, menos es verdad, ninguneada, tanto por hombres como por mujeres. Es indiscutible que nosotras mismas nos hemos silenciado por muchas razones y que lo seguimos haciendo. Mientras que hablaba de eso, la diputada pidió el amparo de la palabra y Lema se lo concedió, pidiendo silencio. En la cámara se cuchicheaba en tono alto, una práctica maleducada que viene desde hace mucho tiempo y que afecta a los parlamentarios hombres y mujeres por igual.

Más noticias

Habló luego sobre el movimiento feminista, la lucha sobre los derechos de las mujeres, sobre la justicia social que ella asocia a este movimiento. Dijo: “En este corto tiempo que llevo como legisladora he tenido que presenciar cómo la voz de nosotras, mujeres parlamentarias, no es escuchada en este recinto. Muchas veces hemos tenido que hacer uso del amparo de la palabra”. Lema la interrumpió entonces para pedirle que cuidara las formas con las que se expresaba porque consideraba que estaba haciendo afirmaciones que no tenían fundamento. Y le pidió que evitara “cualquier tipo de expresión hiriente”, prohibida en el reglamento. Habían pasado poco más de tres minutos desde que Mato había comenzado a hablar. 

Ese primer cruce entre ambos legisladores resultó por lo menos incómodo. El concepto de “hiriente” es muy subjetivo, sobre todo aplicado a palabras; la realidad es que, al menos hasta ese momento, la legisladora no había resultado ofensiva. Recomiendo que mires su intervención. Tal vez no estés de acuerdo con lo que dijo, tal vez no te agrade su elección de palabras o el tono de voz que usó, pero sería algo así como si no te gustara el peinado o el color que eligió para vestirse. Es decir, te puede gustar o no qué y cómo lo dijo, pero en una democracia jamás debería molestarte que exponga un punto de vista legítimo en un momento del país en el que, repito, la violencia en general, y la de género y doméstica en particular, son noticia un día sí y otro también. 

“Si hablo más pausado entonces no voy a ser hiriente. ¿Es necesario gritar, tener un registro de voz más grave o utilizar estereotipos masculinos para ser consideradas y respetadas?”, continuó la diputada luego de la advertencia de Lema. Y a continuación, preguntó: “¿Y ustedes varones, qué hacen? ¿Cómo se siente que varones como ustedes ejerzan violencia física y sexual?”. Entonces Lema la cortó definitivamente e hizo leer el artículo 73, que establece que si un legislador incurre en “personalismos, expresiones hirientes o indecorosas” puede ser llamado a orden. La diputada había hablado cinco minutos, incluida la interrupción anterior.

Estos cinco minutos pronto se “viralizaron” en redes sociales. Fue entonces cuando fui a escuchar esta pequeña parte de la sesión de más de cinco horas (y otros tramos, para intentar entender qué es hiriente y qué no, desde el criterio personal del presidente de Diputados). Quedé desconcertada. Y pensé que esto podía afectar ya no solo a una diputada que hablaba de género (ni a las otras 16 que componen un cuerpo de 99 legisladores) sino a cualquier diputado que hablara de cualquier tema. 

Me pareció extremadamente peligroso para la libertad de expresión. Sobre todo luego de que escuché a otro legislador. En la misma sesión del martes, el diputado nacionalista Nicolás Herrera dijo a los gritos: “Cuando hay que poner arriba de la mesa lo que hay poner, no se pone. Parece que todos nos olvidamos lo que pasó hace cinco años, que cuando había cosas que tenían tufo no se levantaban las manos para habilitar las comisiones investigadoras. ¡Y ahora nos vienen a dar clases de transparencia!”. Lo que hay que poner arriba de la mesa y el tono, en este caso, no disparó el artículo 73.

Al día siguiente, tanto Mato como Lema fueron entrevistados en el programa Doble click, de Del Sol. Allí el legislador admitió que pudo haberse equivocado, pero dijo: “Si convalido la expresión, convalido que por el hecho de ser mujer no se la escucha”. Lo extraño es que cuando ella habló de ese tema en particular, Lema no le aplicó el artículo 73. Lo extraño es que se considere que decir “ustedes varones” es un “personalismo”, como establece el reglamento. En nuestro lenguaje cotidiano decimos “ustedes los hombres”, “ustedes las mujeres”, “ustedes los panaderos”, “ustedes los abogados”, y en general eso no se considera un personalismo. Es una simple generalización pero no deriva de ella que TODOS los legisladores ni todos los hombres son violentos. Quienes vean en esta expresión una acusación corren peligro de morir de literalidad.

Lema se mostró conciliador en la entrevista en Doble click, admitió que pudo haberse equivocado, pero durante los 10 minutos largos que habló con las periodistas Scorza y Brocal nunca pidió disculpas. No lo hizo entonces y no lo hizo después. Todos nos equivocamos, y más aún en medio de un debate político, pero todos podemos pedir disculpas. No sucedió. Y no está bueno.

Igual, no recarguemos las tintas sobre Lema, al menos no solamente. Lo que le pasó a Mato es criticable sea cual sea el ángulo con el que se lo mire y lo mismo afirmaría si otra legisladora de otro partido hubiera hablado del tema. Lo podría haber hecho la diputada Valentina Dos Santos del Partido Nacional o María Eugenia Roselló o Nibia Reisch del Partido Colorado o Elsa Capillera o Nazmi Camargo o Silvana Pérez, estas últimas tres de Cabildo Abierto.

Pero muchas de estas mujeres, compañeras de Mato pero de otros partidos, consideran que el accionar de la diputada frenteamplista no fue correcto. Varias fueron consultadas por el programa Así nos va de Carve y dijeron que no estaban de acuerdo con el planteo. Están en todo su derecho de disentir, claro está, con el contenido porque no se consideran discriminadas ni ninguneadas por sus compañeros diputados. Pero también dijeron que no estaban de acuerdo con “la forma” de ese planteo. ¿Qué es la forma?

Leonardo Carreño

En particular me dio mucha vergüenza escuchar las declaraciones de Roselló, diputada electa por Ciudadanos, quien dijo que Mato “utilizó un tono, tal vez no el más adecuado, y quizás eso fue lo que molestó a la Mesa. Y generó un clima innecesario”. Sería conveniente que Roselló expliqué qué es un clima innecesario en un cuerpo de legisladores en el que abundan los ánimos caldeados (e incluso más de una piñata).

Las mujeres han aprendido a crear círculos de apoyo para un sinfín de planos de la vida, pero no tanto en los negocios y mucho menos en la política. Roselló tiene todo el derecho a disentir con su colega frenteamplista, pero no encuentro lógica en criticar el “tono” y hablar de “clima”. La “sororidad” en la política ya sabemos que existe poco y nada, y tal vez así deba ser, pero no se engañen diputadas: los señores legisladores sí son “fraternos” y generan –con total naturalidad– círculos de poder que son los que hacen que en esta legislatura solo 28 mujeres integren un cuerpo de 130 personas.

El silencio mayoritario de la clase política sobre lo que pasó el martes llama la atención. Te podrá no gustar lo que dijo Mato, pero la violencia de género es un problema que rompe tanto los ojos que no da ni para discutir si es relevante considerarla en el Parlamento. Claro que es relevante discutir este tema, y no solo en una media hora previa. En una sesión entera, como la de cinco horas del martes pasado en la que se habló de todo menos de eso.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos