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14 de abril 2024 - 5:00hs

Las personas tenemos una forma particular de entender el mundo, a los demás y a uno mismo. De esta manera, nos explicamos los acontecimientos, las intenciones e interpretamos.

La forma de pensar particular de cada ser humano encuentra sus bases en la experiencia y el aprendizaje, tanto el propio como el heredado. Está fundamentado también en las emociones, denotando un mecanismo de ida y de vuelta. A la vez, tiene soporte en las propias características de personalidad e intereses.  Especial incidencia tendrán los hábitos: alimentación, ejercicio y sueño, entre otros tantos.  

Los pensamientos aislados cuando se repiten, forman un sistema: una manera particular de pensar que opera automáticamente. El mecanismo automático es no consciente. No nos damos cuenta en forma consciente, que se activa determinado patrón de pensamiento.

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Casi todo el tiempo estamos pensando y en su mayoría, no somos conscientes de cómo se generó determinado pensamiento. Cada pensamiento acompañado de su emoción da un resultado.  El cual al ser repetido, fortalece el patrón. Ese patrón hace parte de la propia identidad y es por eso que lo validamos una y otra vez.

Este sistema de pensamientos y creencias puede ser beneficioso, ya que nos ayuda a organizar y simplificar nuestra vida. Se establece así una tendencia a prestar atención a los aspectos que validan lo que pensamos. Esto nos permite decir: “estamos en lo correcto o tenemos razón!”.

Si los resultados son positivos y nos favorecen, bienvenido lo que pensamos y sentimos. En caso contrario, sería muy importante intentar cambiarlo. Porque aunque los resultados nos hagan daño, seguiremos validando nuestra teoría, pensamientos y por tanto el propio sistema de creencias. Parece poco creíble, pero así funciona. Tiene un sentido en realidad y es de economía para nuestro organismo. Demandaría muchísima energía pensar cada cosa que hacemos.

¿Cómo lograr cambiar nuestros pensamientos cuando nos generan problemas?

La clave está en prestar atención. Por ejemplo, ante situaciones repetidas que nos generan problemas, podemos hacernos una serie de preguntas:

¿Qué resultado obtuve que no quiero?

¿Cómo ese resultado interno o externo me afecta?

¿Qué pienso?

Ese pensamiento, ¿cómo me hace sentir?

¿Qué me aporta ese pensamiento?

¿A qué le presto atención cuando pienso lo que pienso?
¿Para qué me importa “estar en lo cierto o tener razón” en esta situación?

¿Cómo me afecta y afecta a mi entorno?

Estas preguntas nos ayudarán a aumentar consciencia sobre uno mismo. Luego podemos hacer una especie de juego: “como si”. Para eso tenemos que poner en juego la mínima flexibilidad. De esta forma podremos considerar: ¿qué podría estar no atendiendo? ¿Y si desde otra perspectiva las cosas se entendieran diferentes? ¿Qué pensamiento me permitiría lograr el resultado que aspiro alcanzar?  Estas entre otras preguntas nos permitirán ganar en consciencia y libertad para decidir y elegir.

Los pensamientos automáticos más emociones, basados en creencias, generarán una conducta determinada. Sea esa conducta externa o interna, conducirá a unos resultados.

Los pensamientos validan nuestras interpretaciones, dirigen la atención y de allí la percepción. Al elegir lo que pensamos, influimos en los resultados, que uno a uno, influirán en nuestra calidad de vida.

Somos capaces de desafiarnos y transformarnos.  Nuestros patrones de pensamiento son una vía para lograr cambios positivos que nos aporten bienestar.

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