El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
14 de abril 2024 - 5:00hs

Una tarde de noviembre de 1999, Jorge Batlle trepó a las risas la escalera de un club de la lista 15 que apoyaba su candidatura en el balotaje que lo enfrentó al izquierdista Tabaré Vázquez, pero su sonrisa se congeló cuando observó el arreglo de rosas coloradas que lo esperaba sobre la mesa. El futuro presidente tomó el florero con ambas manos y lo escondió de la mirada del público. “Esto no va más”, advirtió en alusión a la necesidad de congeniar con el celeste y blanco del Partido Nacional para, juntos, vencer al Frente Amplio. Aquellas flores coloradas siguen allí, debajo de la mesa.

El gesto de Batlle en la augural segunda vuelta tras la reforma electoral de 1996, replicó el concepto de “familias ideológicas” sembrado por el expresidente Julio Sanguinetti, parentesco que seguirá vigente en las próximas elecciones con el objetivo de derrotar a la estirpe frenteamplista que pugna por recuperar el poder.

El problema, para los colorados, es que Sanguinetti razonó aquel encuentro familiar cuando los batllistas eran mayoría en el bloque opositor al Frente Amplio. Pero diversas circunstancias hundieron electoralmente al partido que mandó en Uruguay por décadas, y desde hace 20 años son los blancos los que tienen el predominio.

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Es así que la novel postulante Carolina Ache se lanzó al ruedo afirmando que su objetivo es que el partido tenga un candidato colorado “y no uno rosado” en alusión a los colores difuminados por el pacto de gobierno.

Por su lado, los también precandidatos Gustavo Zubía –“los blancos escuchan poco”, dijo- y Guzmán Acosta y Lara- “los que quieren seguir con un Partido Colorado que haga todo lo que quiere el Partido Nacional, no me voten”, afirmó- fueron críticos con el rol de su colectividad en su acuerdo con el nacionalismo.

Pero esos cuestionamientos son minoría.  Los candidatos con mejores guarismos en las encuestas de opinión no quieren reñir con sus familiares blancos.

“Mi principal referente de la política nacional es Lacalle Pou”, ha dicho Andrés Ojeda y agregó que su rol principal “es garantizar que el gobierno siga y que en todos los departamentos del país no vuelva el Frente Amplio”. “Ese es nuestro trabajo, ser la llave para que el Frente Amplio no vuelva. Lo digo con toda claridad”, insistió.

Incluso, Ojeda invitó a los votantes nacionalistas a participar de la interna colorada ya que, dijo, Álvaro Delgado será el seguro postulante blanco.

Sus dichos apenas merecieron un tirón de oreja del nacionalista Jorge Gandini quien lo corrigió fraternalmente: “Con mucha calidez filial, no corresponde ese llamado. Estamos en una elección interna y cada cual tiene que estar atento a su partido. Es como si nosotros le dijéramos a los colorados que la elección nacional se definirá entre blancos y frentistas y, por tanto, que vengan a la interna del Partido Nacional a elegir presidente. Puede ser muy atractivo pero no corresponde y no lo decimos”.

Por su parte, el expresidente del Codicen, Robert Silva, otro de los que aparece mejor colocados en las encuestas, se ha mostrado como un defensor sin pausa de la coalición de gobierno y su gestión mereció los halagos del presidente Lacalle Pou cuando renunció al cargo para presentar su postulación.

“En todos estos años -que tensiones nos han sobrado- nunca le escuché un grito, una salida de tono. Siempre percibí en su forma de ser una íntima convicción que lo iba a llevar hasta las últimas consecuencias, porque está convencido intelectual y afectivamente de qué era lo que teníamos que hacer. Qué lindo cuando te animás a dar ese salto y sentís que evolucionaste y creciste”, lo piropeó Lacalle Pou.

Los otros dos precandidatos colorados también se prestan para la foto de familia con los nacionalistas. El exintendente de Rivera y exministro de Turismo, Tabaré Viera, es apoyado por Sanguinetti, uno de los padres de la coalición que hoy nos gobierna. “Lacalle Pou la saca del estadio todos los domingos”, graficó el exintendente de Salto, Germán Coutinho quien apoya a Viera y a quien la gestión del mandatario nacionalista lo tiene apasionado.

A su vez, el expresidente de Antel, el quincista Gabriel Gurméndez, es observado dentro del partido como “el más herrerista” de los candidatos colorados por sus propuestas tendientes a reducir el Estado en algunas áreas y bajar impuestos. Su relación personal con Lacalle Pou es inmejorable.

Para tranquilidad de los colorados, el nacionalista Álvaro Delgado prometió que si llega a la presidencia establecerá una “mesa de coordinación permanente” para fortalecer el diálogo con sus socios. En esa mesa, como en aquella que Batlle despejó en la primavera de 1999, no habrá lugar para rosas de un solo color.

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