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10 de marzo 2024 - 5:00hs

Hace casi un cuarto de siglo que el Partido Colorado dejó de ser el “partido de gobierno” en Uruguay, desplazado por la izquierda primero y por el Partido Nacional después. Pero, además del poder, parece haber dejado por el camino un atributo que lo distinguía de su tradicional rival histórico. Es así que mientras los blancos han aprendido de las luchas fratricidas del pasado y ahora sus diferencias internas son exhibidas con evidente cuidado, a los colorados ya no los identifica aquella costumbre de limpiar dentro de las paredes de su casa lo que podía ensuciar su prestigio si se ventilaba.

En los últimos días, tal vez por la necesidad de promocionar sus múltiples candidaturas –son siete los postulantes y más de uno no puede presumir de derrochar popularidad-  sus dirigentes se han trenzado en disputas públicas mientras la intención de votos de las encuestas le son muy poco favorables.

Uno de los asuntos que ocasionaron cruces y cuestionamientos internos fue la designación –finalmente frustrada- de Julio Luis Sanguinetti como ministro de Turismo en sustitución de Tabaré Viera, quien se lanzará a competir en la interna con el apoyo del expresidente Julio María Sanguinetti. Este hecho es también un muestrario del entreverado entramado colorado.

Julio Luis es hijo de Julio María y fue éste quien lo impulsó para que asumiera el cargo. Pero Julio María respalda desde el grupo Batllistas la postulación de Viera, mientras que a Julio Luis lo atrae el abogado Andrés Ojeda. Entonces Viera se molestó porque Julio María impulsó a un dirigente que no es de su confianza personal. Pero también se enojó con el expresidente de Antel, Gabriel Gurméndez- otro de los precandidatos- porque criticó a Julio María. “No se transfiere el poder de padre a hijo, no es un tema de familia”, dijo Gurméndez. “Que como precandidato (Gurméndez) opine tan rápidamente y ligeramente de algo que no estaba totalmente definido y es de otro sector, no es lo que corresponde, más bien parece una actitud de oportunismo político”, replicó Viera. Después de tanto lío, en el cargo fue nombrado otro Sanguinetti, Eduardo, pariente un poco más lejano de Julio María.

Por otro lado, Ojeda se peleó con Robert Silva, el precandidato del grupo Ciudadanos que lideraba Ernesto Talvi. Todo porque Ojeda anunció que una lista del Partido Colorado de Tacuarembó abandonó a Silva para apoyarlo a él. Pero Silva aseguró que buena parte de los dirigentes de esa agrupación no habían desertado. Entonces Ojeda reaccionó. “Lamento tener que entrar en esto con un compañero, pero Robert está faltando a la verdad y lo sabe. La lista 2215 de Tacuarembó, en su totalidad, emitió una declaración fuerte y clara que lo desmiente.  Le pido a Robert que tengamos una campaña leal y fraterna porque el futuro del país está en juego", dijo Ojeda.

El espinel de precandidatos colorados lo completaban el exdirector de Telecomunicaciones, Guzmán Acosta y Lara – quien le viene pidiendo a la “vieja casta” colorada que “dé un paso al costado” y dice que es el único distinto de sus rivales- y el diputado Gustavo Zubía que se presenta como el único que puede presumir de tener “votos propios”. Como si la oferta fuera poca y las diferencias escasas, este jueves el semanario Búsqueda informó que le exvicecanciller Carolina Ache se lanzará como precandidata ya que quiere que su partido “tenga un candidato colorado y no uno rosado”, en referencia a una supuesta y exagerada mezcla con los blancos.

Ache no es bien vista en buena parte de su colectividad luego de que sus declaraciones en Fiscalía sobre el caso Marset provocaran las renuncias o destituciones del canciller Francisco Bustillo, del ministro del Interior, Luis Alberto Heber, del subsecretario de esa cartera, Guillermo Maciel, y del asesor presidencial Roberto Lafluf.

Como se ve, todo muy complicado. Fuentes partidarias dijeron que tal vez la colectividad esté necesitando esas distintas visiones –incluso los choques más o menos fuertes- para demostrar que sigue viva y capaz de pelear la presidencia que, desde el gobierno de Jorge Batlle (2000-2005), les resulta tan lejana.

En las elecciones de 2004, el Partido Colorado padeció la peor votación de su historia (un 9% con Guillermo Stirling como candidato), se recompuso un poco con Pedro Bordaberry en 2009 (17%) quien repitió en 2014 con menos suerte (12%), cifra que igualó Ernesto Talvi en 2024. Tanto Talvi como Bordaberry decidieron alejarse de la política y el expresidente Sanguinetti, a sus 88 años, aspira más a escribir libros que a dedicarse a la actividad que lo llevó al poder en dos oportunidades.

Sanguinetti renunció en los últimos días a la secretaría general del Partido Colorado y será el director Nacional de Telecomunicaciones, Gustavo Osta, quien desde la prosecretaría conduzca a esa colectividad.

Consultado por El Observador, el experimentado dirigente reconoció que en el partido hay “algunos chisporroteos” y lo adjudicó, entre otras cosas, al hecho de que en tiempo de elecciones “hay asesores que te dicen que hay que gritar más fuerte para generar más atención”. En ese sentido, Osta señaló que desde su cargo procurará que, más allá de las precandidaturas, en la marcha de la campaña se “reivindique lo mejor del Partido Colorado, se reivindique su marca por encima de las diferencias”.”Eso requiere un trabajo institucional en el que tenemos que estar todos juntos”, dijo.

Las últimas encuestas de Cifra y Opción le adjudicaron a los colorados un 6% de intención de voto. La venta de la “marca” Partido Colorado deberá ser más que exitosa para evitar que en octubre, otra vez, la otrora poderosa colectividad se quede afuera del balotaje donde se definen las alturas del poder.

 

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