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22 de septiembre 2022 - 17:24hs

Richard Waters

¿Ha tenido la Web3 su momento Netscape? El lanzamiento del primer navegador web en 1994 fue un punto de inflexión para el Internet. Ahora, si se les ha de creer a los entusiastas de las criptomonedas, el cambio de la cadena de bloques de Ethereum a un nuevo sistema de validación de transacciones — un movimiento conocido como "La Fusión" (o "The Merge", en inglés) — es un momento igualmente histórico para lo que se ha llegado a conocer como la Web3.

El alejarse de su anterior mecanismo de validación, con un alto consumo energético, sitúa a Ethereum en un camino más sostenible a largo plazo. Para la red que se ha convertido en la principal plataforma de aplicaciones basadas en la cadena de bloques, como los tokens no fungibles (NFT, por sus siglas en inglés) y las finanzas descentralizadas, esto es ciertamente significativo.

Pero nueve años después del lanzamiento de Ethereum, todavía queda mucho camino por recorrer. A continuación hay cinco cuestiones que ayudarán a determinar si la fusión algún día será vista como un momento importante en la historia del Internet.

En primer lugar, el nuevo mecanismo de validación, conocido como "proof of stake" (PoS), o prueba de participación, no hace nada por sí solo para resolver uno de los mayores problemas de Ethereum: que sólo puede manejar 15 transacciones por segundo (tps), un cuello de botella que ha llevado a unas tarifas de transacción extremadamente elevadas.

La fusión al menos despeja el camino para el siguiente gran paso de la red, previsto para la segunda mitad del año que viene. Se conoce como "sharding", o fragmentación, el cual es un proceso que consiste en dividir la base de datos de Ethereum en 64 fragmentos. Como cada computadora de la red ya no necesitaría mantener un registro de cada transacción, aumentaría enormemente la capacidad y la velocidad generales.

Todavía hay serias cuestiones técnicas sin resolver sobre cómo funcionará esto. Además, la fragmentación no será una solución completa. Un aumento de 64 veces elevaría la capacidad de la red a casi 1,000 tps, no muy lejos de la capacidad de 1,700 tps de la red de Visa. Pero la promesa de la Web3 es utilizar la tecnología de cadena de bloques para mediar en cada interacción en línea, lo cual significa que se necesitará una capacidad mucho mayor.

En segundo lugar, la fusión conlleva toda una serie de riesgos desconocidos. Esencialmente, un mercado que actualmente tiene un valor de US$200 mil millones se está trasladando a unos cimientos totalmente nuevos, con nuevos mecanismos y nuevos roles para los intermediarios del mercado que no se han puesto a prueba en condiciones del mundo real.

Más que en los riesgos, muchos participantes en el mercado probablemente se centrarán más en el potencial de obtener mayores rendimientos. Con el nuevo sistema de prueba de participación, los titulares presentan su ether como garantía para validar las transacciones a cambio de "staking rewards", o recompensas de participación. Esto ha convertido un activo antes improductivo en uno que ahora ofrece un rendimiento, algo que es probable que muchos inversionistas encuentren atractivo. Pero, en esta etapa, nadie sabe si el rendimiento compensará los nuevos riesgos, por no mencionar la enorme volatilidad de la propia criptomoneda.

En tercer lugar, la superposición de una capa más amplia de infraestructura de mercado sobre Ethereum está todavía en su infancia. Las llamadas redes de capa 2, como Polygon y Optimism, actúan como "rollups", o acumulaciones, agrupando muchas transacciones individuales y alojando una sola entrada en la cadena de bloques de Ethereum. Junto con la fragmentación, los defensores de Ethereum han afirmado que esto pudiera elevar la capacidad total a 100,000 tps.

Las compañías que operan sobre Ethereum de este modo pudieran convertirse en nuevos y poderosos intermediarios en el mundo de la cadena de bloques, algo que va en contra del ideal de descentralización en el que se basan las criptomonedas.

Esto nos lleva al cuarto punto: a medida que el sistema Ethereum más amplio evoluciona, sus partidarios tendrán que abandonar parte del bagaje ideológico del mundo criptográfico en favor de un mayor pragmatismo. El reto consistirá en determinar qué ideales pueden comprometerse en aras de un sistema más viable.

El surgimiento de nuevos e influyentes intermediarios también pudiera proporcionales a los gobiernos un nuevo punto de influencia sobre el sistema. Por ejemplo, si un gran número de titulares acuden a las casas de cambio de criptomonedas para que los ayuden con la participación, estas casas de cambio desempeñarán un importante papel en la validación de las transacciones. Esto pudiera exponerlas a presiones políticas para bloquear ciertas transacciones en busca de sanciones financieras.

En quinto y último lugar, mejorar la infraestructura subyacente de la cadena de bloques no resolverá el mayor reto de la Web3: demostrar por qué se necesita esta tecnología en primer lugar.

Los optimistas afirman que, con la fusión completada y con los trabajos en marcha para resolver los retos en materia de escalabilidad de Ethereum, los esfuerzos se centrarán cada vez más en la creación de las experiencias favorables para el consumidor que se necesitan para atraer a un gran número de usuarios. Eso significa diseñar cosas como carteras de criptomonedas y mercados de activos digitales que sean más fáciles de usar para las personas comunes y corrientes. También significa idear aplicaciones totalmente nuevas que no pudieran haber funcionado tan bien en la web existente.

La fusión de Ethereum no proporciona ninguna pista sobre cuáles pudieran ser esos usos. Pero, parafraseando a Winston Churchill, al menos demuestra que la Web3 ha llegado al final del principio.

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