La hacienda en EEUU
Una análisis de la evolución de la ganadería en la potencia del norte
Mientras en Argentina el debate por la inflación y la relación entre los precios de la carne al mostrador y de la hacienda en pie ponen en evidencia la necesidad de empezar a trabajar en la integración de la cadena, en EEUU el impacto de la caída de los precios de la hacienda se refleja directamente en los precios al consumidor.
Por Arturo Vierheller (h), especial para El ObservadorEl tema de Argentina es ya conocido: décadas de funcionar en un sistema de "sálvese quien pueda" no pueden mostrar otro resultado que una cadena que se parece más a una bolsa de gatos que a algo mínimamente institucionalizado y ordenado. Es por eso que, agravada por la inflación, se ve esta falta de relación entre los precios de la hacienda y el de la carne que llega al consumo.
En Norteamérica, como en todos lados, se usa el precio de la hembra nueva –la vaquilla– como termómetro de la actividad ganadera. Vale la pena extenderse en este punto para preciar la realidad de la ganadería del país del norte. Durante años la hacienda en EEUU vino subiendo en precio hasta convertirse en lo más caro del mundo, no solo producto de la buena demanda interna y de exportación, sino por el efecto de que al achicarse tanto el rodeo se pagaba un poco el precio de la necesidad. Entonces con menos cabezas siguieron produciendo la misma cantidad de carne (aumentando en tamaño) y reteniendo vaquillas de cualquier calidad para revender y ganar en la diferencia.
Ahora el sistema llegó a su límite y vino la corrección. Veamos lo que pasó: en octubre de 2013, en el remate inaugural de la temporada, de la empresa Superior Livestock Auctions las vaquillonas preñadas hicieron un precio tope de US$ 2.125. La demanda era muy fuerte y los precios para esta categoría estaban súper firmes, tanto que en los remates de hembras de selección, en setiembre y noviembre de 2014, llegó a pagarse US$ 3.125. Este fue el máximo en muchos años de la historia de la hacienda en EEUU.