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La incidencia de EEUU en la suba del precio del petróleo

El petróleo pareció iniciar este año en una situación relativamente equilibrada, pero varios factores impulsaron un nuevo aumento

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13 de julio de 2018 a las 05:00

Por Alberto Bensión

Desde la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo en 1973, Arabia Saudita ha desempeñado un rol protagónico en la determinación del precio internacional del petróleo. En adición, en estos últimos tiempos el reino saudí logró armonizar su posición dominante con la irrupción de Rusia como otro país productor igualmente importante.

Hace ya más de un año, la OPEP, liderada por Arabia Saudita, y otro grupo de países, encabezados por Rusia, acordaron una baja de la producción de petróleo para provocar un aumento del precio internacional. El resultado fue una suba desde US$ 45 a US$ 65 el barril.

Entretanto, Estados Unidos también se hizo su lugar en la oferta mundial de petróleo. En la actualidad, su producción es de once millones de barriles diarios, el mayor nivel de los últimos cincuenta años y el doble que el del 2010, con una proyección de aumento de otros tres millones a partir del año próximo.

Este proceso fue parcialmente interrumpido en el 2014, cuando Arabia Saudita decidió un aumento de su producción para rebajar el precio internacional a menos de US$ 30 y desbancar así a las empresas americanas menos eficientes. Pero desde entonces, entre la suba del precio internacional y la mejora de la productividad, la producción estadounidense ha retomado un proceso de crecimiento continuo.

Así las cosas, el mercado mundial del petróleo pareció iniciar este año en una situación relativamente equilibrada. Pero a lo largo del segundo trimestre, varios factores impulsaron un nuevo aumento del precio internacional hasta un nivel de entre US$ 75 y US$ 80 el barril.

Hay varios países productores en problemas.

El futuro de la producción de Venezuela es incierto. Ella fue de 1,36 millones de barriles diarios en mayo, unos 600 mil menos que un año atrás. Se estima que en los próximos meses la producción podría seguir a la baja hasta un nivel de 800 mil barriles diarios.

También Libia y Angola perdieron producción por razones de orden político.

Pero así como la producción creciente de Estados Unidos ha ido cambiando de a poco la realidad del mercado mundial, una reciente decisión de su política exterior detonó una causa de mayor importancia para explicar la suba del precio internacional de estos últimos meses. Ella se terminó de definir en el pasado mes de mayo, y fue el rechazo al tratado nuclear con Irán que estaba vigente desde tiempo atrás con el apoyo de otros países occidentales.

Como consecuencia, a partir del próximo mes de noviembre Estados Unidos habrá de restablecer las sanciones económicas que en el pasado limitaron las exportaciones iraníes. En adelante, ellas podrán provocar una baja del orden de los 2,5 millones de barriles diarios, 2,5% del consumo mundial. Porque en adición al efecto de las sanciones, el gobierno americano también está pidiendo a varios de los clientes de Irán que dejen de comprarle petróleo.

En un intento para neutralizar en parte esta perturbación, pocos días después del anuncio del rechazo, el Presidente Trump se apresuró a pedir a las autoridades de Arabia Saudita un aumento de su producción de hasta dos millones de barriles diarios. Es que no solo hay un perjuicio para la economía mundial. Quizá más importante aun para el interés político de Trump es que también hay una incidencia al alza sobre el precio de la gasolina en el mercado interno, que en el año ya es de 28%, en vísperas de la próxima elección de noviembre.

La compleja situación política de la región se compone, entre otros factores, por una alianza de orden estratégico militar entre Estados Unidos y Arabia Saudita. De hecho, una de las causas que llevaron a Trump a apartarse del tratado con Irán fue el pedido de Arabia Saudita, en razón de la disputa que está en curso por la hegemonía política en la región. El pedido de Trump puede entenderse entonces como una devolución de favores, aunque de carácter excepcional, porque nunca antes un país occidental se había inmiscuido en los acuerdos petroleros de la OPEP.

En este marco, a fines del mes pasado, Arabia Saudita, con el apoyo de Rusia, impulsó un acuerdo para aumentar la producción en un millón de barriles diarios con el fin de estabilizar y aún rebajar el precio internacional. Pero en los hechos, los problemas de los cuatro países productores antes referidos habrán de determinar que en lo inmediato, el acuerdo solo resulte en un aumento de la producción de entre 600 mil y 700 mil barriles diarios, distribuidos básicamente entre Arabia Saudita, Rusia, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait.

Este aumento de la producción es bien revelador de la reticencia con la que Arabia Saudita atendió al pedido de Trump. Porque la estimación de máxima es que a lo sumo su producción habrá de pasar de los 10 millones del pasado mes de mayo a un nivel de entre 10,6 millones y 10,8 millones, a fin de preservar una cierta capacidad ociosa que le permita afrontar algún acontecimiento de excepción en el futuro del mercado mundial.

Entonces, ante la evidencia de que el aumento resultante del acuerdo del mes pasado podría ser insuficiente para atender a la baja de las exportaciones de los países en problemas es que, contra lo esperado, su efecto inmediato no fue el de rebajar el precio del petróleo. Antes bien, hasta los primeros días de esta semana, el precio del barril ha estado de nuevo próximo a los US$ 80 del pasado mes de mayo.

Ante esta situación tan inestable, toda predicción sobre el futuro del precio internacional del petróleo sería aventurada.


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