The Sótano > OPINIÓN

La noche negra del fútbol uruguayo

El partido contra Perú será recordado como uno de los más dolorosos en la historia de una selección cargada de glorioso legado

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01 de julio de 2019 a las 05:03

Así es esto del fútbol, que por algo es el deporte de mayor popularidad en el mundo. Incluso más, por eso lo queremos tanto. Hasta los peores y mediocres equipos o selecciones tienen cada tanto su oportunidad. El sábado Perú no jugó a nada, aunque no dejar jugar al rival es también una forma de jugar, y en ese aspecto lo hizo muy bien. La realidad nos remite a lo sucedido. Los incaicos fueron a la nada esperando conseguir el todo, y lo consiguieron. Sin que Muslera llegara a tocar la pelota en casi todo el partido, porque la mediocridad ofensiva de Perú vino condimentada, además, por una espeluznante timidez que le impidió tener coraje como para avanzar cuando tenía toda la cancha a favor, quedamos fuera en tanda de penales. Doloroso es poco.

¿Hasta qué punto un triunfo por penales puede considerarse triunfo? Solo en el fútbol, deporte que ha construido una mecánica de juego y recompensa difícil de entender para los estadounidenses, en cuyos deportes el empate es considerado una lacra. Duele, por lo tanto, quedar fuera jugando mejor que el rival, aunque, verdad obliga, no jugando bien del todo. Para nada. Duele, además, porque uno piensa hacia delante y ve que para la próxima copa América seguramente ya no estarán Suárez, Cavani, y Godin, que son la base de esta selección.

Culpar a las circunstancias es siempre el mejor atajo para evitar las explicaciones raciones, y el fútbol, para poder mejorar, las exige. Uruguay no jugó del todo mal, erró dos goles imposibles, le anularon otros tres, fue bastante sólido en defensiva (menos por el lado de G. González), pero falló en lo que siempre falla: en todo el partido no pudo hilvanar una situación de pases librados de imprecisión cerca del arco. Ya resulta un colmo total.

Sigue sin aparecer el jugador desequilibrante que pueda conectar la línea entre el medio campo y los delanteros. Lo de Arrascaeta fue como desastroso. Tuvo ocasiones de meterse en el área y definir, tuvo un par de ocasiones de gol que con un poco más de convicción hubiera anotado, y por encima de todo, tuvo una ineficacia alarmante a la hora de hacer un pase bien. ¿Por qué no fue sustituido? Eso nos lleva a la siguiente pregunta.

En reiteradas ocasiones, la cámara captó a O. W. Tabárez haciendo anotaciones en una libreta. ¿Qué anotaba, qué partido estaba mirando? De Arrascaeta, una nada total en casi todo el partido, debería haber sido sustituido en el entretiempo, pero siguió hasta el final, arrastrando su deriva en cada jugada que participaba. Al parecer, el entrenador vio un partido y el resto del país otro.

Al comienzo de la copa, los comentaristas del extranjero hablaban del gran elenco de suplentes que tiene Uruguay. Lo tiene, aunque no sé si es para tanto, por consiguiente, había varios futbolistas que podrían haber tenido la oportunidad. Sin embargo, el entrenador hizo solo una sola variante, pues Stuani entró para patear el penal, para cumplir con un requisito, y lo hizo bien. Es fácil juzgar con el diario del lunes, suele decirse, pero resulta un colmo suponer que en la banca no hubiera alguien como para entrar en reemplazo de De Arrascaeta y activar un plan B, un intento de salvataje a último momento. Tampoco la lógica del entrenador se entiende. En el partido contra Francia en el mundial ruso, lo dejó en el banco cuando podría haberle dado una oportunidad. En este fue al revés. Lo dejó en la cancha, cuando debería haber reemplazado.

En esta ocasión, Tabárez no supo cómo encontrarle la vuelta al partido como para modificar sobre la marcha y dotar al equipo de mayor poder ofensivo con efectividad, de mayor coherencia a la hora de presionar al rival con argumentos, no con fallidos pelotazos y centros a los pies del rival. En este aspecto, igual que en el mencionado partido contra Francia hace 12 meses, lo de Cáceres volvió a ser lamentable.

¿Era Cáceres la única opción? No hizo en todo el partido ni una sola subida efectiva por su lateral, no dio dos pases correctos seguidos (cada vez tira peor los centros), y su participación en la oncena se limitó a los largos saques de costado, los cuales, a decir verdad, tampoco tuvieron demasiada eficacia. Hay varios marcadores de punta jugando en el exterior mejores que él, y llegó la hora de darles la oportunidad, pues por ese lado el barco hace agua.

Es el tercer fracaso de Tabárez en copas América. Este, el más doloroso de todos. Haber quedado eliminado en penales con Perú no es el fin del mundo, aunque hoy lo parece. Los incaicos se han convertido en una especie de Némesis que aparece siempre que creíamos tener las cosas ganadas de antemano, pero volvíamos a casa con las manos vacías. ¿Se acuerdan de lo que pasó en Lima en 2009? Le daremos su merecido en las próximas eliminatorias. En este momento amargo, debe ser la motivación redentora. De las derrotas algo se aprende, aunque hubiéramos preferido seguir iletrados, sin haber aprendido nada, y estar ahora disfrutando de un triunfo.

En fin, no es el fin. Queda como reflexión final celebrar la confirmación de un crack auténtico, un futbolista de estirpe, camino a convertirse en uno de los mejores de la historia del fútbol uruguayo (no exagero), quien juega en una posición donde hubo una cantidad de buenos futbolistas: Rodrigo Bentancur. ¡Qué jugadorazo, qué corazón para la entrega total, para dejar el alma en la cancha! Su técnica es deslumbrante y su entrega a la causa, admirable. Y perdón que lo diga, pero me sale del alma: es un jugadorazo, y con huevos, de los que cargan el ADN mítico de nuestro fútbol y su admirable historia.

Bentancur, mi/nuestro nuevo ídolo, se suma a una camada de jóvenes futbolistas con talento mayor, como Giménez, Torreira, Valverde, y también Giovanni González, quien se equivocó mucho, sobre todo en la marca, pero demostró un potencial tremendo, de los que invitan a suponer que la promesa puede convertirse en realidad superior.

Por lo visto, sabemos que De Arrascaeta seguirá prometiendo sin llegar a cumplir (y no saben cuánto me gustaría estar equivocado), por lo que en esa posición continuaremos esperando al salvador que meta algún buen pase cuando nadie lo espera e impida con su pericia morir en la orilla, en tanda de penales. Qué difícil es y ha sido para el fútbol uruguayo encontrar un 10 que se transforme con regularidad en usina de juego eficaz y habilite con pases precisos a los delanteros. Vuelve a ser la misma historia, otra vez. De Arrascaeta, Lodeiro, Ramírez, Recoba, Francescoli, etc. etc., tantos que con la celeste puesta nunca dieron la talla. El último debe haber sido el legendario Juan Alberto Schiaffino, 70 años atrás.

Por supuesto, y está de más decirlo, no vamos a culpar a Suárez, que tanto nos ha dado, por el penal errado. El delantero le pegó a la pelota sin convicción, controlado tal vez por el cansancio, la desatención y la frustración de no haber podido ganar en los previos 90 y pico minutos. Su falla en el momento de tolerancia cero eliminó de un plumazo la posibilidad de jugar en Porto Alegra como locatarios, pues no menos de 40 mil uruguayos se hubieran hecho presentes. Vamos Lucho, que el jueves (bueno, el viernes, danos un día más), el país habrá dado vuelta la página y ya estaremos pensando en lo que vendrá.

Tampoco hay que pasarle la factura a Cavani y Godín por haber errado dos goles cantados, justo en el momento en que la suerte adversa pedía a gritos que la ayudaran. Yo, como seguramente muchos de ustedes, grité tres goles que no fueron convalidados, transformando al partido en la primera vez de algo incumplido. En realidad, fue eso precisamente: un mal día en que la pelota no entró, porque el destino tiene a veces las cosas decretadas de antemano.

Jugadores de talento hay, no de sobra, pero los suficientes como para imaginar unas eliminatorias al mundial de Catar sin sufrimientos ni agonías. Tenemos una sólida oncena, que podría ascender en calidad de excelencia, con la inclusión de futbolistas que hace tiempo esperan por su oportunidad, y por exclusión de otros para los cuales se les hace muy difícil desnivelar cuando tienen puesta la celeste.

Esta vez nos tocó quedar fuera, no perder, pues el partido terminó 0-0. El resultado solo debe servir para seguir mejorando. La vida no acepta otra filosofía. Por un partido con resultado adverso no hay que caer en la negatividad y el pesimismo, pedir la cabeza del entrenador. Esta vez se equivocó, no es la primera, pero errar es humano, y a veces los errores se magnifican cuando la falta de fortuna en la cancha los deja al descubierto. Además, resulta apropiado recordar algo que la vida insiste siempre en recordarnos: si ni siquiera en el amor hay justicia acorde con lo merecido, ¿cómo podemos esperar que en un partido de fútbol la haya?

Y termino con un comentario de mi admirado Winston Churchill: “El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje para continuar lo que cuenta”. El coraje para continuar es algo que a los uruguayos nunca nos ha faltado, ni en el fútbol, ni en lo demás de la vida que es muchísimo. Ya estamos prontos para lo que ha de venir. La consigna de este pueblo es vivir siempre para la próxima batalla.

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