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14 de marzo 2023 - 10:51hs

Tal vez la semana próxima empiece a aflojar la durísima sequia que viene destrozando a Uruguay y Argentina. Los daños ya son irreparables. El invierno será entre muy malo y catastrófico. Muy malo es el mejor de los escenarios posibles. Si al menos la sequía fuera con temperaturas normales… Pero no, la normalidad climática ha quedado atrás. Ahora marzo es como los eneros “de antes”. Días y días en los que en el oeste de Uruguay la temperatura supera los 40º C.

Para un productor agropecuario no entender que el clima está cambiando para peor es un error, a mi entender, importante y frecuente. Las intervenciones de científicos opinando que lo que estamos viviendo no tiene relación con el cambio climático también son a mi entender equivocadas. En el sentido más profundo, epistemológico, del asunto, y también en el aspecto comunicacional. Es frecuente leer a científicos aclarar que “esto no puede adjudicarse al cambio climático”. ¿No? En base a qué? Es un tema que merece el más profundo de los debates.

La sequía había causado ya en febrero más de US$ 1.000 millones de pérdidas -quién sabe cuántas pérdidas van a mediados de marzo-. Sabemos que la temperatura va a seguir subiendo y que también la inestabilidad va a ir en aumento. El Covid se pudo derrotar con una vacuna. ¿Cómo se enfrenta este problema para el que no hay vacuna? O mejor dicho, la vacuna es dejar de usar energías fósiles, pero ¿cómo?

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Al menos, diciendo claramente la enorme gravedad que tiene la crisis climática para el mundo y para un país cuya economía depende de la producción a cielo abierto y del turismo como es Uruguay. Nuestra producción toda deteriorada, nuestras costas deterioradas. Pero persistentemente se escuchan afirmaciones que parecen minimizar la gravedad de lo que toca vivir.

Eso ha pasado en recientes declaraciones del grado 5, Marcelo Barreiro, que indicó al diario El País que no veía relación entre la sequía y el cambio climático. Y que en el futuro las sequias serán más cortas.

Desde la necesaria humildad y respeto hacia alguien que se dedica profesionalmente al tema y tiene un alto grado académico, entendiendo que la ciencia es debate. Johan Rockstrom, director del Instituto para la Investigación del impacto climático en Potsdam en Alemania por ejemplo, opina que la alteración en las corrientes marinas lleva a que se enlentezcan y que así las zonas de alta presión se estabilicen y permanezcan por varios días. Da la impresión que es lo que estamos viviendo en este agobio desde fines de febrero. También ha apuntado Rockstrom a la probabilidad creciente de que aumente la frecuencia y amplitud de las situaciones El Niño y la Niña.

Por otra parte, aunque la sequía se adjudicable a La Niña, es algo claro que una sequia con un marzo de 40º C no es lo mismo que con 25º C.

Lo importante es aprender de las catástrofes para defenderse mejor la próxima vez.

Un eje cada vez más importante de las políticas agropecuarias de Uruguay y de las políticas empresariales individuales tienen que ver con prevenir las futuras sequías, y en zonas vulnerables como las del este prevenir las lluvias torrenciales que también vendrán ya este mismo año muy probablemente.

Estamos viviendo el nuevo clima, agobiante durante seis meses del año, peligroso siempre y no solo para las zonas rurales. Es alarmante el deterioro de nuestras playas, no importa si visitamos Colonia, Parque del Plata, Valizas, Aguas Dulces. ¿Qué no es solo por cambio climático? Claro. Pero que el ascenso del mar que deriva del calentamiento es un desafío enorme para Uruguay es igualmente claro.

Aclarar que estos sucesos no son adjudicables al cambio climático no aporta a que la sociedad entienda los problemas que como todas las sociedades del mundo tenemos por delante. La sociedad debe entender que es urgente el mayor esfuerzo de rediseño de toda la sociedad en todo el mundo y en todos los sectores: en el agro, en el transporte, en la construcción, en nuestros hábitos de consumo.

 Sabemos que el planeta se está calentando, y lo podemos sentir claramente en este tórrido marzo. Y podemos medirlo. El sitio climatevisualizer.org nos cuenta en la ciudad que estemos como ha cambiado el clima desde 1960. Si estamos en Mercedes donde los cultivos de maíz se achicharran, sabemos que la temperatura máxima diaria en verano era 28,8º C ahora las máximas en verano son 29,4º C. El sitio, basados en datos más que confiables (climate.copernicus.eu), considera que verano es diciembre, enero y febrero. Estamos en marzo y las máximas están cerca de 40º C. Si a alguien lo tranquiliza el mantra “esto no se puede adjudicar al cambio climático” que se tranquilice, pero si es productor, no está evaluando correctamente los riesgos de su empresa.

Paradojalmente el cambio climático significa más milímetros por año tendencialmente para Uruguay, aunque distribuido en menos lluvias más copiosas. En Mercedes el promedio de lluvias en 1960 eran 1.063mm y actualmente son 1.203,5. Pero los días sin lluvias eran 190 en 1960 y ahora son 246. Más milímetros en menos días. Más períodos con la tierra reseca, seguidos de lluvias copiosas, más riesgo de erosión.

Es posible que la semana próxima empiece a aflojar. Algunas lluvias parece finalmente llegarán, otras pueden ocurrir antes del final del mes, las temperaturas irán gradualmente bajando y ojalá el cambio favorable de las temperaturas del Pacífico se empiece a expresar con lluvias frecuentes y los fríos se demoren. Aún en el mejor de los casos los daños de esta sequía se sentirán por años. El invierno será durísimo para quienes deben dedicarse a producir ganado y ni tienen alimentos ni pueden importarlos de Argentina donde la situación también es catastrófica.  Para la gente común será carísimo desde el tomate hasta el limón. Para el Banco Central, no habrá suba de tasas que baje el precio de las frutas y las verduras. Menos actividad económica y más inflación de la proyectada en el menú de 2023.

Pero al menos que de una vez se entienda lo que indican miles y miles de mediciones objetivas: que si, que el clima está cambiando y la gravedad de eso, no hay manera de que pueda ser exagerada. Y que ya hay que empezar a preparar la próxima inundación y la próxima sequía.

 

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