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La suerte es, para algunos, una clave para el éxito en distintos ámbitos

Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

La suerte ningunea a Tabárez

Tal pareciera que a la buena fortuna dejó de interesarle la selección uruguaya de fútbol 

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31 de octubre de 2021 a las 05:05

Que con supina necedad sigue insistiendo en poner a Matías Viña, quien al menos con la camiseta celeste ha sido cien por ciento prescindible (ni un solo partido lo salva). Que nunca cita a Leandro Cabrera, capaz de jugar en esa posición y quien está teniendo gran temporada en el Espanyol de Barcelona. Que a los cinco minutos de comenzados los partidos a la mente del hincha le viene la canción del finado Quique Villanueva cuyo estribillo dice: “A qué estamos jugando (dímelo) / Yo no lo sé (yo, no lo sé)”. Que falta gol; que los mediocampistas no pueden dar un pase bien al compañero ubicado a cinco metros de distancia (sería un milagro ver un pase filtrado); que ni siquiera lo mejor que tenían las selecciones uruguayas, la defensa, funciona con eficacia; que el entrenador se olvidó de dar explicaciones sobre los resultados adversos reiterados (no somos tan bobos ni tampoco el nivel de complejidad es tan alto: no hablamos de física cuántica sino de fútbol); que ninguno de los jugadores termina un partido completo con buenas calificaciones, que en 90 minutos el golero puede fácilmente tener seis atajadas espectaculares y tres errores calificables con el mismo adjetivo; que es tan grande el escepticismo de la gente que ni siquiera la modificación de un jugador por otro genera entusiasmo y mucho menos esperanza; que faltan en el mediocampo futbolistas capaces de emular al muro de Berlín y parar a todo el que quisiera pasar, casos Egidio Arévalo Ríos y el Ruso Pérez en el pasado reciente, jugadores que convertían al medio campo en Vietnam durante la guerra; que pudiera haber alguien en la oncena, uno al menos, capaz de tirar bien un centro o un córner (hasta eso falla); que la tozudez del jefe a cargo es ya blindada sordera, propia de quien está cayendo desde los aires y no sabe que el paracaídas no se ha abierto; que el tiempo se acaba y las mejorías siguen brillando por su ausencia, que…, etc. Y la lista de negatividades asociables a la dirección técnica de OW Tabárez podría prolongarse hasta parecer interminable. Sin embargo, entre todas las cosas ausentes, hay una que falta más que todas las restantes juntas: la suerte. Por lo tanto, sería un horror decir con despreocupación, como si diera lo mismo, que hay dejar a la selección a su suerte y verdad; no sabemos cuál es su verdad, pero nos consta que la falta de suerte es casi absoluta. 

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