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29 de enero 2023 - 17:24hs

Alemania es la cuarta potencia económica de la Tierra, después de Estados Unidos, China y Japón. Tiene algo más de 80 millones de habitantes y sin duda es la locomotora de la Unión Europea. No hubiera sido posible el euro como moneda y un mercado común entre 27 naciones sin la pujanza de esa nación y los acuerdos que, desde el fin de la Segunda Guerra, fue firmando con Francia, la séptima economía global con 68 millones de habitantes.

El canciller alemán Olaf Scholz emprendió una breve gira por Argentina, Chile y Brasil junto a una veintena de empresarios de su país que tienen inversiones en estos países o que buscan oportunidades. Hay una clara sintonía política del socialdemócrata Scholz con los mandatarios de las tres naciones que visita; sin embargo, por varios motivos, la parada en Brasil es por lejos la más importante.

No solo porque Scholz felicitó calurosamente a Lula no bien ganó el ballotage. Sino porque en términos políticos Jair Bolsonaro representa para la socialdemocracia y el socialcrisitianismo europeo todo lo que no quieren. En primer lugar su desembozado autoritarismo y ultraderechismo, un fenómeno político que creció en los últimos años en el Viejo Continente y que, en particular en Alemania, tuvo aristas muy delicadas cuando el pasado 7 de diciembre, la policía alemana desbarató un intento de golpe de Estado.

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Si bien nunca hubiera podido prosperar, entre otras cosas porque se trataba de unas células clandestinas que no tenían siquiera respaldo en una expresión política, en Alemania ya hay formaciones de ultraderecha y el episodio de hace menos de dos meses todavía conmueve a la sociedad de ese país.

Hubo unos 130 allanamientos en 11 de los 16 estados que conformaron una "operación antiterrorista'', como la calificó el ministro de Justicia, Marco Buschmann, que dejó al desnudo una trama "impulsada por fantasías de violentos golpes de Estado e ideologías conspirativas''.­

Lula no está en el mejor de los mundos posibles porque ganó por muy poco en el ballotage a Bolsonaro. Pero logró conjurar un movimiento violento el pasado 8 de enero, tras lo cual dialogó con todos los gobernadores de los 26 estados que componen Brasil además del gobierno de la capital, Brasilia.

Para Scholz y para muchos políticos europeos –y no solo europeos- Lula es una referencia obligada. De formación marxista y con los movimientos católicos del Tercer Mundo, iniciador de una fuerza sindical en el gremio metalúrgico que fue la base del Partido Trabalhista, en este tercer mandato, este líder social buscó ampliar su base de sustentación en una coalición donde está el centro y la centro derecha brasileña. Tiene un vínculo armado con Washington que es sólido. Sin esos dos elementos, la locura de tomar las sedes de los tres poderes constitucionales a una semana de su toma de mando, quizá hubiera sido otra cosa.

Su capacidad política queda en evidencia para propios y ajenos: intenta blindar cualquier desvió de la vida institucional democrática. Para el canciller alemán es un dato clave, porque Alemania es la locomotora de Europa pero dependía hasta hace poco del gas de Rusia y le vendría muy bien a la economía de ese país volver a tenerlo.

Sin embargo, nada indica que la guerra en Ucrania esté cerca del final. Y Scholz, a regañadientes, acaba de decidir el envío de tanques Leopard 2 a Ucrania. Esto lleva al segundo punto del interés de Alemania con Brasil, que es la primera economía latinoamericana y comparte con Corea del Sur el décimo PIB más grande del mundo, tiene 215 millones de habitantes y el 80% de la selva amazónica, el pulmón del planeta.

Brasil forma parte de los BRICS con Rusia, India, China y Sudáfrica. Lula, que tiene una política de no intromisión en el conflicto entre Rusia y Ucrania, acaba de decidir que Brasil no enviará proyectiles fabricados en su país a Ucrania. Del mismo modo que sus vínculos comerciales con Estados Unidos y con China son sólidos. La producción de oleaginosas y de carnes son los principales productos de exportación brasileños. El 30 % de las exportaciones va a China, el 11 % a Estados Unidos.

El tercer receptor de los productos de Brasil es Argentina con solo el 4,2 % pese a que los acuerdos del Mercosur fueron firmados hace algo más de 37 años por José Sarney y Raúl Alfonsín. Ese acuerdo, al que se integraron Uruguay y Paraguay, tiene no pocos puntos interesantes pero jamás pudo convertirse en un factor de integración para el sur del continente.

Scholz es partidario de los acuerdos Unión Europea Mercosur porque ahora se abre una ventana de oportunidad y un proyecto a mediano plazo. La oportunidad es la energía. Brasil tiene petróleo y gas. Además, las próximas inversiones de Brasil en el gasoducto Néstor Kirchner ubicado en Neuquén, Argentina, permitiría la llegada de gas barato al potente sur brasileño que ya no va a poder alimentarse de los alicaídos yacimientos bolivianos.

Oportunidad es también la agenda del cambio climático que es urgente en la Amazonia y que requiere de las inversiones comprometidas desde los Acuerdos de París de 2015, siempre postergadas, por los lobbies, por la pandemia, por la guerra en Ucrania y por la voracidad del sistema productivo basado en los combustibles fósiles.

Pero hay una agenda de mediano plazo que la burocracia europea y el proteccionismo de sus socios crea muchas dificultades. No es fácil desalojar los intereses de los agroproductores franceses, italianos, alemanes y del resto de la eurozona. Defienden sus parcelas de producción de carne, frutas, vinos, aceite de oliva o cualquier otro producto que tienen desde hace muchas generaciones.

Sin embargo, hay posibilidades de complementación. Más allá de eso, en las economías del conocimiento y las nuevas tecnologías, en la formación de cuadros académicos, Brasil –y el resto del sur americano- tienen avances muy significativos. Alcanzaría con firmar convenios para que los talentos no se vayan formados por universidades o empresas de la región como se van. No debería ser lo mismo que llevar jugadores de fútbol a las ligas europeas.  

Un paso importante y no retórico por parte de Scholz en Brasil será la reactivación del Fondo Amazonía, constituido en 2008 con aportes de Alemania y Noruega. Fue precisamente firmado en el segundo mandato de Lula y suspendido por Bolsonaro en 2019, en el marco de una deforestación tan despiadada como favorable para los intereses de los grandes terratenientes que utilizaron esas tierras arrasadas para vender madera, criar vacas y sembrar oleaginosas.

Ahora Alemania aportará unos US$ 30 millones al mayor pulmón del planeta. Uno es para promover la bioeconomía y el otro será contra la deforestación. El fondo que ahora se reactiva cuenta con unos US$ 600 millones que Lula destinará en programas bajo la órbita de la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva.

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