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28 de enero 2023 - 5:00hs

Durante su campaña electoral, Lula prometió combatir la devastación de la selva amazónica, especialmente en las reservas indígenas. Al llegar al gobierno, acusó al expresidente Jair Bolsonaro de facilitar el genocidio contra el pueblo indígena yanomami, que vive en lo profundo de la selva amazónica a lo largo de la frontera entre Venezuela y Brasil. Y dio pasos certeros al crear el Ministerio de los Pueblos Indígenas y colocar a una indígena al frente, la conocida activista Sonia Guajajara, convertida en la primera ministra indígena de la historia de Brasil.

También puso a Joenia Wapichana, primera diputada indígena de Brasil, al frente de la Fundación Nacional del Indio (Funai), que fue rebautizada como Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas, ya que la palabra "indio" se considera discriminatoria.

El pueblo yanomami vivió en un aislamiento casi total hasta la década de 1980, cuando se encontró oro en su territorio. Durante las décadas transcurridas desde este descubrimiento, unos 40.000 mineros ilegales se abrieron paso en el territorio, propagando enfermedades como la tuberculosis y la malaria y contaminando los ríos con mercurio en su búsqueda de oro.

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El 20 de enero, el Ministerio de Salud de Brasil declaró la emergencia médica en el territorio. Según el organismo, 570 niños murieron de desnutrición y enfermedades prevenibles durante los últimos cuatro años de la presidencia de Bolsonaro, que ignoró abiertamente las actividades mineras ilegales y la subsiguiente emergencia humanitaria generada por las mismas desde la década de 1990 entre la población yanomani que asciende a unas 30.000 personas.

Existen estudios que muestran que la extracción de oro puede estar relacionada con la tuberculosis, la malaria, el envenenamiento por mercurio y la desnutrición.

Un estudio de 1997, publicado por investigadores brasileños en la revista PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, encontró que la tuberculosis, que asoló Europa y los Estados Unidos en el siglo XVIII, sólo comenzó a propagarse entre los yanomamis después de que gente ajena a su comunidad se pusieran en contacto con ellos a mediados del siglo XX.

El primer caso informado de tuberculosis se remonta a 1965, pero fue sólo en la década de 1980, cuando se descubrió oro y los forasteros comenzaron a llegar a la región, que la infección se extendió por toda el área y se convirtió en una epidemia.

En las décadas transcurridas desde que comenzó la extracción de oro y la tala de árboles en la zona, y especialmente en los últimos años, los investigadores observaron también un aumento "notable" de casos de malaria entre los yanomamis.

En un estudio publicado en Malaria Journal, de BioMed Central, a fines de 2022, los investigadores describieron dos razones probables del aumento en los casos.

La primera radicaría en la dificultad para las autoridades de salud de controlar el virus en las zonas fronterizas, y la segunda se debería a que la minería ilegal altera el medio ambiente debido a las excavaciones de grandes huecos que se transforman en enormes criaderos de mosquitos.

Entre 2016 y 2020 aumentó el número de mineros en la zona. Al mismo tiempo, el número de casos de malaria aumentó un 1.090 % en las zonas indígenas y un 75.576 % en las zonas mineras.

Otro factor contaminante radica en el uso de mercurio líquido en los sedimentos excavados en los ríos del Amazonas.

La penetración de este mercurio en el entorno natural contaminó las áreas yanomami utilizadas tradicionalmente para la caza, la pesca y la recolección y provocó la deforestación de amplias franjas de la selva tropical cercana.

Un estudio publicado en mayo de 2019 reveló que los déficits nutricionales de los niños yanomami que encontraron "eran los más graves jamás informados entre los niños indígenas del continente americano".

"La prevalencia de retraso en el crecimiento, bajo peso y emaciación que se informan no tiene precedentes en la literatura especializada", afirmaba el estudio e indicaba también que esas condiciones se estaban transmitiendo a generaciones de yanomamis.

La investigación sobre el vínculo potencial entre la contaminación por mercurio y el retraso en el crecimiento aún está en curso.

Históricamente, los yanomamis se sustentaron de la tierra. Se alimentan de animales de caza (pájaros, cerdos y peces) y frutas de huertos propios, como plátanos.

“El problema es que los mineros del oro realmente destruyeron el bosque”, dijo Christina Haverkamp, una activista alemana de derechos humanos que trabajó con los yanomanis durante más de 30 años.  

"Los mineros dejan zonas peladas e inundadas donde los yanomamis no pueden construir nada. En estas áreas, toda la caza silvestre huyó y los peces están envenenados con mercurio. En Papiu (un territorio yanomami), tuvimos que traer nuestra propia agua potable. No se puede beber el agua del río debido al envenenamiento por mercurio", dijo Haverkamp.

En muchas partes del territorio yanomami, los mineros destruyeron la cadena alimentaria, lo que hace imposible que los yanomamis se mantengan de la tierra, afirmó también Haverkamp, quien calificó como una verdadera invasión la llegada de los mineros hace 30 años.

"Para los mineros del oro, el territorio yanomami es como un área libre donde pueden hacer lo que quieran, ya que están todos armados. Los yanomamis no tienen ninguna posibilidad de luchar contra los mineros; si lo intentan, los matan. Esa es también la razón por la que algunos grupos de yanomami comenzaron a cooperar con los mineros y a trabajar con ellos, porque no tuvieron ninguna ayuda del exterior para defenderse".

Un informe de la organización sin fines de lucro Instituto Socioambiental señala que muchos de los problemas que afligen al yanomami se pueden prevenir y se pueden tratar con medicamentos y acceso a atención médica. Pero en su informe, llamado "Yanomamis bajo ataque", dicen que las rutas mineras clandestinas bloquearon muchos de los aeródromos que tradicionalmente facilitaron la entrega de atención médica y medicamentos mediante aviones y helicópteros.

La corresponsal de DW en Brasil, Nadia Pontes, informó que, en diciembre, mineros y madereros incendiaron un puesto de salud en territorio yanomami, poniendo en riesgo la vida de 700 indígenas. El equipo médico que trabajaba en el puesto había abandonado el sitio días antes ante los rumores de que los mineros iban a atacar la unidad.

Se calcula que la mitad de la producción de oro en Brasil, que supera las 100 toneladas anuales, es ilegal y representa unos US$ 2.500 millones en el mercado. El ministro de Justicia de brasileño, Flavio Dino, explicó que el Gobierno trabaja para declarar inconstitucional una ley de minería vigente, que fomenta la "circulación de oro ilegal" y que permite que se compre sin cumplir ciertas pautas, ya que se presume “la buena fe" de los vendedores sobre el origen de la mercancía.

Una vez solucionados los problemas de salud y alimentación, el gobierno se plantea el desplazamiento de los mineros ilegales de los territorios indígenas, tarea que no será fácil ya que los emplazamientos mineros están diseminados por un territorio de 100.000 kilómetros cuadrados, llevan décadas de asentamiento y la construcción de viviendas, bares, restaurantes y canchas de fútbol generó grandes intereses económicos y políticos.

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