The Sótano > OPINIÓN

Lo único eterno en esta vida es James Bond

Tal como el nombre de la nueva entrega de la saga lo indica, el agente 007 no tiene tiempo para morir

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23 de agosto de 2019 a las 05:00

Me ha pasado algo raro relacionado al nombre de la nueva película de James Bond. A principios de la década de 1990, un crítico mexicano escribió una elogiosa crítica de uno de mis libros publicado por entonces en su país, destacando el verso que decía: “Mejor morir ahora que todavía podemos”. Lo raro, es que me acordé de mí mismo al enterarme de que el próximo filme de agente 007 se llama No Time to Die (Sin tiempo para morir, cuarta entrega del agente 007 con referencia a la muerte en el título, siendo los otros tres Vive y deja morir, El mañana nunca muere, y Otro día para morir).

Dadas las circunstancias, utilizo la palabra ‘raro’ pues ha pasado tanto tiempo desde la mencionada década, que no recordaba haber escrito lo que ahora parafraseo y que, a decir verdad, no está del todo mal, aunque preferiría morir más tarde, cuanto más tarde mejor, incluso si fuera menos posible que en el presente. Hay críticos literarios con los cuales estoy de acuerdo, por más que a veces ni me acuerde de lo que yo mismo escribí. Es lo que suele pasar cuando una persona comienza a acumular tiempo en su cuerpo y hay inflación de edad. De lo que sí me acuerdo, y sin hacer esfuerzo, es de haber visto todas las películas de James Bond. Supongo que no soy el único.

Ninguna saga en la historia del cine ha tenido tal apabullante capacidad de reinvención y de sabiduría técnica y dramática como para mantenerse actualizada con el correr del tiempo. Años atrás, usando con fruición el control remoto, en un canal de cable me topé con un ciclo de todas las películas de Bond y como tenía muchas cosas para hacer pero no tenía ganas de hacer nada, me las vi todas, nuevamente. Dediqué tiempo –que a esta altura de la vida no me sobra– para ver películas que había visto por primera vez 50 años atrás, como Goldfinger, y por segunda y tercera vez las que vi bastante tiempo después, pues en la década de 1980 compré en formato VHS varios de los filmes de Bond, a los cuales debo tener todavía por alguna parte, pero no sé bien donde.

Mi fanatismo por las películas de Bond, mucho menos intenso que cuando la vida lo era, más intensa que hoy en día, tiene que ver con algo muy simple de explicar: no conozco ningún filme de la serie que sea aburrido. Algunas son mejores que otras, y un puñado de ellas ha sobrevivido el paso del tiempo con elegancia y garbo, manteniendo una prístina capacidad de entretenimiento, que en la ya larga historia del cine emerge como un hecho incomparable. No es algo menor, considerando que sobre el personaje se han realizado 26 filmes y el estreno de cada uno genera siempre una insólita expectativa como ninguna otra saga de acción (ni de lo que sea) ha sido capaz de generar. Aunque aquí debería corregirme, pues la expectativa se genera mucho antes de la llegada del filme de Bond a los cines, pues hoy mismo estoy aquí hablando del nombre de la próxima película, cuando todavía falta bastante para que la podamos ver.

En el mundo del entretenimiento, en el cual incluyo a todas las disciplinas artísticas, el caso de las películas de James Bond es único, incomparable a partir del hecho irrefutable de que solo puede ser comparado consigo mismo. Es un asunto aparte, que solo acepta comparaciones con los errores y aciertos de los filmes de la misma serie que han estado antes y que, por cierto, nunca han pasado a ser patrimonio de un cementerio de automóviles a donde van las cosas condenadas al olvido.

A pesar de que la tecnología –que tanto el agente como sus enemigos usaran en el pasado– resulte hoy en día obsoleta, a pesar de que las chicas Bond representen la belleza de otra época, y a pesar de que en el mundo haya amenazas más graves que la guerra fría, las aventuras cinematográficas del elegante agente secreto, tal vez por transitar esa zona indefinible donde se entrecruzan la magia con el absurdo, han sabido preservar su lozanía. Incluso más, algunos de los filmes son obras maestras del entretenimiento de entrecasa. De ahí que en todo el mundo haya millones de espectadores Bond-dependientes, que esperan cada nuevo filme como si fuera el inicio de algo: de la vida cuando sabe que la intervención de la muerte ha sido pospuesta.

 

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