6 de octubre de 2012 22:29 hs

José Pedro Liendo tiene 22 años y vive en la localidad de Clara, un pueblo de 200 personas ubicado a 70 kilómetros de la ciudad de Tacuarembó. Unir esos dos puntos lleva dos horas en camioneta, debido a las piedras, el barro y las cañadas que conforman la ruta 59. El hombre es peón de estancia desde hace 10 años, cuando terminó la escuela. Nunca volvió a pisar un aula porque ir al liceo le implicaba trasladarse a la ciudad, y no tenía recursos.

Un centro UTU fue inaugurado este año en el pueblo natal de Liendo. Ahora tiene una hija y estudia en la escuela de la que su señora es cocinera. A su vez continúa trabajando como peón, pero mientras se forma en carpintería para aprender un oficio que le permita tener otro ingreso, según relató a El Observador.

Liendo es alumno de primer año del Programa de Formación Profesional Básica (FPB) adaptado al medio rural que el consejo de la UTU desarrolló junto a la Fundación UPM en las instalaciones de la escuela rural de Clara. El estudiante cursa el taller de carpintería del centro y lo complementa con estudios de idioma español, matemática y carpintería.

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Vuelta a clases

El proyecto pedagógico iniciado en mayo de este año consta de una adaptación de contenidos para que 34 estudiantes de distintas edades que viven en pueblos cercanos a Clara puedan continuar sus estudios primarios, ya que hasta el año pasado su única opción era trasladarse hasta Tacuarembó u otras localidades cercanas para hacerlo. Es que ante la imposibilidad de llevar adelante el traslado hacia la ciudad, la mayoría de las personas desertaban del sistema y comenzaban a trabajar en estancias de la zona como peones.

Ese fue el caso de Robert Ferreira, un joven de 16 años que también es peón de estancia. El adolescente había iniciado el liceo en la localidad de Curtina, cercana a Clara, pero a los pocos meses del primer año abandonó y desde hace cuatro años había cambiado el estudio por el trabajo.

Pero con la nueva posibilidad, el jóven decidió volver a las aulas. Ferreira es compañero de Liendo en las clases de carpintería y, aunque lleva seis meses como aprendiz del oficio, ya proyecta “hacer unos pesos” vendiendo las materas de madera que realiza en el taller. Otro de sus compañeros, Rober Fernández, incluso ya le puso precio al producto: $ 12, afirmó mientras, sentado en el patio de la escuela sobre un tronco, lijaba su primera matera. “Esta es para mí. Después las empiezo a vender a otros peones que trabajan conmigo”, comentó.

Curso semipresencial

El programa tiene una carga de 16 horas semanales repartidas entre los dos días de clase y permite una vez aprobados los tres años que los estudiantes obtengan la aprobación del Ciclo Básico. El curso es en modalidad semipresencial. Los trabajos de aula son complementados por tareas domiciliarios.

María y Milagros son compañeras de clase del taller de informática de la escuela técnica instalada en Clara. María tiene 30 años y Milagros 12. Todos los viernes y sábados, los dos días de la semana que tienen cursos, María despierta a Milagros a las 4.30 de la madrugada. Son madre e hija y viven en el pueblo La Hilera, a 30 kilómetros del centro de estudios rural. Salen de su casa 5.30 y hacen seis kilómetros en moto para llegar al lugar en que deben tomar el ómnibus escolar que parte a las seis horas. Regresan a su cas sobre las 19 horas.

“Todos me decían que la mande sola (a Milagros), pero teniendo la oportunidad de estudair cómo la iba a desaprovechar”, dijo María Trinidad a El Observador, y contó que desde los 12 años, cuando terminó la escuela, no tenía clases dentro del sistema formal.

Contenidos

Las clases en la mañana son desde la hora 9 hasta las 12 y en la tarde de 13 a las 16.50. Los contenidos son adaptados al medio en que viven los estudiantes. Además de cursos de idioma español y matemática, los alumnos optan por una especialidad en la modalidad taller que puede ser carpintería o informática.

En carpintería, la intención del primer año de cursos es adaptar los alumnos al uso de herramientas pero también enseñarles tareas de reparación que les sean aplicables en su vida cotidiana, explicó a El Observador el docente de la asignatura, Juan Pintos.

Los estudiantes construyen bancos y bibliotecas para la escuela, aunque también llevan sillas rotas de su domicilio para que el docente les indique como repararlas. Además, desde ayer la ruta 59 tendrá una nueva señalización que indique el camino a Clara. Un cartel de madera con letras verdes, tallado y pintado por los alumnos fue instalado a 10 kilómetros del pueblo.

El letrero fue pintado por Selene Britos, que tiene 34 años y además de alumna de primer año del FPB es peluquera. Mientras pintaba, su hijo Luis, de 8 años, la acompañaba y dibujaba en su cuaderno escolar de segundo año escolar.

En informática también se intenta adaptar los programas. Además de enseñar Office como indica el programa de la ANEP, el profesor Rubens Ferreira proyecta dar un curso intensivo de un programa lector de los códigos que las vacas tienen en sus orejas y la forma de pasar ese registro a planillas de Excel.

Los tiempos

El proyecto educativo fue ideado sobre fines del año pasado tras un estudio de impacto sobre las necesidades del área financiado por la Fundación UPM. A partir de noviembre comenzaron los contactos con el desconcentrado encargado de los centros UTU que, para la sorpresa de los impulsores del proyecto, en un mes y medio entregó el programa pedagógico adaptado al medio rural.

La escuela técnica de Clara incluso fue visitada por el futuro presidente del Consejo Directivo Central (Codicen), Wilson Netto, quien fue presidente del CETP desde y 2005 y asumirá la cúpula de la ANEP con la orden del presidente José Mujica de desarrollar los centros UTU en el interior del país.

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