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No hay almuerzos gratis

Argentina está pagando los platos rotos por políticas equivocadas desde la crisis del 2001

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03 de enero de 2013 a las 00:00

Mientras la mayoría de los países latinoamericanos tienen un fácil acceso al crédito y a costos accesibles, Argentina sigue pagando las consecuencias del default del año 2001 (decretado en el Congreso y festejado con aplausos y vítores de diputados de todos los partidos como si fuera un gol de Maradona o de Messi en la final de la Copa de Mundo). Sigue pagando los costos, también, de la forzosa reestructuración de la deuda externa que más perjudicó a tenedores de bonos internos que a los extranjeros. Y sigue pagando el desdén con el cual trata a sus actuales acreedores financieros como el Club de París, los bonistas que no entraron en el canje de la deuda, los bonistas que sí entraron con bonos ajustados por inflación solo para darse cuenta que la inflación era manipulada por el gobierno, destruyendo hasta la confiabilidad de la estadísticas.

En efecto, según informa la agencia Bloomberg, mientras que “los gobiernos y las compañías de la región captaron una suma sin precedentes de US$55.000 millones en 2012 para aprovechar tasas de interés en mínimos récord, sólo tres emisores argentinos vendieron bonos denominados en dólares en el ámbito internacional. La emisión se desplomó un 75% a US$663 millones el año pasado, la cifra más baja desde 2008”. Y continúa la prestigiosa agencia financiera: “Las compañías y los gobiernos provinciales de Argentina quedaron excluidos de los mercados de bonos extranjeros en tanto los intentos de la presidente Cristina Fernández de Kirchner de aumentar el control de la economía elevan los costos del endeudamiento a 11,43 % –más del doble del promedio de los mercados emergentes-. La expropiación de YPF SA, los controles monetarios y una disputa legal con los acreedores que no entraron al canje de bonos luego de la suspensión de pagos de 2001 han llevado a la mayoría de los emisores argentinos a vender deuda de corto plazo en el plano local”.

Y ello ha tenido el lógico efecto de que “los costos de endeudamiento de las empresas, que se ubicaban en 9,14 % antes de la reelección de Fernández en octubre de 2011, treparon al nivel más alto en tres años de 12,88 % en junio, luego de que el gobierno expropiara una participación del 51 %- en YPF de manos de Repsol SA de Madrid y se multiplicaran las versiones de que Argentina utilizaría pesos para pagar su deuda denominada en dólares”.

Han sido las empresas argentinas las más perjudicadas de las decisiones gubernamentales en muchos casos por carecer de acceso al crédito y en otro por acceder a valores sumamente elevados: más del doble del promedio de otros mercados emergentes, como señalaba Bloomberg.

Esto confirma que no hay almuerzos gratis y que cuando uno se burla de los demás, termina pagando la cuenta. El gobierno argentino y su Congreso pensaron que no pagar las deudas no tiene costos. Los hechos les están demostrando, al gobierno y a la oposición, que toda decisión gubernamental si tiene costos. No hay almuerzos gratis, aunque Argentina sea el granero del mundo. Uruguay, en cambio, con su prudente política histórica de cumplir sus compromisos y evitar a toda costa el default, se beneficia ahora de crédito abundante y barato. Eso sí, es importante no endeudarse porque sí ni para financiar déficit fiscal. El crédito es bueno cuando se usa para financiar proyectos atractivos económica y socialmente. De lo contrario, más pronto o más tarde se termina por pagar la juerga. El ejemplo de muchos países europeos, empezando por Grecia, es una buena muestra de ellos. Que ese ejemplo no caiga en saco roto.

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