27 de abril 2023 - 13:57hs

Alan Beattie

El presidente francés Emmanuel Macron, la presidenta de la Comisión Europea (CE) Ursula von der Leyen, la ministra alemana de Asuntos Exteriores Annalena Baerbock y luego, la semana pasada, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva: el libro de visitas de la administración de Xi Jinping se ha estado llenando rápidamente en los últimos tiempos.

Lula encontró puntos en común con Xi en materia de gobernanza mundial: reducir el dominio del dólar; desplazar el poder geoeconómico hacia grupos como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); y criticar a EEUU por alentar la guerra en Ucrania.

En la práctica, estas grandiosas ideas son extremadamente exageradas. No significan que Brasil se haya unido a un bando geopolítico chino y haya abandonado a EEUU y a la Unión Europea (UE). Más preocupante para Washington y para Bruselas debería ser que China está ofreciendo ayuda inmediata para la prioridad de Lula de reindustrializar Brasil, lo cual puede desafiar el papel tradicional de las economías ricas en la inversión y en el comercio.

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El marco geoeconómico del enfoque Xi-Lula parece bastante endeble si se examina de cerca, en particular el papel de las economías del grupo BRICS. Las rivalidades entre los miembros del grupo, en particular India y China, han convertido la asociación en algo meramente ceremonial. El inventor original de la categorización del BRICS, el execonomista jefe de Goldman Sachs Jim O'Neill, señala que el renminbi, el único rival vagamente creíble de entre los países del BRICS para el papel global del dólar estadounidense, no desplazará al dólar mientras China mantenga los controles de capital.

Brasil ha reducido su exposición a los mercados en dólares desde sus crisis cambiaria y de deuda de finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, y su gobierno actualmente pide préstamos casi exclusivamente en moneda local. Pero, como exportador de materias primas denominadas en dólares, sus compañías estarán expuestas a la volatilidad de las tasas de cambio si se desplaza hacia otra moneda mundial.

El potencial práctico de China como socio comercial y de inversión parece más sustantivo. Lula quiere una política comercial e industrial activista — bastante similar a la de Joe Biden en EEUU — para invertir la tendencia de vaciamiento de la industria manufacturera brasileña, la cual ha caído a sólo el 10 por ciento del producto interno bruto (PIB), y convertir a Brasil en una opción de diversificación para las redes de valor globales.

Los préstamos oficiales chinos a Latinoamérica han disminuido desde 2016, pero sus compañías siguen interesadas en la inversión directa allí: el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC) estima que Brasil fue el mayor receptor individual de inversión extranjera directa (IED) china en 2021. Las compañías automotrices chinas como BYD y Great Wall Motors han invertido considerablemente en la producción de vehículos eléctricos en Brasil. Una relación basada en la IED manufacturera china supondría un gran cambio con respecto al incómodo patrón comercial de las décadas de 2000 y 2010, a veces tildado de "colonial", en el que Brasil exportaba materias primas, pero socavaba su industria nacional al importar productos chinos.

EEUU y Europa tradicionalmente han sido, sin duda, las mayores fuentes de IED en Brasil, pero la política de Biden en EEUU, en particular, es favorable a la repatriación, o al comercio con un pequeño número de socios comerciales de confianza, en lugar de producir en el extranjero. Si bien General Motors (GM) tiene una gran presencia en Brasil, por ejemplo, Ford cesó toda la producción de automóviles en el país en 2021 y se está concentrando en la producción de vehículos eléctricos en EEUU.

La aversión de EEUU a firmar nuevos acuerdos comerciales dificultará los intentos de Brasil de integrarse en redes de suministro dirigidas al mercado estadounidense, sobre todo en comparación con un país como México, el cual tiene acceso privilegiado a través del pacto comercial entre México, EEUU y Canadá, o T-MEC.

Mientras tanto, el acuerdo comercial de la Unión Europea (UE) con el bloque Mercosur, dominado por Brasil, acordado en principio en 2019, sigue a la espera de ratificación. El más reciente obstáculo es que Bruselas — presionada por los grupos de cabildeo ecologistas y agrícolas — insiste en que Brasil firme primero una carta complementaria en la que subraye sus compromisos para reducir la deforestación en la Amazonia.

Aunque se apruebe esa carta, el acceso de Brasil al mercado de la UE pudiera verse obstaculizado por una nueva regulación de la UE sobre deforestación que prohíbe los productos, incluyendo la carne vacuna y la soja, provenientes de tierras recientemente deforestadas. Los críticos de la UE afirman que con frecuencia socava el acceso a nuevos mercados imponiendo barreras técnicas. Tatiana Prazeres, la secretaria de Comercio Exterior de Brasil, le declaró al Financial Times (FT): "No puedes tener una situación en la que se reduzcan los aranceles con la expectativa de un acceso real al mercado y luego, de repente, aparezcan nuevas barreras en el camino. Las conversaciones que estamos teniendo con la UE son muy francas".

Aunque se ratifique el acuerdo UE-Mercosur, no es necesariamente la solución que busca Brasil. Las reducciones arancelarias del acuerdo UE-Mercosur — apodado el acuerdo de "coches por carne vacuna" — incentivarán a los fabricantes europeos de automóviles a exportar al mercado brasileño más que alentarlos directamente a producir en él. El acuerdo también impone restricciones a la capacidad de Brasil de utilizar la contratación pública para favorecer a la industria nacional. Lula le está pidiendo a la UE su propia carta complementaria para aclarar qué margen de maniobra se le permite a Brasil.

Puede que destronar al dólar estadounidense haya ocupado los titulares relacionados con la reunión entre Lula y Xi. Pero los rivales geopolíticos de China en Washington y en Bruselas — así como en París — deberían estar más preocupados por la ayuda directa que las compañías chinas están ofreciéndole a Brasil. Numerosos mercados emergentes se encuentran en una situación similar a la de Brasil, y sus lealtades serán determinadas tanto, o más, por la inversión y el empleo que por las divisas mundiales y por la guerra en Ucrania.

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