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Pablo Giménez: comunicar diseñando

El talento innato y la constancia de desarrollar sus habilidades desde muy pequeño lo convirtieron en uno de los diseñadores más influyentes de Uruguay. Pablo Giménez es visionario, metódico y detallista, pero no deja de lado la funcionalidad y la comodidad de cada prenda.

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24 de mayo de 2018 a las 05:00

[Por Valentina Longo]

La conversación fluye desde el comienzo de la entrevista, mientras pienso lo maravilloso que es cuando una persona encuentra su vocación a tan temprana edad, como es el caso de Pablo Giménez. Realizó su primer dibujo —una mujer embarazada— al año y medio. "La génesis", dice él, mientras ríe y recuerda con cariño. Agrega que ese momento lo marcó, pero que lo que más dibujaba eran zapatos, aunque también tuvo épocas de edificios y autos. ¿Tenés alguno de esos dibujos guardados?, pregunto con curiosidad y recibo la respuesta afirmativa que esperaba. Los bocetos con grafito gris y amarillo caracterizan a este diseñador que está de acuerdo con la afirmación de que la inspiración tiene que encontrarte trabajando. "Si tenés el talento para dibujar, mejor; pero también hay personas que no nacen con él y sin embargo son excelentes comunicándose de otra forma", afirma.

Empezar por casa

Su camino por las distintas facetas del diseño comenzó en su infancia, con una fuerte influencia de su hermana mayor, arquitecta. "Es muy ávida por entender, saber y experimentar en todo lo relacionado con el arte. Creo que el diseño tiene que ver mucho con eso y más cuando hacés una carrera como arquitectura, que yo también hice. La carrera te abre un panorama muy amplio del diseño en sí, a partir de la teoría. Mi hermana me lleva once años y siempre fue de incentivarme. Tuve una formación completamente analógica, y ella me ayudó mucho: por ejemplo, a expresar una idea a través de un diseño o de un texto". Pablo la acompañaba a hacer croquis de la ciudad y ella le daba premisas como: "Tomá tu hoja y fijate qué ves", comenta recordándola, mientras afirma, "Me hacía vivir las experiencias". Con ella aprendió a hacer perspectivas y a conocer el mundo de la expresión.

Como era de esperar, en la escuela Pablo sobresalía cuando les mandaban a hacer dibujos. Dibujar era —y continúa siendo— su pasión y su hobby; aunque actualmente también lo complementa con el deporte y la confección de tapizados en la máquina de coser de su casa.

No fue solamente la influencia de la familia la que lo llevó a ser quien es hoy, sino también la de los diferentes centros educativos en los que se formó. A los 5 años comenzó a pintar al óleo por su cuenta y de los 9 a los 13 fue alumno en el Taller de Montevideo. "Aprendí un montón de técnicas, lo que me facilitó desde muy temprano tener cierta habilidad y cierto oficio. Poder comunicar las ideas es fundamental", señala. A los 15 años comenzó a estudiar diseño de indumentaria en la escuela Peter Hamers y lo subraya como un momento importante en cuanto al pasaje hacia otra disciplina, que tenía como centro a la figura humana, con modelos en vivo. Los conocimientos adquiridos allí le permitieron trabajar como ilustrador de moda hasta que, a los 18 años, ingresó en la carrera de arquitectura, que no culminó. No le apasionaban los cálculos ni la matemática que implicaba, pero sí le gustaba el armado de las maquetas y el diseño de los monos. Incluso a sus compañeros les llamaba la atención lo cuidadoso que era y lo bien que los vestía. Todos estos fueron indicios de que su verdadera vocación iba por otro lado.

Inspiración, esfuerzo y trabajo

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Diseñar no es una tarea sencilla. Es encontrar inspiración, trabajar duro y plasmarla en un resultado. A Pablo lo inspiran los diálogos, el movimiento de las personas, la cotidianidad de los lugares, los colores, las formas y los contrastes. Su proceso creativo consta de varias etapas. "El inicio es un tanto impulsivo, responde a una necesidad o consulta que activa todos los archivos y experiencias vividas. De ahí paso a generar una respuesta que pueda rápidamente ser validada tanto por mí como por quien esté del otro lado", dice. Luego de que la idea está validada comienza una nueva búsqueda para alcanzar el resultado final. En esta fase intervienen la manipulación de materiales y la creación de bocetos; siempre con la característica del color amarillo destacando la infinidad de fibras grises y negras del grafito. Cada proyecto es tratado con mucha dedicación y para cada uno de ellos estrena un "libro de proceso", donde predominan las anotaciones y, obviamente, el dibujo.

Desde su juventud pasó por varios estudios, donde trabajó como ayudante de arquitecto e ilustrador. Siempre le gustó el ámbito educativo y en 1998 tuvo la oportunidad de comenzar a dar clases de Expresión Gráfica dentro de la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad de la Empresa (UDE), donde también estuvo a cargo de la cátedra. Cuando más adelante la UDE inició la licenciatura en Diseño de Indumentaria, pudo focalizarse más en su amor por las prendas y transmitir su conocimiento.

En 2006 abrió su propia escuela de diseño de moda: Integra Escuela Pablo Giménez. "Me encanta la adrenalina de dar clases, aunque antes daba más que ahora", dice entusiasmado. Actualmente la Escuela ofrece dos carreras: Producción y Comunicación de Moda, y Diseño de Indumentaria, además de diversos cursos y workshops. "Tenemos un total de 50 estudiantes. Es una escuela pequeña, muy personalizada y los grupos son reducidos, pero tenemos varios docentes, porque consideramos que es muy importante el expertise de cada uno en las diferentes áreas; y tener a alguien que las represente es fundamental", explica el diseñador.

Volvé al origen es el lema de admisiones para este 2018 de la Escuela: "Consideramos que hay una tendencia mundial a frenar un poco con lo tecnológico —aunque sabemos que va a estar siempre—, por eso proponemos volver a pasar horas frente a una máquina de coser, que les va a permitir que la costura sea la mejor y las terminaciones sean perfectas. Eso es parte de una cadena de cosas que tiene que tener una prenda y es fundamental", cuenta.

Seguir los procesos

Giménez 1

Cuando Pablo entrevista a un alumno que está indeciso entre las dos carreras que brindan, le pregunta cuál es su verdadero gusto, si el hacer o el planificar. "El comunicador y productor de moda tiene ciertas habilidades: ver la escena, el backstage, la producción, tiene que poder organizar una logística, pelear presupuestos, trabajar con proveedores, hasta participar de un proyecto editorial donde tiene que salir a buscar espónsores o escribir un artículo o reseña. Esta carrera es perfecta para quien quiera trabajar en comunicación de moda, y es lo que todas las marcas buscan". La carrera consta de cinco semestres que están divididos por ejes temáticos, donde trabajan lo audiovisual, la creatividad, lo comercial, lo editorial y en una pasantía.

Lo que más le satisface a Pablo Giménez de su trabajo es concretar proyectos, ver los resultados. Un ejemplo de ello es Mondesign, el desfile de fin de cursos que realizan en la Escuela junto con Montevideo Shopping y un gran equipo. "Cuando se preparan las colecciones de egreso es una adrenalina impresionante". Lo que lleva un año y medio de preparación se evapora en 5 minutos, aunque quede registro. "Es una gran satisfacción cuando el estudiante llega a eso y ves un trabajo terminado. Pero más satisfacción me da ver cómo durante el proceso hace un clic y hay una notoria maduración proyectual".

La Escuela fue seleccionada este año para el Graduate Fashion Week de Londres, la semana de la moda más grande del mundo para graduados. "Para nosotros es una gran ilusión que nuestros alumnos sean seleccionados, porque son universidades las que compiten y nosotros no somos una universidad; sino una escuela pequeña", señala. Por otro lado, la Escuela también está trabajando con el British Council para desarrollar un programa anual, que llevará a un diseñador uruguayo a lugares importantes y enriquecedores dentro del mundo de la moda.

¿Considerás que los uruguayos estamos bien posicionados en cuanto a diseño?, cuestiono. "Nosotros trabajamos muchísimo para que nuestro lenguaje también sea universal. Hay contextos y realidades muy diferentes, pero creo que las nuevas generaciones, si bien tienen gusto por lo ya realizado, también innovan y le meten mucho al trabajo cuando quieren ir por su zanahoria. En Londres no pueden creer el nivel que tenemos acá y las cosas que hacemos en la Escuela", y es un comentario que le ha llegado también trabajando en otras partes del mundo como Chile y Argentina.

Respecto a cómo se logra la fusión e impacto de las dualidades en las colecciones, afirma que sus estudiantes tienen un fuerte manejo de lo tridimensional y de volúmenes, que tiene mucho que ver con su formación en arquitectura, la cual intenta transmitir. Llevan el proyecto a la realidad y no solamente al papel.

Bureau Giménez

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Además del trabajo en su Escuela, el diseñador también realiza proyectos para grandes marcas en su estudio: Bureau Giménez. "En el equipo de Bureau somos cinco quienes contemplamos y complementamos las diferentes áreas de trabajo. Mi rol básicamente tiene que ver con la creación de contenidos y la dirección creativa. Un lindo dato es que tres de los miembros del equipo son exalumnas".

Pablo sabe cómo organizar su trabajo y cuenta que desde un inicio el estudio Bureau y la Escuela funcionaron en el mismo edificio retroalimentándose. Son muchas las veces que las acciones realizadas desde Bureau incluyen a los estudiantes y viceversa, proyectos de ellos son utilizados como contenido para el estudio. "De todas maneras, ambas plataformas contienen desde su génesis objetivos diferentes e independientes, aunque es inevitable el cruce", aclara.

Giménez define su estilo como variable, perenne y amigable con el entorno. Esa flexibilidad es la que se refleja en cada uno de sus trabajos; la misma que lo ha llevado a trabajar para marcas como Mercedes Benz, L'Oreal y Rotunda, con públicos bien diferentes y exigentes. El detalle, la amabilidad y la preocupación, pero, sobre todo, la ocupación por cada proyecto en el que se embarca lo caracterizan y son un claro ejemplo de que es un apasionado por su trabajo.

Retail vs slow fashion

Para Pablo Giménez, estas dos formas de hacer y ver la moda van a convivir: "El retail vive de la autoría y viceversa. Hoy las mejores colecciones cápsula son de retail con un diseñador emergente. Y creo que se necesitan la una a la otra. Personalmente, entiendo que en cuanto a indumentaria las cosas tienen que durar y vamos hacia eso, el descreimiento hacia lo rápido, hacia el consumo descartable. Entonces, si tengo que tomar una postura adopto esa, la de los productos que tengan una historia, que hablen de una economía circular y que tengan que ver con los sentimientos".

Más de cerca


¿Quiénes son tus grandes referentes?

Yohji Yamamoto, Raf Simons y cuando era chico Christian Lacroix era mi fascinación. Luego me empezó a gustar mucho todo el movimiento antifashion.


¿Cómo sos vos a la hora de vestirte?
Soy de lo más básico del mundo. No soy de expresar con la indumentaria estados de ánimo, por ejemplo. Soy más de expresar comodidad, entiendo mucho la funcionalidad.

¿Aconsejás a las personas de tu círculo sobre qué ponerse?
En general siempre me preguntan o piden ayuda, pero lo que veo es que a partir de la era digital y de las redes sociales las personas tienen otra información y juegan con eso. A veces, más que preguntarme me cuentan o me dicen "mirá lo que tengo".

¿Alguna vez pensaste en irte al exterior?

Siempre, todo el tiempo digo "el año que viene me voy", pero tengo un gran compromiso acá y siento la gran responsabilidad de brindar oportunidades en mi país.

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