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28 de febrero 2024 - 5:00hs

“Ten mucho cuidado Caperucita, y no te entretengas en el bosque”, le dijo la mamá a Caperucita Roja poco antes de que la niña se distrajera —y sea engañada— por el lobo de camino a la casa de su abuelita enferma. Blancanieves se fio de la reina malvada que le entregó la manzana envenenada, ¡y eso que los siete enanitos le pidieron que no le abriera la puerta a los desconocidos! Hänsel y Gretel confiaron en aquella anciana con cara amable, la misma que luego los encerró para que engordasen. La literatura infantil es insistente: ¡hay que cuidarse de los extraños! Pero los riesgos a los que se enfrentan a diario los niños y adolescentes, sobre todo en internet, no siempre provienen del contacto con los desconocidos. Al contrario.

Según el investigador Matías Dodel, doctor en Sociología especializado en desigualdades digitales y en efectos de Internet en niños y adolescentes, las moralejas de los cuentos infantiles no reflejan lo que señalan los datos sobre prevalencia de los riegos a los que están expuestos niños, niñas y adolescentes en línea… o fuera de ella (crimines sexuales, bullying). Dodel sostiene que en base a evidencia de diversos estudios (por ejemplo Sutton y Finkelhor, 2023 para Estados Unidos), quienes tienden a ser los perpetradores de crímenes sexuales sobre menores de edad son, mayoritariamente, familiares o conocidos.

Un reciente estudio en curso de la Universidad Católica del Uruguay intenta abordar otra temática asociada a los perfiles de riesgo en línea en adolescentes del país sobre los que se sabe bastante poco. El estudio muestra cómo los riesgos que más reportan los adolescentes uruguayos sobre internet no refieren a las interacciones con extraños o conocidos, sino a los contenidos a los que se exponen o son expuestos.

Dodel aprovechó los resultados de la encuesta Kids Online Uruguay, que lideró en conjunto a colegas de Plan Ceibal, Unicef, Agesic y Unesco, para preguntarse e intentar responder: ¿en qué medida los adolescentes se exponen a contenidos problemáticos en internet? ¿Y qué factores se asocian a esta exposición?

“Cuando el adolescente va creciendo, usa más internet. Bajo esa lógica, acorde pasan los años, los usuarios más se deberían exponer a contenidos “sensibles” o de riesgo. Pero la evidencia, y este estudio en particular, muestra que algunos tipos de contenidos sensibles más asociados a problemas de conducta o salud mental internalizantes (como maneras para suicidarse, o cómo adelgazar de manera agresiva, o cómo lastimarse) no están tan diferenciadas por la edad, sino que la gran diferenciación es el género”, cuenta el sociólogo, quien advierte que este dato “parece asociarse más a diferencias de género vinculadas a la salud mental en la adolescencia que al uso de internet en sí”.

Para decirlo en números: el 25% de las adolescentes admite haber visto en línea durante el último año maneras de cómo suicidarse (en los varones cae al 13%). El 31% de ellas se expuso a maneras de lastimarse físicamente a una misma (en ellos baja al 17%). El 37% de las chicas visitó páginas para ser más flacas, ser anoréxica o bulímica (13% en hombres).

Y si se tienen en cuenta a los no binarios —aquellos que no se identificaron como varones ni como mujeres— la brecha se acentúa todavía más.

“Ser mujer incrementa las chances de exponerse a contenidos de riesgo en internet, sobre todo a aquellos asociados a problemas de conducta internalizantes”, resume Dodel. Estos problemas son los asociados a comportamientos ansiosos, depresivos y problemas somáticos. Sin embargo, no es tan evidente la diferencia de género a la hora de buscar contenidos sensibles vinculados a los problemas de conducta más de tipo externalizantes (comportamientos agresivos, falta de atención, desobediencia y conductas delictivas).

La catedrática de Psiquiatría Infantil, Gabriela Garrido, insiste en que “no es casualidad”. La literatura científica muestra que “las mujeres expresan más la ansiedad, la verbalizan, y además tienen mayor propensión a conductas de espectro suicida… lo que no significa que se suiciden más que los varones (al contrario).

La última encuesta de adolescencia y juventud, por ejemplo, revela que más de un tercio de las chicas entre 16 y 19 años admiten haberse sentido tristes o desesperadas por más de dos semanas seguidas en el último años. En sus pares varones, en cambio, los que se sintieron así se reducen a uno de cada siete. Y eso tiene su correlato con los intentos de autoeliminación y las autolesiones.

En ese sentido, la profesora adjunta de Psicología Alejandra Arias aclara que aquello que se observa con las adolescentes mujeres en el mundo virtual no difiere demasiado del mundo offline: “Los entornos virtuales son ‘escenarios más’ para comportamientos de riesgo, pero no la excepción (solo que ahora) la subjetividad de los y las adolescentes de la actualidad pasa por el mundo virtual”.

Pero, ¿por qué tamaña diferencia de comportamiento entre mujeres y varones respecto a estos temas? Arias reconoce que sigue existiendo una “presión social en lo que refiere en las formas de ser y parecer que es mayor para las adolescentes mujeres” que sus pares varones. Eso no escapa en los entornos digitales, sino que se “sobredimensionan”.

Refiere a que “si bien se ha avanzado en la promoción de un vínculo más sano con el cuerpo y en la aceptación de estándares de belleza diversos, la presión social sigue operando y afecta a las adolescentes. La vulnerabilidad emocional, que de por sí tienen los adolescentes como grupo poblacional (por ser seres en desarrollo), puede operar de forma negativa”.

A su vez, dice, “la exposición de experiencias de violencia donde se hace muy difícil procesar emocionalmente, genera mayores grados de inestabilidad emocional, donde la ansiedad y angustia  operan fuertemente y se dificulta su elaboración. Por lo que la búsqueda de ‘mediadores’ para canalizar estos afectos pueden favorecer la exposición de contenidos de riesgo en internet (como medios para autoeliminarse o cómo lograr bajar de peso de forma rápida sin que se den cuenta tus padres)”.

Dodel, por su parte, concuerda con estas profesionales y pone en duda que a priori exista una razón vinculada al uso de internet o la confianza en las tecnologías, sino que la explicación es más "social" y de "salud mental".

¿Cuestión cerebral? Los académicos admiten que el neurodesarrollo puede ser distinto entre mujeres y varones, pero eso no necesariamente significan conexiones neuronales distintas o aspectos biológicos diferenciales. Solo que el ambiente condiciona a esa etapa evolutiva. Así lo dejó en claro el profesor titular de Neuropediatría, Gabriel González.

Por lo cual, Dodel en su estudio concluye: "La exposición a contenidos sensibles está vinculada fuertemente con el género y habrá que seguir investigando al respecto, puede haber un poco de estereotipos de género, de pautas culturales, hay temas de salud mental de fondo, y probablemente hasta del ecosistema digital en el que habitan. Sin embargo, es imposible responder o inclinarse por alguna de estas hipótesis si no contamos con estudios de calidad y longitudinales. En otras palabras, que sigan a nuestros niños, niñas y adolescentes a lo largo de su desarrollo para entender cómo interactúan todos estos factores en su bienestar".

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