11 de febrero 2024 - 5:00hs

Los teléfonos inteligentes son el casus belli de los tiempos modernos. A menos de 15 años de su masificación, los “expertos” (con o sin título) se aferran a banderas tan opuestas como: “son una droga”, “son el acceso a la biblioteca de Alejandría en tiempo real”, “hay que prohibirlos en clase” o “hay que dar uno por niño”, “nadie debería tener uno antes de los 12 años” o “cuanto antes se aprende mejor”, “son la causa de la crisis de salud mental” o “son un aliado para combatir la soledad”. El uruguayo Matías Dodel, doctor en Sociología especializado en desigualdades digitales, prefiere los matices y propone una dieta de pantallas.

Casi la mitad de los adolescentes en Uruguay reconocen haber descendido sus calificaciones, o haber dejado de dormir o de comer, o haber tenido problemas con familias y amigos por el excesivo uso de internet. Así lo revela la última edición de la encuesta Kids Online que usted lideró en el país. ¿Qué nos está diciendo sobre la capacidad de estos jóvenes de autorregularse?
Los niños y adolescentes no son distintos a los adultos. Hay actividades que nos quitan cierta atención y nos hacen perder la noción de tiempo. Pero eso no significa, como dicen algunos, que se esté necesariamente ante una adicción. El agravante de fondo de esta discusión es que, como dicen otros, las propias plataformas tecnológicas incentivan desde sus algoritmos un mayor uso de internet. ¿Qué se hace ante esto? Se necesita una mayor alfabetización mediática que lleve a una mejor autorregulación. En la adolescencia suelen haber mayores problemas de autorregulación, pero no es por internet, sino porque es una etapa de la vida de experimentación y cambios. Y, por si fuera poco, no todos viven esa experiencia con la misma intensidad y posibilidad de recordarla luego.

¿Qué significa?
La evidencia científica muestra que las mujeres, por su nivel de desarrollo en la adolescencia, suelen tener una mayor autorregulación. Pero, de manera contradictoria, las mujeres y los adolescentes que no se autoperciben varón ni mujer son quienes más recuerdan haber sido afectados por el uso excesivo de internet. Cuando yo era chico tal vez pasaba mucho tiempo en el cibercafé o jugando al Nintendo con amigos, pero no recordaba eso como una pérdida de tiempo para comer o dormir. A otros —sobre todo a otras— esa experiencia en cambio les afectaba distinto. Para que un evento sea recordado tiene que haber algo “saliente”. Es posible que el uso de internet no sea tan “saliente” para muchos varones adolescentes.

"Prohibir es la peor solución, pero (ahí me sale el psicólogo) establecer pautas sí son buenas para regularse"

En esa misma línea, uno tiende a pensar que a menor edad, mayores son las chances de que el uso de internet los afecte. Pero los resultados de Kids Online muestran que los adolescentes más grandes son los que reconocen más esos hechos “traumáticos”, ¿por qué?
Hay dos hipótesis. Una es que a mayor edad, mayor es el uso de la tecnología e internet pasa a ser parte de la dinámica de la vida: pagar las cuentas, estudiar, trabajar, socializar con los amigos. La otra es que a mayor edad se recuerda con mayor precisión cuando un hecho fue “saliente” y te perjudicó. Para no aburrir con términos académicos: aprender a usar internet y el celular lleva su tiempo, más por ahora en que todavía es un instrumento nuevo que la humanidad recién está adoptando. Prohibir es la peor solución, pero (ahí me sale el psicólogo) establecer pautas sí son buenas para regularse.

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En ese sentido, ¿es distinta la autorregulación del uso de internet de un adolescente uruguayo que uno de otro país?
A priori no es distinta. Pero sí la encuesta nos muestra particularidades. O incluso lo muestran otros estudios. En las famosas pruebas PISA, por ejemplo, los jóvenes de 15 años de Argentina y Uruguay suelen admitir mucho más que los de otros países que les molesta el uso de celular en las clases de matemáticas. ¿Por qué? No lo sabemos aún. Dicen que cuando los datos son muy raros, primero hay que dudar del dato y no de la teoría.

Decís que “establecer pautas” de uso de internet y celulares es una buena idea, ¿a qué pautas te referís?
Sobre este tema está habiendo un enfoque equivocado. Se habla mucho de cuántas horas se debería pasar como máximo en una app, o jugando con el celular. Hasta ASSE sacó recomendaciones (equivocadas) en ese sentido. La metáfora del tiempo de pantalla es problemática. No solo porque depende de cómo medís ese tiempo, sino porque más que el tiempo per se importa la percepción del tiempo, qué dejaste de hacer y qué ganaste, qué estás haciendo con el celular y cómo sentís que te está afectando. Vayamos al caso de un adulto que teletrabaja y pasa las ocho horas conectado a internet. Tal vez que en ese tiempo está trabajando, hablando con un familiar en el exterior que está pasando un mal momento, está pidiendo la comida, está pagando las cuentas. ¿Hace un mal uso? Por eso prefiero la metáfora de la “dieta de pantallas”. Casi ningún nutricionista te prohibirá que comas comida chatarra, solo te aconsejará que seas balanceado, que no dejes de comer verduras, que combines proteínas con fibras y carbohidratos. En el uso de internet pasa lo mismo. Uno no almuerza y cena todos los días en la cama, porque hay reglas. Tal vez no es bueno estar con el celular en la cena o en una juntada de amigos, porque ese tiempo es para conversar cara a cara. Por eso las prohibiciones absolutas, o las mediciones del estilo “un niño menor de seis años no debe pasar más de una hora por día con el celular” no sirve de mucho. Insisto: prohibir es una locura y es un imposible.

La catedrática de Psiquiatría Infantil, Gabriela Garrido, se preguntaba en una entrevista con El Observador cuál es el sentido de darle un celular a un niño menor de 12 años. ¿Cuál es el sentido?
Vuelvo a la metáfora de la dieta. A un bebé no le das lo mismo de comer lo mismo que a un adulto. Entonces, internet y los celulares pueden aportarle mucho a un niño, pero sí tienen que haber ciertas reglas y cierta participación de los padres para saber qué es lo que el niño está haciendo (con qué se está “alimentando”). El acceso a pornografía puede que sea terrible para un niño de siete u ocho años, porque todavía no tienen el desarrollo afectivo y sexual que les permite distinguir entre las fantasías y la realidad. En un adolescente de 17 años puede que tampoco sea lo mejor, pero ya a esa edad se cuentan con otras herramientas mentales. Esa misma lógica de la dieta, del metabolismo, vale para entender que, al menos por lo que dice la evidencia hasta ahora, es absurdo hablar de edades en las que se debe prohibir por completo el celular. Cada familia puede tener un arreglo de cuidados y de mediación del uso de tecnologías diferente y tiene que ser de acuerdo a lo que le sirva.

"La Organización Mundial de la Salud comunicó que los videojuegos causan adicción, cuando la evidencia científica muestra que no son los videojuegos como tal, sino otras estructuras que facilitan que se sea adicto al videojuego, o a la timba, o al alcohol"

Las escuelas públicas de Seattle demandaron al grupo Meta aduciendo que, sus algoritmos, eran los culpables de la crisis de salud mental que se observaban en los centros educativos. ¿El algoritmo es el culpable?
Una correlación no es una causalidad. Puede aumentar el uso de internet y los problemas de salud mental al mismo tiempo, pero eso no significa que uno ocasione lo otro. Para medir el real efecto se necesitan otros estudios, de los cuales hay pocos en el mundo, mucho menos en Sudamérica. Sí hay alguno en Estados Unidos que muestra un incremento de las sensaciones de tristeza, soledad, intentos de autoeliminación. Y las conclusiones fueron que puede que internet tengan algo que ver, pero, de tenerlo, contribuye mucho menos que el aumento de la violencia en las calles, o los problemas intrafamiliares, o la pobreza, o la inseguridad alimenticia, o el consumo de drogas. Es decir: aquello que repiten en Chile sobre que internet es como la heroína, es falso. Cualquiera que sepa algo básico de biología se dará cuenta de que la comparación es inexacta. Porque internet tiene sus efectos, y sobre todo hay estudios que hablan de ventanas en que se dan más esos efectos. Pero no es que sea el causante de todos los males. En un momento la Organización Mundial de la Salud comunicó que los videojuegos causan adicción, cuando la evidencia científica muestra que no son los videojuegos como tal, sino otras estructuras que facilitan que se sea adicto al videojuego, o a la timba, o al alcohol. En un momento en China había que registrarse con cédula para jugar en videojuegos, y solo te dejaban dos horas máximo por día. Y en China se reportaron más adicciones a videojuegos que en otros países con libre uso. Como decía Carl Sagan: afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.

¿Por qué se apunta contra internet?
Porque es lo novedoso. Le pasa a toda nueva tecnología. Pasó con el cine, con la radio, con la imprenta. Al principio siempre hay miradas extremas. Un ideólogo llegó a proponer que se repartieran computadoras con internet en toda África porque eso iba a terminar la pobreza…

El estudio estadounidense que citaste mostraba que la violencia afecta más que el uso de internet. Pero, ¿la violencia no es generada en parte por el uso de internet? Hace dos semanas, en el Congreso de Estados Unidos, se les dijo a los delegados de las grandes redes sociales: “Ustedes y sus empresas, sabemos que no es esa su intención, pero tienen las manos manchadas de sangre. Hacen un producto que mata gente”…
Es cierto que las empresas no gastan lo suficiente en regular y moderar el contenido, no hacen demasiado esfuerzo para detectar situaciones que son jodidas. Pasa con el tráfico de imágenes sexuales de niños, por citar un ejemplo simple y aberrante. Pero también hay que ser conscientes de que hay un juego político detrás de estas acusaciones. Uno de los congresistas apuntó contra un singapurense, a raíz de TikTok, porque es una compañía asiática y a Estados Unidos le sirve como blanco geopolítico. Lo que dicen los políticos no siempre está basado en evidencia. Otra vez, conviene pararse desde los matices. A veces se piensa que en las redes sociales los niños están siendo todo el día perseguidos por extraños que luego abusan de ellos. Hay casos de estos y las empresas deberían hacer muchos más esfuerzos. Pero la mayoría de los abusos que se cometen contra niños son perpetrados por conocidos, incluso la mayoría de las veces por personas de la propia familia. En Estados Unidos hubo un estudio grande en 2021 que reveló que el 44% de los ofensores sexuales de niños o adolescentes eran menores de edad (o sea, sus propios pares) y el 70% eran conocidos por la familia. Entonces, ¿el problema es internet o es el abuso sexual y las relaciones no solo digitales?

¿Los algoritmos están haciendo que los niños y adolescentes acaben sumergidos en una burbuja, un gueto digital que les presenta solo lo que quieren ver?
No conviene sacar conclusiones a la ligera. Hubo un tiempo en que se pensaba que internet era la panacea de la libertad y se comprobó que no era así. Pero tampoco lo opuesto al extremo. Hubo un tiempo en que se pensaba que si miro videos de Egipto, todo el día me sugerirá videos de Egipto, pero estudios con robots demostraron que dos usuarios marcando las mismas preferencias no reciben necesariamente las mismas sugerencias. Y en cierto modo lo que sucede en internet es que se replica lo que pasa en la vida fuera de las redes: los niños en Montevideo no interactúan con todos los estractos, porque existe una marcada segregación. Incluso es más probable que internet tenga más heterogeneidad que los homogéneos vínculos que se mantienen fuera de internet.  Dicho esto, lo que sí se está analizando mucho ahora es que en internet te encontrás con gente que piensa muy perecido a vos y otras que piensan muy diferente que tal vez no verías en el cara a cara, entonces se radicalizan las visiones, se polariza el discurso. La polarización no siempre es por juntarse con gente que piensa igual, sino por intercambiar con alguien muy distinto que va corriendo los discursos al extremo.

¿A qué responde la propuesta del gobierno español de restringir el uso de celulares en clase, postura que también venían adoptando los países nórdicos y está a estudio en Uruguay?
Puede que detrás esté la incapacidad de los adultos a darles respuestas a los más chicos sobre un uso adecuado y cuidado. Regular está bien, pero prohibir al extremo trae efectos complicados. Por ejemplo: es bueno que haya algunas tareas en clase en las que se puedan usar los celulares, hacer búsquedas, juegos, ejercicios en tiempo real, o bien que en parte del recreo se pueda jugar como quien juega a la rimadita. Pero en toda convivencia hay reglas. Es inviable que una clase funcione si cada niño saca un celular cuando quiere, porque quiere, sin control alguno. Todas estas dudas que tenemos los adultos, deberían llevar a reforzar la alfabetización mediática en la educación uruguaya. Y digo mediática porque no me refiero solo a internet, sino a cómo se lee (en sentido interpretativo) las noticias, la información que circula, los intereses de los medios o de un periodista, de los políticos…

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