Por Gideon Rachman
Peligros y trampas de formar democracias multirraciales
Manejar las tensiones étnicas, religiosas y culturales es un desafío para todos los países en el mundo
Manejar las tensiones étnicas, religiosas y culturales es un desafío para todos los países en el mundo
Por Gideon Rachman
Entre la plétora de entrevistas realizadas por ex presidente estadounidense, Barack Obama, sobre su último libro, me llamaron la atención dos frases: "EEUU es el primer experimento real en la construcción de una democracia grande, multiétnica y multicultural. Y aún no sabemos si se puede mantener".
Ésa es una perspectiva sorprendentemente lúgubre. Cuando los líderes de raza blanca del apartheid en Sudáfrica sugirieron que la democracia no funcionaría en una sociedad multirracial, los tacharon de racistas. Pero ésa es la posibilidad que el Sr. Obama pareció plantear.
No se equivocó al plantear la pregunta. Los esfuerzos de su sucesor, Donald Trump, para revertir el resultado de las elecciones presidenciales de 2020 se basaron en la afirmación falsa de que había habido fraude electoral, especialmente en ciudades con grandes populaciones de raza negra como Detroit y Filadelfia. Una encuesta reciente muestra que la mayoría de los votantes del Sr. Trump creen que hubo fraude. Aunque parece probable que los esfuerzos del Sr. Trump fracasarán, las tensiones raciales fueron fundamentales en su intento de subvertir la democracia.
En todo caso, el error del Sr. Obama fue sugerir que esos desafíos son exclusivos de EEUU. India y Brasil son también grandes países multirraciales y multiculturales, donde la democracia se encuentra bajo una tensión cada vez mayor.
Los padres fundadores de India independiente insistieron en que el país debería tener una mentalidad secular y que todos los ciudadanos son iguales independientemente de su religión. Pero el actual primer ministro de India, Narendra Modi, es un nacionalista hindú con una mentalidad agresivamente mayoritaria. Su partido gobernante, Bharatiya Janata (BJP, por sus siglas en inglés), no eligió diputados musulmanes en las últimas elecciones. El auge del nacionalismo hindú ha coincidido con un estilo de gobierno cada vez más autocrático que muchos liberales creen que amenaza las libertades civiles de los musulmanes, así como la independencia de las cortes y los medios de comunicación.
En Brasil, Jair Bolsonaro ha utilizado argumentos que recuerdan al Partido Republicano estadounidense. El presidente brasileño ha alegado que es víctima de un fraude electoral. El Sr. Bolsonaro también ha denunciado las políticas de acción afirmativa para los brasileños de raza negra, mestizos e indígenas y señaló: "No viajaría en un avión pilotado por el beneficiario de un sistema de cuotas”. El líder brasileño ha mostrado una actitud ambigua hacia la democracia y a menudo ha elogiado el período de 21 años de régimen militar en Brasil.
Las experiencias de EEUU, India y Brasil sugieren que las tensiones raciales, culturales o religiosas pueden elevarse a niveles en los que algunos políticos y votantes comienzan a rechazar los principios y entendimientos básicos que sustentan una democracia.
Sin embargo, hay contraejemplos de países que se han vuelto mucho más multiétnicos y multiculturales en las últimas décadas sin amenazas serias para sus democracias. Entre ellos se incluyen Canadá, Australia y el Reino Unido.
Entonces, ¿cuál es la diferencia? Una posibilidad es que, en EEUU, India y Brasil, el grupo étnico o religioso más grande ha llegado a temer que su posición en la sociedad y sus privilegios estén amenazados de una forma que (todavía) no es evidente en otros lugares.
En Brasil, el censo de 2010 mostró que los brasileños de raza blanca eran menos del 50 por ciento de la población. En EEUU, las proyecciones de que el país será una minoría blanca para el año 2045 han llevado a especulaciones sombrías entre algunos republicanos de que el partido quizás nunca gane otras elecciones nacionales, y han intensificado los esfuerzos de manipulación y supresión de votantes. En India, la paranoia de la mayoría es menos fácil de explicar, ya que los hindúes representan poco menos del 80 por ciento de la población de casi 1.4 mil millones de personas. Pero muchos líderes del BJP han promovido la idea de que los musulmanes disfrutan de privilegios injustos y que el equilibrio religioso de India se está viendo amenazado.
La cuestión de cómo manejar las tensiones étnicas y culturales dentro de una estructura democrática se ha manejado de diferentes formas en todo el mundo. Algunos países han optado por formas muy pronunciadas de derechos colectivos. Malasia ha consolidado privilegios educativos y laborales para la mayoría malaya. En Líbano, el acuerdo que le puso fin a la guerra civil asignó escaños en el parlamento y empleos en el sector público por religión y secta. Pero en ambos países, las preferencias de grupo se han asociado con el amiguismo y la corrupción.
En el otro extremo del espectro, Francia prioriza la ciudadanía común por encima de los derechos de grupo. Muchos intelectuales franceses se mantienen firmes en su rechazo al comunitarismo, alegando que es una idea estadounidense, ajena a Francia. Este énfasis en los derechos individuales sobre los derechos de grupo tiene claros atractivos para cualquier liberal clásico. Pero está abierta a la acusación de que ignora la realidad de la desigualdad arraigada.
Si observamos varias partes del mundo, no hay duda de que el Sr. Obama tiene cierta razón. Las democracias multiculturales y multirraciales a menudo están plagadas de tensiones, y ningún país ha encontrado una fórmula que funcione claramente. Pero, en un mundo de migración masiva, intentar imponer el monoculturalismo parece cada vez más una receta para el estancamiento o la tiranía. Tanto Japón como Hungría han adoptado actitudes muy restrictivas hacia la inmigración por razones explícitamente culturales. Pero la población de ambos países se está reduciendo.
En otros lugares, los esfuerzos extremos para mantener el dominio de un grupo étnico han llevado a una "limpieza étnica", como en Myanmar, o al encarcelamiento masivo y campos de reeducación que China ha construido para las minorías musulmanas en Xinjiang. Hacer que las democracias multiétnicas funcionen es un trabajo duro e incierto. Pero las alternativas parecen poco atractivas, inviables y, a veces, horribles.