11 de abril de 2011 19:04 hs

Nicolas Anelka, fue expulsado este sábado del equipo de fútbol de Francia por haber insultado al seleccionador Raymond Domenech, el jueves durante el descanso del partido Francia-México.
Con esto, el jugador arruinó definitivamente su primer Mundial y su futuro en el equipo nacional. Al disputar con 31 años su primera Copa del mundo de su carrera, se pensaba que el jugador del Chelsea inglés había alcanzado un equilibrio, y dejado de lado su imagen sulfurosa de “enfant terrible” del fútbol francés. No obstante, para empezar no convenció futbolísticamente.

Pero las presuntas injurias proferidas en los vestuarios del estadio sudafricano de Polokwane hacia el entrenador Domenech (“sucio hijo de …”, entre otras) y reveladas por el diario deportivo L'Equipe, hicieron reaparecer los viejos demonios.

Sin embargo, por una vez, el jugador contaba con varios ases en su manga: la confianza del seleccionador, un puesto de titular en la punta del ataque y el respeto debido a un veterano de la casa (71 convocatorias).

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Pero, las cosas se dieron vuelta desde el comienzo de la preparación. Para empezar, Anelka nunca pudo hacer olvidar a Thierry Henry, mayor goleador de la historia de los Bleus (51 goles en 122 selecciones), de golpe convertido en suplente tras una mala temporada en el Barcelona.

En un plano estrictamente técnico quedó como un enigma. Ya sea en el 4-3-3 probado durante los tres partidos amistosos antes del torneo, como en el 4-2-3-1 puesto en práctica con el Mundial empezado, Anelka no hizo otra cosa que ausentarse de su zona de juego, cuando lo que los Bleus necesitaban era más bien un ariete en punta.

No hay que ir lejos para encontrar una de las razones principales del enorme fracaso ofensivo francés (ningún gol en dos partidos). Además, fue precisamente pidiéndole que jugara más arriba que Domenech provocó la ira de Anelka, al que reemplazó por André Pierre Gignac.

Pero más allá del juego, esa actitud descarada y su obstinación por ignorar a Yoann Gourcuff, dentro y fuera de la cancha, terminaron pudriendo por completo el ambiente. Anelka, bien secundado por Franck Ribery, desterraron a Gourcouff, al que no integraron, entre otros, por su actitud de “mejor de la clase”.

La corriente no pasaba por la delantera francesa y, para su desgracia Anelka y Ribery terminaron por imponer su ley. A su llegada a la selección, el 22 de abril de 1998, los consagrados de la época, Didier Deschamps y Zinédine Zidane a la cabeza, alabaron su ejemplar comportamiento.

Doce años más tarde, en 2010, todo ya era muy diferente. Individualista a ultranza, Anelka siempre tuvo problemas para integrarse en el juego colectivo, lo que lo ha llevado a cambiar de club 8 veces, según su humor o el de sus hermanos, garantes escrupulosos de sus intereses financieros.

Pero, rápidamente podemos recordar los distintos técnicos Bleus con los que Anelka también chocó: Aimé Jacquet, Roger Lemerre y Jacques Santini.

Su reacción al ser convocado a la selección fue reveladora: “nunca tuve por objetivo en mi vida, ni en mi carrera, jugar un Mundial”, declaró a la AFP el pasado 11 de mayo.

No cabe la menor duda de que Laurent Blanc, sucesor de Domenech, hará un análisis metódico de este Mundial al formar un nuevo grupo de jugadores. Anelka, catastrófico en la cancha y peor aún afuera, puede pagarlo muy caro.

Desde ya tiene un hincha de fuste en contra. Desde San Petersburgo, Rusia, el presidente francés Nicolas Sarkozy, tildó todo este asunto de inaceptable.

(AFP)

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