5 de septiembre 2015 - 5:00hs
Por el Dr. Guillermo Fossati

Esta semana el Poder Ejecutivo presentó al Poder Legislativo el Proyecto de Presupuesto Nacional 2015 – 2019. Entre las prioridades del Presupuesto figuran la Educación, la inversión en infraestructura, el Sistema de Cuidados, la seguridad pública y la Salud. Respecto de la educación, Astori señaló que el gobierno hará "los más grandes esfuerzos posibles para llegar al final del quinquenio al 6% del PBI para la educación". Se terminaron las supuestas "certezas". Ya no es afirmación, sino intención. En la campaña electoral debería haberse presentado como una promesa condicionada. Por decir poco, y asumiendo que no se manifestó en campaña lo que en realidad ya se pensaba y anticipaba, faltó prudencia.

Interesa ahora conocer en detalle la composición, distribución y asignación de los recursos del presupuesto para la educación. En tal sentido, uno se pregunta, ¿cuál es el nivel de especificidad y desagregación que debería tener la presentación de las cifras de ejecución presupuestal (gasto en remuneraciones, gastos de funcionamiento, inversión destinada a mejorar la infraestructura edilicia, programas especiales, etc.)? Si bien puede no haberse presentado un proyecto de presupuesto detallado, asumimos que fue diseñado y pensado para dar servicios de educación programados y evaluables, con indicadores de calidad establecidos, con objetivos priorizados, con metas bien definidas, y con mecanismos de control y evaluación claramente establecidos. ¿Es así?
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El presidente Tabaré Vázquez afirmó que el presupuesto destinado a la educación iría atado al cumplimiento de metas. Buena cosa; no hay razón para poner el foco de atención solo en los insumos (recursos). Por otra parte, no existe la práctica de definir metas concretas y ya se anticipan resistencias por parte de los sindicatos de la enseñanza respecto de este planteo del presidente. ¿Qué sucederá? ¿Otro conflicto?

Necesitamos planteos claros y verificables. Ejemplos: 1) Reducir el porcentaje de desertores de la educación media básica en un 50%; 2) Reducir en 80% el porcentaje de alumnos con bajo rendimiento en lectura al finalizar la educación primaria; 3) Reducir en un 70% el ausentismo docente; 4) Lograr que el porcentaje de estudiantes que en PISA 2012 se ubicaron por debajo del umbral mínimo de competencia lectora (un 47%) se reduzca significativamente (comparar con PISA 2018); 5) Lograr que el porcentaje de estudiantes que en PISA 2012 se ubicaron por debajo del umbral mínimo de competencia en las áreas de matemática (56%) y ciencias (un 47%), se reduzca significativamente (comparar con PISA 2018), etc.

Otra: La medición y evaluación sistemática de los rendimientos educativos es algo ausente en los mecanismos de rendición de cuentas e información del sistema educativo uruguayo. No existe un verdadero Sistema Nacional de Evaluación Educativa. El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd), por aquello de que no se puede ser "juez y parte", debería haberse concebido y pensado como una institución verdaderamente externa al sistema que ejecuta la política educativa. Lo importante es que sea una institución técnicamente sólida y que el monitoreo de lo que el país hace y logra en materia educativa esté libre del control sesgado del partido de gobierno.

También se dijo que vendrían reformas para "cambiar el ADN de la educación". Con interés esperamos llegue el momento en que se haga pública la naturaleza y alcance de estas reformas. Esperemos, que si bien no se hicieron públicas, sigan vigentes y que el gobierno no haya desistido. Lo peor sería "tirar la toalla".

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