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Recaptura de cerebros: el programa de becas de posdoctorados de la Udelar

Un programa de becas de posdoctorados de la Udelar da la posibilidad a uruguayos y extranjeros de ser investigadores rentados durante dos años

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07 de julio de 2019 a las 05:00

Por Ivana Brinckhaus

Angela Gorgoglione es italiana e ingeniera ambiental. Empezó en su país el doctorado en Ingeniería de las Aguas y lo terminó en California, Estados Unidos. Allí conoció a su novio, que es uruguayo e ingeniero en Computación. “Después de cuatro años, decidimos que era momento de un cambio, entonces nos planteamos dos opciones: vivir en Uruguay o en Italia. Evaluamos ambos casos y vimos que aquí podíamos trabajar en lo que nos gusta estando juntos mediante los programas de becas de posdoctorado”, dijo ella a El Observador.

Gorgoglione cursó para la Comisión Académica de Posgrado (CAP), y se convirtió en una de las 25 becadas de ese programa de posdoctorado de los grupos de investigación de la Universidad de la República (Udelar), mientras que su novio fue becado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), organismo que también ofrece becas de posdoctorados. 

Junto a Gorgoglione, Juan Scuro, Alejandro Ferraz-Leite Ludzik, Soledad Marton y José Lezama participan del proyecto CAP por el cual fueron becados en 2018 por dos años. Cobran el sueldo de un docente grado 3 por 40 horas de trabajo semanal, un valor nominal de $ 64.569,17. Algunos doctores becados por la CAP fueron anteriormente becados por la ANII, como es el caso de Lezama, quien hizo su grado en Ingeniería Eléctrica en la Udelar y su doctorado en Francia, sobre Matemática aplicada a la visión artificial y al machine learning. Más tarde hizo un posdoctorado en Estados Unidos y luego volvió a Uruguay para hacer su segundo posdoctorado con una beca de la ANII. Estando acá, se enteró de la CAP, así que cuando finalizó la beca de la ANII comenzó la de la CAP, por lo que ahora está haciendo su tercer posdoctorado.

Lezama es uruguayo y celebra –al igual que lo señalan algunos de sus colegas– que esté cambiando la formación en el país gracias a este tipo de becas que dan apoyo económico a los investigadores, algo impensado años atrás. “Mientras que en Europa o Estados Unidos es muy común que la gente haga una maestría, un doctorado o que visualice una carrera de investigación académica, acá la mayoría de la gente no sabe qué es un doctorado, entonces muy pocos van a elegir esa opción”, opinó. 

José Lezama

Scuro, de 35 años, quien estudió Antropología e hizo un máster en Brasil, apuntó que las generaciones más jóvenes están obligadas “a tener un nivel de formación más alto, porque la competencia es cada vez mayor”. 

Para postularse a la beca, cada doctor debió escribir un proyecto de investigación, planteando la problemática a estudiar y cómo resolverla en un espacio de cinco o seis hojas. La CAP evalúa los CV de cada doctor y sus propuestas de trabajo, que deben estar relacionadas con su formación. “Fue impecable para mí poder presentar un proyecto de lo que me gusta hacer. La parte económica está muy bien y también es importante, tenemos que sobrevivir haciendo lo que queremos. (Cuando llegué) me encontré con una cultura totalmente diferente a la italiana, no hablaba ni una palabra de español pero paso a paso me fui acostumbrando”, comentó Gorgoglione. 

Además de integrar una línea de investigación en Udelar, algunos doctores también dan clases como docentes o como asistentes de docentes. Es el caso de Marton, que cursó la carrera de grado en Bioquímica en la Facultad de Ciencias y su doctorado en España, trabajando con octámeros de ARN, que son pequeñas moléculas reguladoras. Vivió en España durante cuatro años y luego se fue por dos años a Brasil. Regresó a Uruguay y realizó una beca de posdoctorado con la ANII, porque después de seis años afuera quería volver. 

Soledad Marton

Marton, quien obtuvo un grado 2 efectivo en Udelar y da clases de Histología en la Facultad de Medicina, destacó que tiene que ajustarse al programa pero que tiene amplia libertad de cátedra. “La formación de la Facultad de Ciencias es muy buena. Estamos bien o muy bien respecto al resto. Perfectamente uno puede hacer cualquier etapa de la carrera en el exterior que no te tendría que ir mal. Nuestro nivel es muy bueno”, resaltó. 

En la misma línea Gorgoglione contó que el año pasado fue asistente docente y se sintió “muy libre en los cursos”. “Pude reconsiderar algunas temáticas y poner algunos temas más recientes”, dijo. 

Más allá del nivel académico, los investigadores señalan que en cuanto a los recursos, en Uruguay se nota la diferencia. “Respecto a los materiales del laboratorio, hay menos disponibilidad, es todo importado. Cada cosa que uno compra debe pagar flete y los gastos de aduana, eso le suma una gran cantidad de dinero. En biología molecular, la mayoría de los materiales son importados. Es un país con menos dinero y al estar tan lejos, nos sale más caro comprar que a un país del primer mundo. Además, está el tema de los tiempos. Me acuerdo que en España pedí un primer y a los tres días ya lo tenía en mi mesa, porque en el propio instituto había un sintetizador de primers. Acá tengo que hacer el pedido y esperar a que venga el mes siguiente”, señaló Marton. 

Ferraz-Leite Ludzik estudió Arquitectura en la Udelar, trabajó como ayudante de cátedra y luego ganó el grado 2. Se propuso salir a continuar formándose en el exterior, ya que en Uruguay no había un sistema de posgrado como hay hoy. Ganó una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y se fue a realizar su doctorado en ese país. Estuvo cinco años allí, que es el máximo tiempo de licencia sin goce de sueldo que brinda Udelar.

Alejandro Ferraz-Leite Ludzik

“Fue todo una gran experiencia, la salida al exterior te da otra perspectiva, uno puede comparar ambos países. El asunto del doctorado es, en mi caso, desde la arquitectura, otear el resto de conocimiento y en lo posible aportar algo nuevo. Cuando regresé a Uruguay no fue fácil insertarse y ocupar un cargo de investigador para seguir adelante con eso. Lo que te permiten estas becas de posdoctorado es dar continuidad a la línea de investigación que uno abrió en el doctorado. Lo que trato de hacer es replicar las cosas buenas de España que acá no tenemos”, contó.

Después de estudiar Antropología en la Facultad de Humanidades de Udelar, Scuro se fue a Brasil en 2009, donde hizo su doctorado sobre el uso de la ayahuasca en el escenario neochamánico. Volver a Uruguay implicó un gran desafío para él y hacerlo a través de este programa lo sintió como una reconciliación con la Udelar.  “Me fui de una forma que hoy pienso que no fue la más inteligente en su momento. Tenía un cargo en Udelar, no era de docencia directa, sino un cargo técnico, entonces yo renuncié a ese cargo y me fui a Brasil sin ningún tipo de vínculo con Uruguay”, contó. 

El después

Scuro expresó la preocupación por su futuro como investigador. “El área humana de Antropología es muy pequeña y súper competitiva, donde imperan lógicas no de las más lindas. Las características del campo académico hacen que cuando uno vuelve a Uruguay, con una maestría o un doctorado, se generen distintas cosas entre colegas y profesores. Desde el incentivo, la envidia, el palo en la rueda, el rechazo, el no abrir puertas…”, dijo. 

Juan Scuro

“Por un lado lo que hace la CAP es excelente, es muy necesario, me siento absolutamente reconciliado y agradecido con la CAP y Udelar, porque es una oportunidad que nunca creí poder tener en Uruguay. Por otra parte, por lo menos en mi área, respecto a los posdoctorados, cuando uno no tiene una pertenencia institucional fija, de alguna forma pasás de una beca a la otra. Si eso no decanta en la creación de cargos efectivos donde toda esa acumulación de conocimientos y experiencias pueda materializarse mediante líneas de investigación, no digo que fue en vano, pero fue un desperdicio”, reflexionó.

De todos modos, insistió en que “continúan imperando lógicas un poco perversas. Para lograr la inserción definitiva de personas como yo, que somos independientes, que no tenemos padrinos ni madrinas que nos abran puertas específicas, es difícil. Y por eso, estamos pagando el precio de la independencia y de intentar una reinserción” dijo. A su juicio, estos programas deben ser pensados en forma articulada con la reinserción posterior. “Ahora es fantástico con la beca, son dos años de gloria pero, ¿y después qué pasa? No existe una beca de posposdoctorado”, explicó Scuro. 

Rendición de cuentas
Los investigadores deben rendir cuentas en dos momentos durante los dos años en que realizan la investigación. El primero, este mes de julio y el segundo en julio de 2020, cuando deberán entregar el informe final de la investigación. “El primer reporte se trata de mostrar si hubo avances concretos como un artículo donde contás un problema que estudiaste y cuál es el estado del conocimiento humano sobre el problema y si se te ocurre alguna forma de innovar”, explicó Lezama.
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