A medida que avanza la actual ola de la pandemia, con un número dolorosamente alto de fallecidos diarios (que va a determinar un abril con casi 1600 fallecidos, casi el doble de marzo) y también un número elevado de contagios, aumentan las demandas al gobierno del presidente Luis Lacalle para que adopte medidas más restrictivas de la movilidad. Más restrictivas aún de las que se han ido tomando en las últimas semanas. Se tilda al presidente de insensible y de privilegiar la economía sobre la salud. Y eso teniendo en cuenta que el efecto económico ya está aquí, con un primer trimestre de actividad deprimida. Todos estamos a la espera de los efectos de la vacunación, que tardarán quizá un par de meses y que no serán una solución mágica. Según las proyecciones del GACH, no es previsible que los fallecimientos de mayo sean menores que los de abril. Por tanto, se requerirá mantener medidas de precaución, de cierto distanciamiento físico, de mucha limpieza. Se requerirá, en definitiva, mucha responsabilidad individual y ciudadana. Esa responsabilidad que visiblemente está faltando en muchos sectores de la sociedad. No ha sido posible “blindar abril” y parece difícil “blindar mayo”.
El pasado miércoles 28 el presidente Lacalle Pou brindó una conferencia de prensa en la cual anunció la extensión de las medidas que se tomaron el 23 de marzo con el objetivo de bajar la movilidad, pero que aprovechó para realizar una serie de reflexiones filosóficas en torno al concepto de “libertad responsable” que son importantes destacar, porque atañen a un tema medular de la organización social.
“Me quiero parar en algo que se ha discutido”, dijo el presidente y defendió el concepto de “libertad responsable”.
“¿Alguien entiende la vida en sociedad sin libertad responsable? Es algo para hoy, mañana, con pandemia y sin pandemia. Es la vida misma en sociedad”.
Asimismo, el presidente refutó a quienes señalan que “fracasó la libertad responsable” y dijo: “Si fracasa la libertad responsable, fracasa la humanidad, la vida en sociedad. Que no todo el mundo se comporte de esa manera no quiere decir que sea algo vigente en la vida diaria de todos nosotros. Por eso apelamos a eso”.
Y en ese punto lleva toda la razón. La “libertad responsable” es la forma natural de vivir en una sociedad civilizada, donde no predomina la ley del más fuerte y donde el gobierno debe velar por el bienestar general, pero sin afectar los derechos individuales o, en caso extremo, limitándolos temporalmente con aprobación parlamentaria.
El binomio libertad-responsabilidad es clave para una sociedad libre y próspera. La humanidad, y en concreto lo que llamamos civilización occidental, que hunde sus raíces en civilización greco-romana por un lado y en la judeo cristiana por otro, luchó durante muchos siglos para conseguirlo. Todo fue en aras de reducir el poder de los monarquías o autocracias de diverso tipo y potenciar el papel de los individuos. Estos avances se fueron definiendo en las diversas cartas de derechos y libertades, y cuya máxima expresión fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU en 1948. Carta elaborada por expertos de todas las ideologías y religiones, que plasmaron allí esos derechos inalienables que no son concesión graciosa del estado ni de la ONU sino inherentes a la persona humana y como tales son reconocidos por el estado de forma expresa.
Por eso tiene razón Lacalle Pou al decir que “si fracasa la libertad responsable, fracasa la humanidad, la vida en sociedad”. Es decir, si fracasa es preciso ir a una vida donde el estado, el monarca, o el autócrata de turno, sea o no elegido democráticamente, hace y deshace a su gusto. Es lo que ocurre, por ejemplo, lamentablemente en Venezuela, Cuba, Nicaragua y en tantos otros países.
Y es por eso que el famoso psiquíatra Víctor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis, señaló al visitar los Estados Unidos, que, así como en la costa este se había construido una magnífica estatua de la Libertad, otro tanto debería ocurrir en la costa oeste, donde habría que construir una estatua a la responsabilidad.
De modo que como dice el presidente Lacalle Pou, la “libertad responsable” no es un eslogan o una estrategia para combatir la pandemia, sino algo mucho más profundo que proviene de la dignidad de la persona humana. Para combatir la pandemia hay que apelar a la “libertad responsable” y también hay que manejar las famosas perillas, tanto hacia un lado como hacia el otro. La libertad responsable no es un “viva la Pepa” donde cada uno hace lo que quiere sino un principio rector de la vida en sociedad. Luego vendrán los ajustes del caso, y ahí juega la actitud prudencial del gobierno que puede ir un poco más acá o un poco más allá. Pero la libertad responsable no se toca. Es la piedra angular de la vida en una sociedad libre.