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2 de abril 2023 - 5:01hs

Cocinero y conductor de radio y televisión, Sergio Puglia fue el entrevistado más reciente del ciclo Posdata, que conduce el periodista argentino Oscar González Oro para El Observador. En la charla, Puglia repasó su trayectoria profesional y personal, contó cómo empezó su vínculo con la gastronomía, si alguna vez se sintió discriminado por su orientación sexual, y si fue tentado para ocupar cargos políticos. 

Además, repasó sus inicios en los medios, que asegura que fue debido a una casualidad, y hasta analizó la forma de comer de los uruguayos a lo largo del tiempo. 

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Este es un resumen de la charla:

¿Cuando te agarra el bicho de la cocina?
Por culpa de mis abuelas, las dos, la italiana por un lado y la criolla por el otro, eran unas maravillas, eran mujeres excepcionales que vivían, además, metidas dentro de la cocina y la que hereda de su madre el arte de la cocina fue justamente mi madre. Yo me crié entre medio de toda esa actividad, así que yo, que quería estudiar Derecho y estudié Derecho y Notariado, pero que nunca me recibí porque sobrevino la dictadura y dejé de estudiar, mi pasión era estar con él en la cocina de los restaurantes o con las mujeres de mi casa, así que cuando tuve que decidir dejar de estudiar por la dictadura y hacer otra profesión me reconvertí en lo que en definitiva mandaba en lo interior en el cocinero.

¿Por qué cambió tanto la cocina? si fuimos bien alimentados. 
Bueno, más o menos. Fuimos bien alimentados, porque lo que hicimos fue aceptar, que lo que teníamos que hacer era alimentarnos primigeniamente para subsistir, después, a influencia de mirar hacia Europa durante muchísimos años, nos internamos en una cocina clásica, contundente, que hace un abuso enorme de los aceites y de las mantecas y de las harinas y del producto básico de nuestra alimentación, porque tanto la Argentina como el Uruguay pertenecemos a la América de carne, quiere decir que tenemos nuestra satisfacción a través de la carne, eso no quiere decir que la comamos bien, que la hagamos bien, que la procesamos bien. Y empezamos en definitiva, como nuestra cultura no tiene una base indígena grande, ustedes tienen una parte del país con una influencia indígena, que es lo que los remite al lugar de nacimiento, pertenecemos al América Latina, pero nosotros no. Nosotros no tenemos una influencia ni un desarrollo de las raíces indígenas como para que nos hayan marcado a fuego, y entonces lo que tenemos es, que nuestra cultura baja de los barcos, es una cultura de la inmigración, hay una reconstrucción a través de la memoria, gustativa proustiana de los platos europeos, pero que dejan de ser europeos y pasan a ser nuestros por el uso reiterado inveterado como costumbre, pero eso no quiere decir que estén bien hechos. Para nosotros son buenos porque nosotros sentimos en ellos la satisfacción, eso no quiere decir que estén bien.

Me hablaste de mamá pero no de papá.
Papá era un hombre muy particular, era un hombre genial, pero yo no tuve con él una relación así de de estar en conjunto conversando como estoy conversando contigo, conversamos muy pocas veces con papá. Él era muy crítico de la forma de vivir que mi madre y yo teníamos. Entonces, para él nosotros derrochábamos, para él nosotros comprábamos las amistades. Esa filosofía de la casa de puertas abiertas que todo el mundo viene y hace lo que quiere, bueno, eso con él era muy complicado, pero era un muy buen tipo. Uno de los de los pequeños nubarrones que tengo en la vida es que se murió sin que yo le pudiera decir que lo quería mucho, nunca. Yo me enteré de cosas de papá después de muerto que me hubiera gustado saberlas estando vivo y ahí hubiera cortado esa cosa de distancia que habíamos establecido en los últimos años y me hubiera acercado un poco más a mi viejo.

¿En qué momento te das cuenta de que sos popular?
Eso fue terrible porque me encerré en mi casa. No quise saber nada del asunto, un día entré a un lugar y la gente empezó a mirarme y a darse vuelta entonces yo lo percibí, pero no quise reconocerlo. La segunda vez que entré a un lugar, me pasó y la tercera vez fue que entré a un lugar y hubo dos personas, dos mujeres mayores que empezaron a aplaudir, y a mí en vez de halagarme, me dio el terror de que había perdido la privacidad. Yo ya no era un anónimo, entonces lo primero que hice fue encerrarme en mi casa, no quería salir y salía a trabajar y venía, iba al restaurante y venía y no quería saber absolutamente nada. Hasta que me di cuenta que era una demostración de afecto, ahí me acerqué a la gente y empecé a convivir y te digo lo que le dije un día a Susana Giménez, le dije” pensar que uno cuando recién empezó le tenía miedo a un montón de cosas, que te reconocieran, a perder la privacidad y ahora si no te reconocen, te volvés loco porque decís, se me fue todo el bombo, ¿que pasó?”

Sos del Partido Nacional, ¿intentaron alguna vez por tu popularidad tentarte para un cargo político?  
Sí, pero yo sé que es lo que quiero, no pretendo nada. Yo soy un militante del partido, soy una persona del partido, trabajo para el partido, milité desde que tenía 16 años dentro de la juventud del Partido Nacional, empecé dentro del Herrerismo, después pasé al Wilsonismo, y nunca les pedí nada. Yo nunca pedí nada. Me decían que militara para una diputación o para una cosa de esas, yo hoy trabajo para la Comisión del Partido Nacional y punto, yo sigo mi carrera. Sigo mi forma de vivir. 

Cuando mirás para atrás ¿qué ves?
Veo a un muchachito que en muchos momentos fue agredido, fue discriminado desde el gordo puto hasta puto de mierda. Que vivía de alguna forma tratando de ocultar su verdadera forma de ser y de sentir, que fue creciendo y fortaleciendo su personalidad a través del estudio y tratando por todos los medios cada día que se afeitaba, decía la frase “conmigo no van a poder”. Y no pudieron.

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Sergio Puglia Oscar González Oro Posdata

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