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Barlow está alojado en un hotel de Punta Carretas

Básquetbol > EL JUGADOR EN LLAMAS

Stambi Barlow, el solidario escritor y cineasta de Defensor Sporting

El escolta de Defensor Sporting nació en Grecia, habla cuatro idiomas, escribió 50 libros, hizo una película y se metió en la Villa 31 a regalar pelotas en una acción que le brotó espontáneamente ante las recomendaciones de no meterse en un lugar peligroso

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09 de enero de 2022 a las 05:03

Los ojos de Kelsey Barlow se abrieron llenos de asombro cuando el taxi pasó por la Villa 31 de Buenos Aires.  Al entonces basquetbolista de Hispano Americano le entró la curiosidad de conocer el lugar. “¿Estás loco? Ahí no vayas, es muy peligroso”, le recomendaron en el club. Sin embargo, un silencioso llamado de su corazón solidario lo terminó metiendo en el corazón de la villa.  

A Barlow, ayuda base de 30 años y 1,96 metros de estatura lo llaman Stambi desde que tiene memoria. “En Estados Unidos, Kelsey es 100% un nombre de nena. No sé por qué mis padres me eligieron ese nombre, pero cada vez que decía ‘presente’ el primer día de clase, todos se daban vuelta a mirarme”, cuenta el basquetbolista a Referí

Nació en Panorama (“en las montañas desde donde se baja a Salónica”), Grecia, y vivió una vida itinerante siguiendo los pases de su padre Ken Barlow, un ala pívot que fue drafteado en primera ronda (23º) por Los Angeles Lakers en 1986 pero que hizo toda su carrera en Europa (hasta 2002) jugando en Italia, Israel y Grecia. 

Con Ken Barlow, su padre

Con Olimpia Milano ganó la Copa de Campeones Europeos (hoy Euroliga) en 1986-1987. Con PAOK conquistó la Copa Saporta (segunda competición continental, en 1990-1991). 
En cada entrenamiento, en cada partido, Stambi estaba ahí. Por eso el básquetbol le corre por las venas. 

Con dos años se metía en las canchas

Y por eso su madre lo metió en todo tipo de actividades cuando era niño: lecciones de piano, ballet, canto, taekwondo y hasta saltos ecuestres. 

“El ballet no me gustó, lo asociaba con las niñas, pero los saltos ecuestres seguro que sí, aunque todo depende del profesor que tengas”, dice. 

Sus primeras palabras las dijo en griego. Pero rápidamente, a los tres años, se instaló en Italia donde vivió en Treviso, Reggio Calabria, Pistoia, Montecatini, Sassari y Livorno.
“Nací en Grecia, pero en donde empecé a aprender y a organizar mis días fue en Italia”.  

Creció mirando fútbol italiano. A Ronaldo hasta que se rompió la rodilla en Inter. A Gabriel Batistuta, Francesco Totti y Alessandro Del Piero. “En Estados Unidos, el soccer es un deporte muy asociado a las mujeres, pero a mí me encanta porque en Italia era de lo que se hablaba en todas partes”. 

Con 11 años, cuando la familia pegó la vuelta a la patria, Stambi vivió en Indianápolis.  

"Por tu personalidad te conviene ir a jugar a Uruguay", le recomendó un amigo

“En 2002 vi como 10 partidos del Mundial. Estados Unidos jugó horrible. El equipo estaba armado para Reggie Miller que en Indiana es una leyenda, pero se lesionó una mano. Dos jugadores me quedaron marcados de ese torneo: Manu Ginóbili y Marko Jaric”. 

Recuerda nítidamente la última jugada del partido donde los árbitros no cobraron una falta flagrante sobre el capitán argentino Hugo Sconochini que a la postre determinó el triunfo de Yugoslavia por 84-77. 

Con el tiempo consiguió una beca y eligió ir a la Universidad de Purdue, a 45 minutos de su casa. 

Completó el ciclo universitario en la Universidad de Illinois-Chicago. Estudió comunicación y sociología pero no se graduó.

No fue drafteado en la NBA y jugó dos temporadas en la liga de desarrollo, en Grand Rapids Drive.  Sí llegó a jugar una liga de verano de la NBA con Detroit Pistons, en 2015. 
Ahí recuerda haber compartido equipo con Quincy Miller, hoy en Nacional, Stanley Johnson que logró entrar a la NBA por seis temporadas, y Spencer Dinwiddie, actualmente en Washington Wizards. El otro que jugó esa liga de verano fue el base Sundiata Gaines, quien también pasó por Defensor Sporting.

Lille de Francia en 2016 fue su primer destino fuera de fronteras. El llamado de las raíces lo llevaron a Grecia. Ahí volvió a familiarizarse con el griego. También habla italiano y español, además de inglés. 

“En mi primera temporada en Grecia, en Aries Trikala, me debían dos meses. Entonces puse en Twitter que mi padre iba a venir al partido contra PAOK donde él dejó un gran recuerdo y es muy famoso aún. Me llamaron entre 30 y 40 periodistas y les dije que si no me pagaban no iba a jugar. Después encaré a los dirigentes y les dije que cuando viniera mi padre le preguntaran si PAOK le llegó a deber dos meses en su etapa de jugador. Al otro día nos pagaron a todos y en efectivo”, rememora. 

Barlow lleva cuatro partidos en Defensor Sporting y pasó las fiestas solo en Montevideo

Los problemas económicos lo fueron sacando de foco en Europa. Todo llegó a un límite cuando estaba en Sakarya de Turquía y los reclamos para poder cobrar nunca se veían satisfechos. 

Un día, en un vuelo Estambul-San Francisco se encendió una lamparita. Stambi se había peleado con su novia y no entendía los motivos que habían generado el enojo en ella. "Fue ahí que me dije: '¿y si escribo un libro de cómo solucionar problemas con las novias?' Pero claro, no hice un master para eso, ¿cómo iba a escribir un libro acerca de eso sin tener la menor idea al respecto? '¿De qué puedo escribir?' Y así surgió la historia de un jugador universitario con una serie de tres libros". 

Siete libros son de historias de ficción cortas, otros 12 de ficción más largos. "En el resto escribo de gente que conozco, pero en situaciones futuras que yo invento". Stambi tiene 50 libros escritos y los tiene disponibles en la Universidad de Indiana y en Florida, donde vive actualmente y compró su propia casa. También escribió una serie de libros en pandemia sobre cómo la NBA debería jugar para seguir generando dinero sin hinchas en las tribunas". 

"Nunca pensé en hacer dinero con los libros, están disponibles gratis en las bibliotecas. La película también", dice. ¿Película? Sí. En pandemia, el hombre se disfrazó de cineasta y dirigió su propia película, The Organization of the Mind. "La hice solo, toda la edición y la selección musical es mía. La grabó una chica que conocí en el Museo de las Artes en Buenos Aires. Aproveché el tiempo libre que me dio la pandemia".

Mide 1,96 metros y juego de ayuda base

¿Dónde? En Argentina. Stambi se volvió a su casa y no completó la temporada con el equipo turco. Pero a mediados de 2019, su agente lo llamó para jugar en Argentina. "Está bien, voy", dijo sin pensarlo dos veces. 

El destino lo llevó a Río Gallegos, allá al sur del mundo argentino en la Patagonia. 

Barlow escribe y se dio maña con el film. Pero a la hora de jugar, juega. Y mucho. Y en Argentina -liga competitiva por excelencia- la rompió. En su segunda temporada 2020-2021 fue elegido el mejor extranjero de la temporada e integrante del equipo ideal (17,6 puntos, 5,8 rebotes, 3,7 asistencias y 1,7 robos por juego además de un récord de un jugador para el equipo de 48 puntos en un partido, ante Libertad, y mejor marca de un basquetbolista en esa temporada). 

En su sitio web, que él mismo diseñó y maneja, tiene un ranking de jugadores de la Liga Uruguaya de Básquetbol y este es su top 10:
1- Marcos Cabot (Defensor Sporting)
2- Victor Rudd (Biguá)
3- Guzmán Vasilic (Defensor Sporting)
4- Stambi (Defensor Sporting)
5- Quincy Miller (Nacional)
6- Donald Sims (Biguá)
7- Hatila Passos (Defensor Sporting)
8- John Flowers (Peñarol)
9- Franco Giorgetti (Goes)
10- Johndre Jefferson (Nacional)
"He jugado en muchos equipos pero en ninguno tuve un compañero como Marcos Cabot, con semejante mentalidad competitiva para afrontar cada partido y súper profesional. Tuve muchos entrenadores en mi carrera, en Europa, que cuando jugábamos contra los equipos grandes nos decían 'No perdamos por 20 puntos'. ¿Lo qué? ¿Así motivás a tus jugadores? Marcos es competitivo en cada partido".  
En Defensor Sporting promedia 16 puntos desde su llegada a principios de diciembre, además de 4,5 rebotes y 3,5 asistencias por juego. 

Esa segunda temporada se jugó en modo burbuja, en Buenos Aires. 

A Stambi le daba vueltas en la cabeza la Villa 31. Un día, haciendo uno de sus 4 kilómetros de corrida callejera, movido por el inconsciente, se metió en la villa corriendo y salió caminando. Nadie se metió con él. Entonces decidió volver a la semana. Pagó de su bolsillo al proveedor del club 12 pelotas oficiales de la Liga, las cargó en una bolsa y nuevamente se metió caminando a la denominada zona roja.

"Había canchas de fútbol que también tenían aros de básquetbol. Todos los chicos estaban jugando al fútbol. Entonces saqué mis pelotas y empecé a tirar. Al rato se fueron acercando y empezamos a tirar durante 50 minutos. No entendían qué hacía ahí y cuando me fui me gritaron para que me llevara las pelotas, pero les dije que eran un regalo". 

Una poderosa y silenciosa acción de integración y de acercamiento del deporte a un sector vulnerable de la sociedad con la firma de escritor, cineasta y basquetbolista. Crack en todas las canchas.   

La llegada a Uruguay

En Beverly Hills, jugando a las 3 de la madrugada surgió una amistad con su vecino que hoy tiene 84 años

Stambi vivió un tiempo en Beverly Hills alquilando una casa en una zona donde viven muchos actores famosos. Al fondo tenía una cancha de básquetbol donde jugaba a cualquier hora. Un día, tirando a las 3 de la madrugada, escuchó al vecino llamándolo para decirle que no eran horas de jugar. El hombre tiene ahora 84 años y es uno de sus amigos de la vida. "Es un hombre muy inteligente, gran visionario para los negocios. Emprendió en el rubro del calzado. Fue quien me dijo que por mi personalidad tenía que venir a jugar a Uruguay, un país que conoce porque ha visitado Punta del Este". 

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