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Carlos Cabezas y sus increíbles historias: la tumba de Korac, la sirena en Tel Aviv y el regalo de un globetrotter

La figura de Nacional, que tiene un pabellón, una rotonda y una estrella en un paseo de la fama en Marbella, hizo historia en el básquetbol español a puro triple ganador y lleva dos temporadas en Uruguay desandando los pasos deportivos de su padre 

Carlos Cabezas es parte de la leyenda del básquetbol español

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28 de marzo de 2021 a las 05:01

9 de junio de 1967, Cilindro Municipal, Mundial de Básquetbol. Un niño de 11 años que daba sus primeros pasos picando la pelota en El Faro asiste a una noche histórica como acomodador de sillas. Yugoslavia le gana por uno a Uruguay cuando en el último suspiro Julio Gómez, jugador de Tabaré, tira de la mitad de la cancha y emboca. Uruguay le gana 58-57 a los vicecampeones del mundo. Al equipo de Radivoj Korac, leyenda balcánica, el mejor jugador europeo en la década de 1960.  

18 de abril de 2001. Un día después de que Unicaja Málaga conquistara la Copa Korac, el plantel para en el cementerio de Novo Groblje de Belgrado y le realiza una ofrenda floral al mito del básquetbol, fallecido en 1969 en un accidente de tránsito. El entrenador Bozidar Maljkovic le encomienda colocar la corona a un joven español de 20 años. 

Aquel niño de 11 es Carlos Cabezas. Este joven de 20 es Carlos Cabezas. El primero: uruguayo, padre. El otro: español, hijo. La pasión: la misma, el básquetbol. 

Cabezas padre creció en el Parque Rodó, se formó en Neptuno y con 19 años, en 1975, le ganó la Copa El Diario al Hebraica Macabi del Chumbo Omar Arrestia. "Hice 33 puntos ese partido y el Cuqui (José) Barizo, que era la figura del equipo, 26", cuenta a Referí desde Málaga donde vive hace 41 años. 

En 1973 se había ido a Estados Unidos a estudiar y jugar al básquetbol, en Michigan. Jugó con las selecciones formativas de Uruguay pero no llegó a ponerse la celeste en la mayor: "En el Sudamericano de Valdivia 1977 fui el jugador número 13. Pirulo (José) Etchamendi dio la lista y quedé afuera. Me quedó solo, llorando en la cancha de Atenas con el pasaporte en la mano". 

Por entonces, jugaba en segunda de ascenso, en Liverpool. "Como pasé de un equipo de Primera a Segunda me tuve que quedar un año sin jugar, por las reglas de la época". Básquetbol de bitumen, al aire libre y sin triples. El hombre la embocaba de todos lados contra focos y vientos. Pero en Navidad de 1977 el destino dio un inesperado giro. Su hermano Hugo, centrodelantero en el fútbol formado en Liverpool fue contratado por Betis desde Estudiantes de La Plata. Y al mismo tiempo, Real Madrid invitó a Sporting a hacer una gira por España. Enterado del viaje de los Cabezas, José Pedro Damiani lo invitó a reforzar el plantel. 

Cabezas desembarcó en Andalucía, se nacionalizó español y por años fue la sensación del ascenso del básquetbol español. Se casó con Maricarmen, sevillana, y tuvo dos hijos: Silvia y Carlos.  

Carlos Cabezas padre en Oximesa Granada

"Mi padre fue mi primer formador. Fueron años de mucho esfuerzo, entre los 7 y los 15 años. En verano veía a mis amigos irse a la playa y yo me quedaba a entrenar y jugar con gente mayor", cuenta acá, de este lado del Atlántico Cabezas hijo, quien en setiembre de 2019 desembarcó en Uruguay para defender a Nacional, el club del que su abuelo fue socio vitalicio. 

Carácter para tomar tiros ganadores

"Yo era chupón, como dicen acá, un tirador anárquico y a fuerza de quedarme sentado en el banquillo por no hacer circular la pelota, por no hacer extra pass, me fui haciendo. Por eso desde chico le fui enseñando lo aprendido a Carlos", revela su padre. 

A los 40 años, con una cirugía en el pie (neuroma de Morton), covid-19 positivo, un desgarro y una semifinal perdida con Aguada, Cabezas hijo cursa su segunda temporada en el tricolor con la ilusión de sacarlo campeón de la Liga Uruguaya. El arranque fue prometedor: triunfos contundentes ante Peñarol y Biguá. 

Contra Peñarol, hizo el triple que quebró el partido

Llegó con el rótulo de campeón del mundo. Pero detrás de esa marquesina hay una increíble historia de progresión, conquistas, tiros ganadores, títulos, estadísticas y sentido de pertenencia a la mejor generación histórica del básquetbol español: Calderón, Navarro, Reyes, López, Rodríguez, los Gasol... 

La pasión le vino en los genes, pero gracias a su primera pelota de mini basket empezó a vivir de sol a luna picando la naranja por toda la casa. Tenía cinco años cuando recibió ese regalo de Larry Spicer, un 2,05 m estadounidense que jugaba con su padre en Oximesa Granada. "Era niño y me ponía a hacer jueguitos de los globetrotters porque había estado en el equipo. Un buen día, con más de 30 años, fui a Memphis a hacer un workout con los Grizzlies. Cuando llegué al aeropuerto me estaba esperando el gran Larry Spicer. Nos abrazamos lloramos y fue un momento muy especial. Ni en sus mejores sueños Larry hubiera imaginado que Carlitos iba a ser campeón del mundo".  

Cabezas hijo nació tocado por esa varita mágica que entre cientos de jugadores talentosos le asigna a unos pocos el poder de ser determinante a la hora del cierre. Esos momentos donde se ganan los partidos. Antes de hacerlo con la selección española lo hizo con el juvenil de Unicaja Málaga para ganar el prestigioso torneo de L'Hospitalet. Eso lo llevó a la selección junior de la roja. 

En el Mundial amateur de Mannheim, una base militar estadounidense en Alemania, en 1998, Cabezas fue figura en la semifinal contra Estados Unidos (que llevaba un invicto de 13 años) y metió el doble, en penetración, que le dio el título contra Australia. "Con más de 40 participaciones, España nunca había ganado ese campeonato", explica Cabezas padre.    

"Fuimos a tiempo muerto y la jugada estaba armada para Navarro. Pero yo cojo la bola y me la juego contra todo pronóstico y la meto jugándomela contra David Anderson, que después fue figura en Barcelona y la NBA", recuerda. 

Después, en Varna 1998 el equipo conquistó el Europeo en final contra Croacia y al año siguiente, en Portugal, ganaron el Mundial juvenil en final contra Estados Unidos. El triple que decidió el pleito, a falta de un minuto fue obra de Cabezas. 

¿Por qué teniendo a la Bomba (Juan Carlos Navarro), Raül López lo buscó a Cabezas? "Éramos los mejores bases de la generación y luego coincidimos en Khimki de Rusia. Un día se lo pregunté y me dijo: 'Carlos, porque cada vez que jugué contra ti siempre me metías la última y sabía que no la ibas a fallar'. Que lo diga Raül López, un genio, un tipo que admiro mucho, es un orgullo". 

Padre e hijo festejando en Portugal 1999

"Primero tienes que tener mucha personalidad, desde que soy niño he metido muchos tiros ganadores, es un don y es trabajo porque cuando entrenaba lo hacía pensando que cada bola era la última. Eso por un lado, por otro el carisma y el carácter para tirar las bolas. Siempre pienso que la voy a meter. Pasó en la final del mundo, pasó para ganar partidos de Euroliga con Unicaja, he tenido esa capacidad, no lo sé, pienso que es trabajo y confianza. Pero hasta el día de hoy me sorprendo la cantidad de veces que lo he intentado y los altos porcentajes de haberlo logrado", intenta explicar Cabezas. 

En la templanza de ese carácter mucho tuvo que ver Boza, Bozidar Maljkovic, el hombre que le hizo colocar la ofrenda a Korac en 2001. "Cuando tenía 18 años me subió al primer equipo. Pero era duro, un día jugaba bien y al siguiente te mataba y llegabas a casa llorando. El día que debuto toda Málaga estaba hablando de mí por mi actuación y al día siguiente teníamos sesión de video a la hora 18. Seis menos 5 ya estaba abajo. El uruguayo no es muy así, hubiera llegado 6 y 10. Pero ¿qué pasa? Seis menos cuarto estaban los cracks. La puteada que me echó ese hombre: 'Jóvenes de mierda, juegan un partido y se piensan que son Michael Jordan, ¿qué horas son de llegar Cabezas?' Siguiente partido no me pone un minuto. No entendía nada. La siguiente sesión de video estaba pronto media hora antes. La disciplina de joven me la marcó esta gente con su disciplina balcánica". 

Los asados del abuelo Nelson marcaron su infancia

En 2006 fue campeón del mundo con España, en Japón tras una sufrida semifinal con Argentina (igual que en Portugal 1999). "Ese triple final del Chapu (Andrés Nocione) pudo haber cambiado la historia". Pero no. En la final, con Pau Gasol lesionado en semis, aplastaron a Grecia 70-47: "Le habían ganado a Estados Unidos (LeBron, Wade, Carmelo, Paul, Battier...) y eran un equipazo: Spanoulis, Diamantidis, Hatzivrettas, Papaloukas y fuimos con la adrenalina y el compromiso de las lágrimas de Pau, salimos con sangre en los ojos y los griegos no la vieron venir y nos fuimos 20 arriba en la primera parte y ya no tuvieron nada que hacer". 

En 2009, tras perder el Europeo de 2007 en Madrid contra Rusia con un doble de último suspiro de Jon Robert Holden, Cabezas salió campeón europeo en Polonia logrando su cuarta gran conquista con la selección. 

Después aparecieron Ricky Rubio y Sergio Rodríguez y Cabezas perdió pie en el equipo. "La posición de base en España siempre ha sido una locura y el equipo siguió consiguiendo cosas. En 2019 volvieron a ser campeones del mundo con Marc Gasol y Rudi Fernández de aquel equipo de 2006". 

Siente que en el debe le quedó un Juego Olímpico. "En 2004 ligué mal por una lesión de espalda y la de 2008 fue una decisión que me dejó una espina". 

Orlando Magic lo fue a buscar en ese 2008. "Fueron a Málaga, estuvimos reunidos por horas, pero no me garantizaban el contrato y yo tenía un contrato muy importante con Khimki. Después tuve tres workouts. El de Memphis, uno con los Knicks y otro en Houston, pero ya era mayor y no ligué, no fui en mi mejor momento, venía de vacaciones, estaba bien en España y no se dio". 

Con Unicaja de Málaga, además de ganar la Copa Korac que es una competición europea, conquistó una liga ACB y una Copa del Rey. Eso implica ganarle a los gigantes que cuadriplican el resto en presupuesto: Barcelona y Real Madrid. También llegó a un Final 4 de Euroliga. 

A ese nivel hizo sonar las alarmas en la cancha de Macabi Tel Aviv. "Fue en mi mejor partido en Euroliga, con 24 años, en un momento idóneo contra uno de los mejores Macabi de la historia: (Sarunas) Jasikevicius, (Will) Bynum, 25.000 personas vestidas de amarillo, una atmósfera increíble. Hice 32 puntos y la canasta para ir a la prórroga y en determinado momento empezó a sonar la sirena en la cancha. El delegado de Málaga, asustado se acercó a la mesa. Entonces le dijeron que el número 10, Carlos Cabezas, había llegado a 44 de valoración, la mejor marca de la historia en esa cancha superando el récord de 43. Después fallé un doble y quedé 41 pero al otro día los diarios titularon 'La mano de Cabezas'". 

A sus títulos con Unicaja y la selección le sumó en 2017 una Liga Sudamericana con Guaros de Lara. Tras jugar en Argentina y Hungría decidió saldar una deuda de sangre: "Carlos, para estar jugando en Hungría andá a Uruguay", le dijo su padre. Y el hijo aceptó el reto Nacional. 

En cancha de Unión Atlética con el bolso

"El jugador uruguayo es aguerrido y el nivel de los extranjeros le da calidad. A mi edad el hecho de no tener viajes largos es muy positivo, la pasión de cada barrio, de cada hinchada es muy curioso por ser una ciudad chica. Mis amigos en Europa no logran entenderlo", dice. "Lo que choca un poco son las infraestructuras que hay, salvo el Antel Arena que es top, es un estadio NBA". 

En relación a la Liga pasada expresa: "Nos quitaron un punto, perdimos a Morrison por lesión, yo me perdí un partido por lesión, no ligamos y en la cancha terminamos 2-2, aunque deportivamente el quinto partidos Aguada nos ganó bien". 

Contra García Morales, un duelo picante

Sobre la polémica incidencia que tuvo con Leandro García Morales dice: "Se habló mucho por la foto, pero nunca en 20 años de mi carrera he baboseado a nadie, fue una jugada en que la intención era buscar la falta para ir al tiro libre y cerrar el partido. Quedó sin más, jugamos dos partidos más, no hubo comentarios de ningún tipo, cada uno se dedicó a hacer su trabajo y punto final". 

Le gusta como trabaja Leonardo Zylbersztein, también le gusta el ritmo de vida montevideano y por ahora solo tiene pensado terminar esta Liga para después ver qué le depara el futuro. Fuera de las canchas tiene emprendimientos empresariales con una cadena hotelera en Málaga. 

Un pabellón con el nombre de padre e hijo

En España, este campeón mundial y premio Príncipe de Asturias, tiene un pabellón deportivo con su nombre, el nombre de una rotonda y una estrella en el paseo de la fama de Puerto Banús. Y sin embargo se aventuró al desafío de jugar la particular Liga Uruguaya haciendo el viaje de su padre en retrospectiva. Qué hermoso es el básquetbol.  

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