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Gustavo Antuña y Pedro Dalton de Buenos Muchachos

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Tiros en el debut, apagones en Valizas y sillas eléctricas: las historias de Buenos Muchachos en vivo

Pedro Dalton y Gustavo Antuña revisitan los momentos más épicos, los más raros y los que la banda más atesora de su historia en vivo antes de la presentación de su nuevo disco

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27 de noviembre de 2021 a las 05:01

Todo empieza con un nombre. Cuando Buenos Muchachos tiene que encarar una presentación en vivo, lo primero que se define es el título. De ahí parte el concepto de lo que se verá en escena, y el trabajo de diseño gráfico para la promoción. Con esos implementos, la banda empieza a trabajar el repertorio, a definir los paisajes por los que quiere que la noche transcurra. Luego, el vocalista Pedro Dalton suele asumir la tarea de ordenar la lista de temas. Pero siempre, lo primero, es el nombre.

Buenos Muchachos es una banda que toca seguido. Más allá del seguimiento de culto que tienen, y aunque ya desde hace algunos años son también cada vez más masivos, su público sabe que puede tranquilamente ir a verlos tres o cuatro veces al año porque la experiencia siempre será diferente. Y eso los convierte en una de las propuestas más atractivas y cautivantes de la escena musical local.

Cuatro presentaciones centradas en las diferentes estaciones del año, un ciclo de shows en el que las canciones son interpretadas sin pausas entre sí, otro en el que los músicos entran y salen de escena, una celebración de un disco puntual que se interpreta de corrido y en orden. Buenos Muchachos no aburre, y no se aburre.

Su guitarrista y miembro fundador, Gustavo “Topo” Antuña, dice que los siete integrantes del grupo tienen “el bicho de hacer algo nuevo, diferente, para no aburrirse. Y reinterpretar las canciones”.

Y agrega: “tampoco salimos mucho de Montevideo, para ser honestos. No somos una banda que se mueva mucho, así que intentamos renovar para el público, porque de última si tocáramos en lugares diferentes, te ve gente diferente y hacer el mismo show tiene sentido”.

El próximo 3 de diciembre el concepto detrás de la presentación de la banda en el Teatro de Verano no será demasiado complejo: es la presentación de Vendrás a verte morir, su noveno disco, lanzado en 2020, y que por primera vez será interpretado de forma íntegra en vivo.

Dalton anticipa que el show estará dividido en dos partes. La primera será la ejecución del nuevo álbum de forma completa, aunque con un orden diferente. “Tiene su orden para el vinilo, tiene su orden para el CD, puede perfectamente tenerlo para el show. Y creo que es interesante el orden, porque lo armamos entre todos, buscándole una narrativa a la música. ¿Después de esto, qué es lo mejor para que el disco se siga entendiendo?”, fue la pregunta que se hicieron para ese primer segmento, que tendrá una segunda parte con el resto del repertorio del grupo.

El inminente Teatro de Verano es el eslabón más reciente en la cadena de las presentaciones en vivo de Buenos Muchachos, que está cerca, a apenas dos meses de los 30 años de trayectoria. En la previa de ese recital, Antuña y Dalton conversaron con El Observador sobre el vínculo del grupo con una de sus facetas más impresionantes, el vivo, y compartieron algunas de las historias más memorables de sus shows. De los épicos, los paupérrimos, los que más atesoran y los que cambiaron para siempre a la banda.

¿Qué se acuerdan del primer toque?

Pedro Dalton: Fue en Solymar, en el kilómetro 25.200. En una casa que estaba sobre Giannattasio, que era de la esposa del bajista. 

Gustavo Antuña: Fue un 2 de febrero. Calorcito. ¿Del 92, no?

PD: Del 92. Era el cumpleaños de la dueña de casa e hicimos el show para algunos amigos de ella, y unos amigos del Topo.

GA: El vecino tiró unos tiros para arriba. 

PD: Por el ruido. Tiró un cuetazo, nosotros le dimos color como locos (risas). Está en las Grabaciones del Cuarto Rojo (cierre del disco Aire Rico, de 1999), El camino del bebedor es de ese primer show. 

GA: Fue para testearnos, para probar a ver qué onda. Un show para amigos. Eran amigos de verdad, era un ambiente familiar, no lo vivimos como un show. Había nervios pero eran amigos.

PD: El primer show posta fue en Juntacadáveres, el 23 de marzo del 92. Tengo el afiche. Ahí si hubo más nervios. Era chiquito, había 30 personas. Que también eran amigos. Pero era otra presión porque se vendía entrada. Pero nunca había que tocar bien, había que tocar con el corazón. 

Buenos Muchachos celebra sus 30 años en 2022

¿Cuál fue para ustedes el show más emotivo?

PD: Me acuerdo perfecto del tercer show en Juntacadáveres, que lo llamamos el Show Azul, porque había solo una luz azul. Andy Adler nos hizo el sonido, con un reverb que sonaba del carajo. Y después al poco tiempo, el 10 de julio del 92, hicimos otro que le decimos el de la silla eléctrica, que también fue imponente. 

GA: Había como una silla de dentista antigua en Juntacadáveres, y la usamos de escenografía. Y a un amigo que nos ayudaba con eso se le ocurrió que Pedro fuera para ahí en el tema Pequeño histérico, y tenía un balde con un flash, como si fuera una silla eléctrica. Y estuvo demás. Eran las primeras veces que tocábamos en vivo y era todo muy energético, pasaban cosas por adentro más allá del toque. Había magia de verdad. Sin drogas, solo con un poco de alcohol.

PD: Era pura víscera eso, y después cuando empezamos a crecer y fuimos encontrándonos con la música de otra manera, también hubo shows así. Para mí el de la Balzo (el ciclo Un lugar del que nadie habla, en 2019) fue un momento de mi vida particular y las seis veces que lo hicimos me pareció un show perfecto, redondito. Y algunos más hay, ya más recientes, en esta etapa más profesional. 

GA: Me acuerdo cuando tocamos con Los Piojos o con Divididos y Las Pelotas, que fueron los primeros Teatros de Verano invitados por bandas que nosotros veíamos. Éramos ultra fans de Sumo y tocamos con Divididos y Las Pelotas, que era una sensación particular, pero era decir "pah, nos están pasando cosas", había algo mental ahí que también era importante.

PD: La presentación del Amanecer Búho también, en el teatro El Galpón, que fue el límite entre lo visceral y lo armado. 

GA: Uno que fue un sufrimiento pero estuvo interesantísimo fue cuando tocamos en El Living, que hicimos tres o cuatro fechas porque entraban 100 personas y metíamos 150. Ahí empezamos a entender que nos estaba yendo bien, dentro de esa escala. Estábamos sobrevendiendo shows. Era para nuestro cerebrito un tremendo éxito, y el corazón se alimentaba un poco más.

¿Un show que cambió a la banda para siempre?

PD: A partir de la Balzo descubrimos que podemos hacer las cosas de otra manera. En el Amanecer Búho nos pasó, y ese 10 de julio del 92 también. Son mojones re importantes de la banda, que son necesarios y que gracias a Dios nos siguen sucediendo. 

Buenos Muchachos presenta su nuevo disco el próximo 3 de diciembre en el Teatro de Verano

¿Cuál fue el show más épico?

PD: También hay un montón. Uno de los más peligrosos fue el que hicimos en un festival en el Parque Roosevelt, que tocamos arriba de unas tarimas que tendrían la altura de una mesa. Era cualquiera. Llegamos y nos daban un chorizo en la mano, "tomá, coman esto". 

GA: La última Fiesta de la X, que también fue ahí, fue en una tormenta tremenda, muy épico. Y me acuerdo de la Vox Pop, que fue una de las primeras veces que tocamos en La Pedrera. No sé si el show fue bueno o no, pero era ir a tocar afuera, en verano, la situación era interesante. 

¿El toque más raro?

GA: Los de Juntacadáveres, Perro azul, Café Marrakech. 

PD: En el Perro azul para ir al baño tenías que pasar por el escenario, que no había, tocabas a nivel del piso. Entre el Topo y yo era la pasada (risas).

GA: El equipo Fender estaba arriba de una cocina de cuatro hornallas. Era bizarro pero en su momento estaba demás. Hoy hay mucha más movida de shows, pero cuando nosotros empezamos, en esa época postdictadura, que todo se había caído, eran los lugares que habían. 

PD: Y sonaban de puta madre, porque eran tan chiquititos que era como tocar en un cuarto. No había escenario. 

GA: Estabas metido adentro de la música. Y los decibeles que usábamos eran una anormalidad. Éramos jóvenes y no teníamos la conciencia que tenemos ahora. No usábamos retorno, nada. Honestamente no entiendo cómo funcionaba. Ta, funcionaba porque tocabas en un living, no había manera de no escucharte. Debía ser tremebundo. Y después hubo un show en Valizas, que se quedó sin nafta el generador. Y se apagó todo. 

PD: Había tanta gente, pegada al escenario, que no se veía nada. Fueron a buscar nafta, con una botella de litro y medio, le pidieron al de una camioneta y se pusieron a chupar la nafta, a cinco cuadras del lugar. Venían, le ponían el litro y medio y se iban a buscar más. No sabés lo que era eso. Y con Marcelo (Fernández, su hermano y guitarrista de la banda) nos fuimos a tocar a capela al medio de la gente para que no se vinieran arriba del escenario. Fue horrible. Espantoso.

GA: Estaba todo lleno de barro. En el momento la pasas mal, pero con el tiempo lo recordás.

PD: Yo igual lo recuerdo como algo horrible (risas). 

Pedro Dalton

¿El peor show?

GA: Había una época en la que honestamente, y hablo por mí, tocaba muy borracho. 

PD: Yo también. 

GA: Era inconsciente, estaba mamado mal y no podía reaccionar. 

PD: La pasé muy mal en Paysandú, en una Semana de la Cerveza, me quedé sin garganta, sin voz, y teníamos que hacer un tema, no me acuerdo cual, y en lugar de cambiarlo quise hacerlo igual y fue penoso. Me da tremenda vergüenza. 

GA: Éramos alcohólicos y drogadictos, pero por lo general lo manejábamos bastante bien. Alguna vez se nos iba la olla y al otro día estábamos con una cola de paja enorme, pero siempre fueron los menos esos shows, por suerte.

¿Cómo vivieron tocar abriendo para bandas como Pixies, Yo La Tengo o Nick Cave?

PD: A mí me gusta ir a verlos. No compartís nada con ellos, porque tocás antes y ta, pero se dio que con los Pixies y con Cave hubo buena onda. Pero con Yo La Tengo fue horrible. No por ellos, sino porque tenían un manager de escenario que era tremendo hijo de puta y arruinó todo.

GA: Sordromo les había prestado la batería a ellos, y en un momento este flaco viene con una sierra, como para cortar un fierro para marcar la distancia entre dos tambores como usaba la baterista de Yo La Tengo. Y ella lo ve que viene con la sierra y le dice "no, no, pará". Venían todos mal, habían tocado en Chile y estaban con cagalera, o algo así. Venían vapuleados. Y con Cave nos pasó que no tocamos los siete porque no entrábamos en el escenario, y tuvimos que reorganizar la música para tocar cuatro, que fue un disparador para la Balzo. En lugar de tocar canciones agarramos y las amoldamos para hacer una obra musical de 30 minutos con las canciones de los Buenos. Fue un disparador para hacer otro tipo de show, que después desembocó en la Balzo. Nos sirvió para cambiar lo que hacíamos usualmente. 

¿Tienen algún ritual antes de subir al escenario?

GA: Levantamos la patita derecha. Nos abrazamos y levantamos la pierna derecha, es algo que empezó a suceder y ahora lo hacemos siempre, no me preguntes porqué. Lo hacemos y nos vamos a tocar. 

¿Qué sienten cuando suena el primer acorde?

GA: A mí por lo menos me pesa más el momento antes de tocar, desde que terminaste de probar sonido hasta que viene el show, esa hora, hora y pico, es el momento que me tensiona más que salir al escenario, con las luces. Ya el ambiente te cambió. Es como que la bocha ya se me fue, ahí ya no pienso. Pero antes, estoy nervioso, camino.

PD: Es como que arranca y ta. No te das cuenta. 

¿Tienen canciones que disfrutan particularmente tocarlas en vivo?

PD: Cambia con los días. Le pasa a cualquier ser humano cuando se levanta. Como los estados de ánimo que tenemos, así me relaciono con las canciones. De repente un tema un día sale del carajo, y me emociona, y mañana lo toco en el mismo lugar, a la misma hora, y no me pasa lo mismo. Y esa es la magia de la música.

GA: En los ensayos pasa también, estamos ensayando pila y a veces se hace un poco tedioso, aunque capaz no es la palabra adecuada. Laburas mucho algo y decís "¿otra vez esta canción?". Pero al otro día, como dice Pedro, esa misma canción te eriza hasta el tuétano y está demás. 

¿Prefieren la sala chica o el festival grande?

PD: Me gusta la sala chica. Y más bien los teatros. Por eso disfruto tanto las giras por el interior, que son en teatros. Lo que veo desde ahí está buenísimo. Creo que somos de ese tamaño, de ese formato, 1000 personas, no más de eso. Para mí ahí ya se genera todo. Y lo que a veces nos pasa es extrañar el tocar por tocar, como en esos festivales, que estás copado, ante un montón de gente que va a ver a un montón de bandas, que no va a ver a vos específicamente, y tenés también una potencia y un equipamiento que está bueno disfrutarlo. Para mi Buenos Muchachos es una banda de sala de teatro o de sala de conciertos, como La Trastienda. 

Gustavo Antuña

¿En qué momento se cortó la presencia del público que iba con sus banderas y hacía pogo, que estaba en sus toques?

PD: Ah, no sé qué pasó. Nosotros no fuimos (risas). No rompimos nada. Yo jodía a la gente para que no salte, tocábamos en lugares diminutos y se ponían a hacer pogo. Y era "bo, si yo puedo cantar parado, vos podés quedarte parado", preferíamos que se pusieran a bailar. Pero no fuimos nosotros. 

GA: Sí, fue algo que se cortó automáticamente. También tenemos un público que es bastante veterano, aunque se ha renovado y ahora hay de todo. 

DP: La gente que va hoy, sobre todo los veinteañeros y eso, los veo en las fotos que sacan de los recitales y están con los ojos cerrados. Nos van a escuchar, y eso me parece alucinante. Si vas a estar a los gritos, haciendo pogo, no me estás escuchando, seguro. 

GA: Y creo que como tenemos varias canciones que son como para que estés sentado, ayuda. Obvio, hay canciones poderosas, pero el clima cambia y está bueno para que escuches, y creo que la gente entendió eso, van más a escucharnos que a vernos. 

¿Nunca se plantearon grabar un disco en vivo?

GA: Lo hemos pensado alguna vez. Es muy costoso. Y grabamos los conciertos del Amanecer Búho de agosto, que fueron tres fechas y se dio hacerlo, y quedó un material súper bueno. Lo de hacer un disco lo pensamos varias veces. 

PD: A mí no me gusta. No me gustan los discos en vivo, en general. 

GA: A mí me pasa algo similar. 

PD: Por más que tengo discos en vivo de cabecera, como The name of this band is Talking Heads, que me parece imponente, siempre me parece que para escuchar en un aparato lo mejor es el disco de laboratorio. Y después ir a ver a la banda y sentirla ahí. 

GA: Siempre el tema ronda, pero creo que a nadie le interesa. No es que nadie sea ferviente defensor de la idea. Pero surgió esta oportunidad, hemos grabado un montón de shows para tener el recuerdo, que han quedado ahí y nunca nos interesó sacarlos. Capaz salen póstumos, el día que estemos muertos (risas).

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