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Pedro Dalton: "El legado me chupa un huevo, hago música para hacerla en vida"

El artista acaba de lanzar Casi farsante con la banda argentino-uruguaya Chillan las bestias, anticipa lo nuevo de Buenos Muchachos y cómo fue ser los primeros en tocar post-pandemia

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29 de septiembre de 2020 a las 05:00

Pedro Dalton dejó de fumar porque le convenía. Le convenía para grabar el próximo disco de Buenos Muchachos, la banda por la que es más conocido. Pero también le convenía para su proyecto junto a Luciano Supervielle (Con un montón de ojos en la cabeza), para el “supergrupo” Wild Gurí, que integra junto a Sebastián Teysera, Ernesto Tabárez y Garo Arakelian, entre otros, y también para Chillan las bestias, la banda argentino-uruguaya que acaba de publicar su tercer disco, Casi farsante.

El álbum originalmente sería parte de una trilogía junto a los dos primeros discos de la banda, plan que la muerte del guitarrista Marcelo “Chacha” Chiachiare en 2017 alteró. Aunque en el disco hay temas del músico argentino, la banda decidió separarlo y diferenciarlo de sus antecesores poniéndole un título, y planteándolo como un cierre de esa etapa.

La presentación del disco quedó lógicamente postergada por el impacto de la pandemia, sobre todo en la margen occidental del Río de la Plata. Aunque Dalton ya volvió a los escenarios uruguayos, extraña juntarse con sus compañeros argentinos, que recién ahora volverán a ensayar después de seis meses sin verse. Por ahora, al artista uruguayo no le queda más que esperar.

La pandemia truncó también sus visitas periódicas a Buenos Aires, donde iba a ensayar, tocar o grabar con Chillan las bestias. “A mí Buenos Aires me encanta, es parte de mi vida. Es una ciudad donde he vivido, donde voy tan asiduamente que es parte de mi itinerario usual. La recorro, a veces voy solo y me la gozo, otras veces estoy con ellos, pero trabajan y me voy a dar vueltas. Hay de todo para ver, de todo para hacer. Es una megaciudad donde pasa el mundo, y está acá al toque, así que la extraño un montón”, dice Dalton en un bar del centro de Montevideo, donde desde hace meses se puede hacer música en vivo.

Dalton, que ya no fuma, y desde hace algunos años está obsesionado con hacer toda la música posible y no perderse ninguna oportunidad para disfrutar la vida, habla sobre el vínculo con los múltiples proyectos que integra, lo que se viene de Buenos Muchachos, y la forma en la que trabaja las letras.

Las tapas de los discos de Chillan las bestias son dibujos tuyos que muestran a animales antropomórficos. Esta vez es un cuervo. ¿Esa elección tiene una explicación o son los animales que se te vienen a la mente?

En parte es en base a la canción Cuervo de acero, y un poco también por una charla que había tenido con Chacha y su mujer, Lucía, en la que ella me dijo que estaría bueno que fuera un cuervo. La idea original era aquella de que cada uno de la banda era un animal, elefante, lagarto, buey, mandril, búfalo y yo el gorila. Jugamos con eso por los dibujos que hacía yo, y estuvimos a punto de mandar a hacer unas máscaras, pero después se fue desvirtuando. Esto iba a ser una trilogía, tres discos grabados en los estudios ION, en vivo, y con la muerte de Chacha quedó como que aquello fuera un díptico, y este tuviera nombre y cerrara eso, porque tiene temas del Chacha. Habíamos grabado con él en un principio, en la sala de ensayos. Después fuimos a ION, grabamos seis temas y después cuatro más. Pero lo de los animales viene de que todos somos animales. 

Integrás distintas bandas y proyectos, ¿qué te da y qué te permite hacer cada uno de ellos?

Son mundos diferentes, mundos en sí mismos en los que entro y es como entrar en una casa que está decorada de una manera, y después vas a otra con otra decoración. Tenés un montón de vibraciones de cosas buenas y de cosas malas, lo que vivís a través de algo emocional como es la música para nosotros, el gusto por la música y por hacerla. Es meterse en un lugar donde doy y recibo cosas diferentes. Chillan las bestias para mí es como estar en Argentina. En un principio escribía las letras allá por miedo a repetirme, una cosa muy lúdica y de niño que me divirtió bastante. En el segundo disco me di cuenta de que perfectamente las podía escribir acá y evocar, aunque también escribía allá, iba todo el tiempo y lo podía traer, entonces ya no era impuesto. Y en el tercero ni que hablar. Y también con las personas que integran las bandas nos relacionamos de una forma muy distinta que con Buenos Muchachos. Y es distinto cómo me relaciono con Luciano Supervielle que cómo me relaciono con los de Wild Gurí, pero una vez que entro ahí, entro. 

Al momento de escribir las letras, ¿cómo te vas dando cuenta para qué proyecto estás escribiendo?

Escribo siempre con la música, lo que me facilita un montón pensar en lo que voy a escribir. Visualizo a las personas que tocan la canción, sé quienes son, qué hacen, cómo están, cómo se sienten, sé por qué la tocan. Y eso ayuda. A veces me dan ideas, cada uno con su idiosincrasia.

¿Sos metódico en la escritura o lo dejás más librado a la inspiración repentina?

Trabajo y trabajo. Y depende de las canciones. A veces aparece, a veces no aparece nada y escribo, escribo y escribo, escribo, escribo, escribo, entonces aparece. A veces se ordena en el momento, y hay veces que no se ordena nunca. Hay letras que no tengo idea qué quieren decir, pero que quedan bien, en las que busqué solo la parte fonética y melódica que calzara la métrica y quedó ahí. Y no me preocupa en lo más mínimo. Hasta después les encuentro sentido. Las ordenás de una manera y después en tu cabeza se ordenan de otra. 

Y se vinculan con la música.

He never wants to see you (once again) la escribí de una forma por algo en particular, y a los años de haberla tocado, y tocado, y tocado y tocado, y cuando ya se le pasó el cuarto de hora ese en el que tenés ganas de tocarla y pasa a ser una canción que no tenés más ganas de tocar, y la seguís tocando, un día le agarré el amor de vuelta como si la hubiera escrito recién y tenía otro significado. La llevé a otro momento y otro estado emocional mío, y ¡era igual! No le hubiera embocado nunca a una letra como ya la había escrito. Sucede, y me encanta. Respeto al que tiene todo digerido y todo disuelto, pero prefiero esto otro.

Con Buenos Muchachos les tocó ser los primeros en subirse a un escenario desde la declaración de emergencia sanitaria y la suspensión de espectáculos públicos. ¿Sintieron alguna responsabilidad particular?

Nosotros tenemos una productora, Gaucho, que fue la que nos propuso hacer esto y nosotros caímos ahí. Era responsabilidad y había un montón de miedo y un montón de cosas, estaba la prensa, todo el mundo jodiendo. Me llamaban por teléfono y no me copaba nada, la gente que me llamaba no era que le interesaba la música. Igual siempre hay respeto, y todo bien. Y el primer día, sabiendo que estaban los canales, que estaba la prensa, hubo un poco de nervios, con eso de estar de a cuatro, entrar, salir, pero fue un buen primer show y los demás salieron como por un tubo. Había cierto grado de responsabilidad, pero no teníamos por qué hablarlo o decirlo, nos tocó, hicimos lo que teníamos que hacer y listo. Todos queríamos salir de nuestras casas. A mí me pidieron que hiciera videos para "quedate en casa", y yo los esquivaba, porque yo me quedé en mi casa pero no quería quedarme, entonces ¿qué te voy a decir a vos? Me parecía ridículo, era mejor callarse la boca. Y aparte nadie sabía nada. Con esto de los protocolos, que tenían baches por todos lados como cualquier otra cosa, porque nadie tiene todo muy claro y se va acomodando, entonces en lugar de quejarme, cumplo lo que me piden y me dejo de joder. 

¿Y cómo se sintieron esos shows? ¿Fueron raros para ustedes?

Los planetas se alinean, el año pasado hicimos seis shows de corrido en la sala Hugo Balzo, donde practicamos todo eso de entrar y salir (risas). Eran otras canciones, nada más. Para estos shows hubo un gran trabajo de mi hermano, Marcelo Fernández, que armó la lista de canciones y nos ordenó cómo teníamos que entrar y salir. Y aprendimos que cada uno se tiene que hacer cargo de uno mismo, y las cosas salen. Eso lo aprendimos en un show del Bicentenario en Paysandú, dirigido por Coco Rivero, que nos dijo: "Cada uno se tiene que acordar de cuando entra y punto". No podes saber todo el show, sabés tu parte. 

Desde hace algunos años da la sensación de que estás tocando todo el tiempo. ¿Es así?

Tengo que hacer. Quiero hacer, hacer y hacer, y no me quiero perder nada. Vivía muy cómodamente en un mundo, el de la noche y toda la joda, y todo bien, pero lleva vida. Paré con ese mundo y empezó otro que es mucho más rico. A mí el legado me chupa un huevo, esto lo hago por hacerlo en vida, no para la muerte. Lo hago para vivir, disfruto lo que hago, y me implica hacer muchas cosas para vivir de lo que hago. Y entonces hago todo lo que puedo. 

El próximo disco de Buenos Muchachos es inminente, y llega después de una seguidilla de discos muy bien recibidos. ¿Eso los lleva a imponerse una autosuperación?

Vamos haciendo y nos vamos superando, y eso mismo pasó entre el #8 y este noveno. El #8 fue una superación en su momento para nosotros, era escuchar nuestra música sonando de una manera que nunca la habíamos escuchado, y a la vez había que tocar mucho mejor para sonar de esa manera, que se escucha todo y no hay nada que esté tapado. Y esto es la reconfirmación de eso, cada uno fue creciendo por su lado, todos hicimos cosas para poder encarar este proyecto, porque requería de más oficio. En mi caso, dejé el cigarro, no porque quisiera cantar mejor, sino porque me convenía. Porque con humo tenés menos aire y sin humo tenés más. Vas buscando y encontrando, y dándote cuenta de lo que tenés que hacer. No es "relajémonos, quedó así". No seas vagoneta, trabajá. 

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