29 de octubre de 2017 5:00 hs

Pasados 10 meses de la asunción de Donald Trump, las señales de cansancio de sus opositores externos e internos se sienten. Y aquella sensación de que el magnate podía caer en cualquier momento está en serias dudas.

Por un lado, la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la supuesta colaboración rusa en las elecciones no brinda mayores novedades.

No quiere decir que no pueda sorprender en cualquier momento, pero si en julio parecía inminente que Trump quedara en una situación jurídica comprometida, cuando se descubría la reunión de su hijo con abogados rusos que le prometían información sucia sobre Hillary Clinton, ahora parece estancado.

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De hecho, varios analistas en EEUU hacen referencia a cómo en las últimas semanas actuales o exasesores del presidente cada vez colaboran más con la investigación, una señal de que no están tan arrinconados como podía preverse.

La oposición demócrata tampoco parece hacer mucho daño. Más allá de que ha conseguido bloquear varias medidas importantes del gobierno –la más importante, la derogación del Obamacare–, los bloqueos se deben más a decisiones puntuales de legisladores republicanos.

Tampoco han logrado vencer en las elecciones especiales para sustituir miembros del Congreso que asumieron en el gabinete de Trump.

Siguen haciendo ruido, pero sin lograr muchos resultados.

Pero quizá el símbolo más fuerte de que Trump se está saliendo con la suya es la oposición interna.

Varios referentes del Partido Republicano se han manifestado en su contra: John McCain es el más
visible –su voto fue clave para que fracasara la derogación del Obamacare–, el expresidente George W Bush publicó una fuerte carta en contra del estilo Trump, y los últimos fueron los legisladores Jeff Flake y Bob Corker.

Guardería en la Casa Blanca

Corker, senador por Tennessee, mantuvo más de un duelo verbal con el presidente. Hace dos semanas afirmó: "La Casa Blanca se ha convertido en una guardería infantil. Se ve que alguien se salteó su turno hoy". Respondía a una crítica del presidente, que lo acusaba de no intentar la reelección por no haber recibido el apoyo presidencial.

El miércoles, la pelea se intensificó: Corker pidió que el presidente dejara la discusión sobre el presupuesto "para los expertos", y ante las críticas de Trump afirmó: "Las mismas mentiras de un presidente absolutamente mentiroso. No sé por qué se rebaja a un nivel tan bajo, degrada a nuestro país de la forma en que lo hace. Pero lo hace", agregó.

Trump lo calificó de "peso pluma" e "incompetente". "Corker, quien ayudó al presidente Obama a darnos el mal acuerdo (nuclear) con Irán y no podría ser electo en Tennessee, ahora está luchando contra los recortes de impuestos", tuiteó.

Degradación política

Luego se sumó Jeff Flake, senador por Arizona. A través de una carta leída en el Congreso con la voz quebrada, dijo que no se presentaría a la reelección a su banca, desilusionado por el clima de la política de Washington.

"Debemos dejar de pretender que la degradación de la política y la conducta de algunos en nuestro Poder Ejecutivo son normales. No son normales", dijo en el Congreso.

"Cuando el comportamiento imprudente, escandaloso e indigno emana de la cúspide de nuestro gobierno es peligroso para una democracia", señaló.

Criticó a sus compañeros de partido por mantenerse "en silencio mientras se socavan las normas y los valores que mantienen fuerte a Estados Unidos". "La política puede hacernos callar cuando debemos hablar y el silencio puede ser igual a la complicidad", dijo.

Trump les contestó a su estilo. "La razón por la cual Flake y Corker abandonaron la carrera al Senado es muy simple: no tenían ninguna posibilidad de ser elegidos. ¡Ahora se muestran tan dolidos y heridos!", tuiteó el presidente. "Jeff Flake, con una aprobación del 18% en Arizona, dijo 'muchos de mis colegas se han pronunciado'. Pero me dieron una ovación de pie!", agregó.

Corker y Flake defienden buena parte del ideario conservador estadounidense que apoya desde las épocas en que Trump era un magnate mediático con posturas más bien liberales. La postura de ambos no se puede considerar como un favor a los demócratas.

Pero incluso, sus ataques al presidente reflejan al mismo tiempo buena parte de la hipocresía del Great Old Party (GOP): ambos han votado en su gran mayoría los proyectos que Trump envió al Capitolio.

Lo mismo se puede decir de casi toda la bancada republicana. Es que pese a que ambos reconocen que muchos en la interna del partido lo rechazan tanto como ellos, los republicanos han decidió abrazarse al presidente, aun detestándolo en muchos casos.

Simplemente, porque es su carta de triunfo.

Pero, además, los republicanos saben que buena parte del electorado de su partido ha virado hacia posturas radicales, alineadas con el presidente y, por tanto, críticas hacia todo lo que se huela al establishment de Washington.

"Lo cierto es que Flake se vio obligado a retirarse porque su electorado se le tornaba en contra. Si se presentaba a las elecciones estaba frito. Los republicanos en Arizona prefieren a Trump antes que a Flake", escribió Mike Allen, del sitio político Axios.

Y lo mismo dijo de Corker: "Apoyó a Trump antes de volvérsele en contra. Y una vez que lo hizo, quedó frito también. Los republicanos de Tennessee prefieren a Trump".

En definitiva, los opositores a Trump están viéndose obligados a dejar el partido. Las cifras hablan bien del fenómeno: una encuesta de Fox News, aliada al gobierno, le dio 38% de aprobación. ¿Bajísimo? Sí, el más bajo de un presidente en su primer año. Pero su base se mantiene intacta, con cifras arriba del 83%.

Y a ese público es que le habla Trump: es el que está movilizado, motivado, feliz. Hoy no hay nada que indique que no vaya a llegar al final de su mandato, y con interesantes oportunidades de reelección.

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