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Un acuerdo entre Mercosur y la UE, ¿será finalmente posible?

En el Parlamento es donde se encontrarán las mayores trabas al tratado

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20 de junio de 2019 a las 05:01

Tras casi un cuarto de siglo de negociación y en medio de una ola proteccionista en Estados Unidos, los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la Unión Europea (UE) estarían –una vez más– cerca de cerrar el acuerdo comercial entre ambos bloques. Sucede que ya existieron varias instancias en que todo parecía concluirse, pero finalmente no sucedió. Lo cierto es que, en esta oportunidad, a diferencia de las anteriores, se juntan algunas variables que indican que ambas partes podrían tener intensiones de concluir las negociaciones pronto: las elecciones presidenciales en Argentina y Uruguay en octubre y la llegada de nuevos comisionados a Europa. 
Argentina particularmente tendrá una elección incierta, aunque cabe la posibilidad de la vuelta de un gobierno kirchnerista que dejaría casi en el olvido un acuerdo con la Unión Europea. Por otro lado, en Uruguay, líderes de la oposición no se han mostrado muy positivo a los resultados que se podrían alcanzar de cerrarse este acuerdo pronto. 

Lo cierto es que, aunque el proyecto siempre estuvo cerca de concluirse, sigue sin concretarse. Este acuerdo es hoy una de las negociaciones activas más longevas de la historia, entre dos de los bloques más importantes a nivel mundial en cuanto a peso comercial y geopolítico. Las negociaciones entre Mercosur y la UE van rumbo a cumplir un cuarto de siglo si se considera que se iniciaron las conversaciones a mediados de la década de los 90, con una interrupción de las conversaciones en 2004, por diferencias en los bienes y servicios a liberalizar. Durante el transcurso de ese tiempo, la UE concretó acuerdos con Chile y México, y sigue en procura de otros. 
Es difícil imaginar que la UE haya cambiado mucho su posición negociadora en los últimos meses. Si han surgido flexibilidades para concluir el acuerdo, todo indicaría que vienen del lado sudamericano. Y no es lejano pensar que, de concretarse pronto el acuerdo, muchos sectores del Mercosur quedarían muy expuestos comercialmente no solo por la competencia europea que deberán enfrentar, sino por los altos costos domésticos hoy instalados en los países de la región, en especial Argentina y Uruguay. 

Por el lado de la UE no sería un dato menor para el bloque mostrarse en pleno brexit cerrando un acuerdo con el cuarto bloque comercial más grande del mundo. Eso sí, deberá mostrar que se cerró un acuerdo completo que incluya bienes, servicios y contratación pública. De lo contrario, un acuerdo parcial podría desencadenar aún más incertidumbres que las que ya existen.  

Por el lado sudamericano, si bien el proceso de negociación se fue comunicando a los sectores involucrados con anticipación, el debate político sobre el tema es incipiente. Y es aquí donde pueden surgir las fallas futuras. De cerrarse pronto el acuerdo, los objetivos parecerían estar más enfocados en dar señales a las fuertes tensiones proteccionistas a nivel mundial, que al beneficio económico bilateral que se ha perseguido por años. 

De concluirse el acuerdo no contando con consensos políticos nacionales claros para su ratificación, hará muy difícil llegar a buen puerto cuando deba ser aprobado por los parlamentos que son quienes tienen la última palabra en estos casos.    
En términos comerciales, cada vez que ambas partes se han sentado a negociar, el principal interés para el Mercosur ha sido lograr un mayor acceso de sus productos agrícolas (carne, cereales y lácteos) al mercado europeo, así como hacer que la UE reduzca los subsidios agrícolas internamente. De parte de la UE, las solicitudes también incluyen una mayor exportación de productos agrícolas e industrializados, principalmente un mayor acceso al mercado automotor y de productos lácteos en el Mercosur. La UE también está interesada en que las empresas europeas puedan participar libremente de las licitaciones de compras públicas. 

Por estos días, Cecilia Malmström, alta comisionado de la UE para la política comercial, expresó que, si bien se busca concluir el acuerdo, no será “a cualquier precio, mucha gente está mirando con atención”. Ojalá desde el lado sudamericano se esté pensando lo mismo. 
Las noticias que puedan surgir sobre el posible cierre del acuerdo saldrán seguramente de las reuniones de alto nivel en el marco de la reunión del Concejo Europeo el 20-21 de junio en Bruselas, y la Cumbre del G20 en del 28-29 de junio Osaka. 

En definitiva, más allá de la posible conclusión de este acuerdo, si algo ha dejado en evidencia es la complejidad que reviste, para bloques con miembros tan diversos, alcanzar equilibrios que sean para beneficio de todas las partes. De concretarse este acuerdo en los próximos días, lo que dejará como experiencia es que esos equilibrios son posibles de encontrar, aunque tome casi un cuarto de siglo poder alcanzarlos. Asimismo, la historia no terminará con la firma del acuerdo ya que este deberá ser ratificado por el Parlamento europeo y el Poder Legislativo de cada país del Mercosur. Será aquí donde posiblemente se encuentren las principales barreras dado el bajo consenso político que hoy existe en ambas regiones. 

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