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Una economía circular más inclusiva requiere la participación de todas las personas

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24 de agosto de 2021 a las 05:01

Por Leigh Miller Villegas

En todo el mundo, las llamadas “minorías”, las personas de color, las personas con discapacidad y los pobres a menudo deben vivir, trabajar o jugar en entornos insalubres en proporciones mucho más altas que otra parte de la población. La contaminación del aire y el agua, la mala gestión de residuos, la contaminación industrial y otros problemas ambientales los afectan, por lo tanto, más que a otros grupos. Pueden estar más expuestos a productos químicos tóxicos como el plomo y los vertederos y las fábricas a menudo se encuentran en comunidades desfavorecidas socialmente.

Para abordar estas desigualdades en el acceso de las personas a entornos saludables, el movimiento de "justicia ambiental" comenzó en los Estados Unidos en la década de 1980. Pero se está extendiendo rápidamente por todo el mundo y exige que todas las personas, independientemente de su género, raza, color, origen nacional o ingresos, reciban un trato justo y tengan una participación significativa en el desarrollo, implementación y cumplimiento de las leyes, regulaciones y políticas ambientales. Básicamente, exige que todos tengan las mismas oportunidades de tener vidas y ambientes sanos.

En Uruguay, la inclusión y participación en la protección ambiental es clave. Al incluir a las mujeres, las minorías, los pobres y otros grupos marginados en una “economía circular” que reduce el desperdicio y utiliza los materiales de manera más responsable, no solo mejoramos sus medios de vida, sino que los ayudamos a convertirse en parte de la solución para un país y un planeta más saludables.

Estrategias de inclusión

Una cadena económica de actividades que apoye una verdadera economía circular debe comenzar por repensar cada paso del diseño, abastecimiento, transporte, fabricación, distribución y reutilización de materiales, además de educar a los consumidores y promover empresas que hagan de la sostenibilidad una prioridad. Una cadena de valor económica sana y diversificada incluye no solo el reciclaje de materiales y todos los procesos relacionados, sino también el rediseño de materiales para que sean más duraderos en primera instancia y más reciclables, para que sean estos protagonistas los que ayuden a promover un cambio cultural positivo para la protección del ambiente. Cuando funciona de manera eficaz, esta cadena de valor promueve empleos “verdes” inclusivos y dignos y aumentan las oportunidades para más personas.

Las cadenas de valor más inclusivas deben tener en cuenta diferentes perspectivas basadas en el género, la edad y las habilidades; es importante considerar las necesidades de estos grupos para permitirles participar. Se pueden crear empleos verdes para múltiples grupos demográficos, de modo que todos puedan encontrar un lugar para participar y agregar valor en la creación de una sociedad y un planeta más sostenibles.

Para explorar oportunidades para incluir a más personas en actividades económicas circulares, ReAcción moderó un webinar virtual en junio que reunió a diversos actores de Canelones, Flores y Montevideo. Discutieron formas de lograr mayor inclusión en prácticas ambientalmente sostenibles, como el reciclaje, la producción industrial y los esfuerzos de organización comunitaria.

Ponentes invitados, entre ellos el intendente de Flores, Fernando Echeverría; el asesor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del Ministerio de Medio Ambiente de Uruguay, Federico Baraibar; y la asesora ambiental de la Intendencia de Canelones, María José Lombardi, explicaron la importancia de la participación regional - y de varios actores dentro de esas regiones - en la creación de una economía más circular en Uruguay.

Un representante de la Cooperativa Planta Géminis, Freddy Santo, y Fernanda Horvath, de la Planta de Reciclaje de Unión Rural de Flores, explicaron el trabajo de los empleados de sus centros, quienes reciclan diversos materiales y procesan plásticos en pequeños gránulos que se pueden utilizar para crear otros elementos.

Planta de reciclaje

La cooperativa Flores, que recicla dos toneladas de plástico al mes, ha empleado a decenas de ciudadanos de todos los ámbitos de la vida como “clasificadores” que ordenan los materiales reciclables en grupos para su procesamiento. La invención de nuevas tecnologías ha abierto oportunidades para muchos. En lugar de reemplazar a las personas con máquinas, los clasificadores se contratan en puestos de trabajo formales y remunerados para categorizar los materiales de desecho. Estas nuevas oportunidades demuestran el compromiso de la intendencia con la innovación y con ayudar a sus ciudadanos a reimaginar sus roles en una cadena de valor más saludable para el ambiente y que incluye a todos. De esta manera, Flores está transformando lo que antes era el trabajo informal de clasificación de basura en un trabajo formal y digno que apoya una economía más circular.

Canelones también ha creado una cooperativa de reciclaje, según presentó Patrick O’Hare, becario de “Futuros Líderes” de la Universidad de St. Andrews del Reino Unido, que se encuentra investigando la temática en Uruguay. La cooperativa canaria emplea clasificadores en una planta de reciclaje y alienta a los ciudadanos a reciclar en sus hogares o llevar los materiales reciclables a los centros de entrega llamados Ecopuntos. Luego, en plantas, los artículos se separan por clasificadores en categorías como plástico, metal o vidrio y luego se clasifican por tipos específicos de cada material.

A nivel nacional, Uruguay recupera actualmente solo un 4%, en comparación con el 40% de España y el 80% de Alemania, según el Ministerio de Ambiente. El ministerio ha definido las metas de valorización del 30% de todos los envases para el 2023 y el 50% para el 2025, y prohibió el uso de pajitas de plástico a partir del 2022, además de exigir que todos los envases de plástico estén hechos de un 40% de material reciclado.

Canelones está trabajando para hacer cumplir la Ley de Bolsas Plásticas, que tiene como objetivo frenar la utilización de los plásticos de un solo uso al prohibir la importación, fabricación y venta de bolsas plásticas que no sean biodegradables. El departamento continúa impulsando la iniciativa Mares Limpios con Naciones Unidas, que trabaja para limpiar playas y tiene como objetivo reducir la cantidad de basura, especialmente plásticos, que se arroja al océano.

El compostaje es otra práctica que Canelones y otros departamentos están promoviendo como parte de la creación de una economía más circular. En la planta de compostaje de ISUSA, en acuerdo con la Intendencia de Canelones, los residuos de la fábrica de papel se mezclan con restos vegetales para ser compostados y producir abono orgánico.

Durante el evento también participó otra iniciativa, el Club de Reparadores, que trabaja sobre la reparación como estrategia previa al reciclaje. Para eso realiza eventos comunitarios para reparar artículos rotos de todo tipo, alargando la vida útil de los objetos. Al reparar en lugar de tirar cosas, el grupo practica y fomenta la sostenibilidad y el consumo responsable.

Todos estos proyectos están dando grandes pasos, pero todos tienen sus desafíos:

  • Las instalaciones que transforman bolsas de polipropileno en pellets carecen de mercados para los mismos.
  • El transporte de materiales reciclables desde hogares y negocios a centros de reciclaje y el transporte de residuos reciclados son desafíos constantes.
  • Los diseños de los envases que utilizan las empresas para envasar artículos a menudo no son reciclables ni reutilizables y es posible que no tengan destinos adecuados para procesarlos.
  • En Uruguay, al no haber fabricación de envases de vidrio, los envasadores los importan. Esto repercute en la falta de soluciones de reciclaje para el material. Si bien una mínima fracción de los residuos de vidrio se exportan, en su mayoría el destino es el relleno sanitario.

Soluciones inclusivas

A pesar de los desafíos, cuando permitimos que todos actúen, juntos podemos marcar la diferencia.

La comunicación y la transparencia son clave, según los oradores invitados del seminario web. Los ciudadanos de todas las regiones y ámbitos de la vida deben trabajar juntos para recuperar materiales reciclables o reutilizables, alentar a los productores a diseñar envases y productos más reciclables y educar a las comunidades sobre la importancia y los beneficios de una economía circular.

Educar a todas las personas a “reducir, reutilizar, reciclar” no es un cliché. Cuando todos compramos menos y reciclamos más, damos el ejemplo a otros para que hagan lo mismo. Educar a otros sobre qué, cómo y cuándo reciclar, y abordar las excusas subyacentes para no hacerlo, genera espacio para la interacción y la discusión. Si varias minorías, géneros y grupos de edades y habilidades son capaces de articular sus necesidades en foros públicos, podemos comenzar a comprender los roles y estrategias para que cada uno participe mejor.

La transición de Uruguay de una economía lineal a una circular depende de la participación de ciudadanos, industrias, organizaciones, gobiernos y agencias, esencialmente todos, como parte de la cadena, fomentando que la inversión para solucionar estos problemas aparezcan tanto en el sector público como en el privado.

Cada uno de nosotros puede comenzar a formar nuevos hábitos respecto a qué compramos y los productores a los que les compramos, asegurándonos de que esas elecciones apoyen a los actores conscientes del cuidado ambiental. Debemos buscar tener conversaciones entre diferentes grupos en un lenguaje sencillo y accesible, para así formar un esfuerzo unido con el objetivo de crear una economía circular.

En última instancia, los ciudadanos son la clave para que una economía circular funcione. Cuantas más personas podamos alentar a que se tomen medidas significativas para administrar los recursos de manera más responsable, más rápidamente podremos crear comunidades que sean más saludables y proporcionen un futuro mejor para todos los que viven en ellas.

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