Espectáculos y Cultura > COLECCIÓN KOMOREBI

Una inédita colección de libros infantiles refleja el crecimiento de ilustradores uruguayos

La colección está conformada por cuatro libros que representan un reconocimiento a los ilustradores, que pasan a la categoría de autores

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26 de julio de 2020 a las 05:05

Ilustrar también es narrar. Los trazos pueden contar historias por sí solos, dejando a la imaginación de cada receptor del relato completar lo que la imagen no le da. Los ilustradores pueden ser, por lo tanto, autores, una pelea que algunos uruguayos que se desempeñan en esa actividad vienen impulsando desde hace una década, y que ahora da un paso más en ese reconocimiento con una nueva colección de cuatro libros infantiles en los que cada ilustrador se encargó de todas las partes del relato.

Komorebi es una palabra japonesa que no tiene un equivalente en el castellano. Se refiere al efecto de la luz solar filtrándose entre las hojas de los árboles, y es el título de la flamante colección publicada por Lumen, de la editorial Penguin Random House, al que pertenecen estos cuatro libros. Las obras son Miniatura, de Sabrina Pérez; Ama, de Claudia Preciozo; En la noche, de Sebastián Santana, y Frío en la playa, de Leandro Mangado. Fueron publicados en conjunto este julio, y marcan una instancia pocas veces vista en la literatura local y marcan un hito para la ilustración uruguaya.

En 2009 se fundó el colectivo Iluyos, integrado por ilustradores dedicados a la literatura infantil y juvenil. Con el tiempo, el grupo se fue expandiendo para incluir a quienes se desempeñaban en otras ramas de la ilustración. Desde su origen, el colectivo tuvo como misión mejorar las condiciones de trabajo para sus integrantes, y defender el rol narrativo de estos creadores.

Una de principales preocupaciones fue la de equiparar en derechos de autor a los ilustradores con los escritores en los casos de los libros, considerando que tanto las letras como las imágenes conforman un todo narrativo.

A pesar de algunos antecedentes de autores que eran tanto ilustradores como narradores, como Susana Olaondo o Verónica Leite, el reclamo por los derechos de autor y de las regalías fue una conquista para el colectivo, pero la convocatoria para participar en esta colección fue algo inédito para ellos, explicó Santana, uno de sus fundadores. “Más allá de esos antecedentes, faltaba algo así en Uruguay, no había un criterio editorial que tomara esta forma, la del libro hecho solo por el ilustrador. Nosotros somos narradores visuales, y esto es muy seductor para los colegas, tanto para los que ya participamos como para los demás”, consideró.

Los cuatro ilustradores señalaron que el colectivo y su trabajo para impulsarlos como narradores y creadores fue pieza clave en pavimentar el camino que condujo a esta publicación. Según Mangado, “esta colección pone de manifiesto algo que ya estaba, lo hace visible”.

La ilustración uruguaya está en un período fértil. En los últimos años el rubro incrementó su perfil, y sus integrantes han empezado a vender derechos de autor de sus obras, a exponer sus piezas a nivel internacional y a pisar eventos como la Feria del Libro Infantil de Bolonia, Italia, la más importante en el mundo. Por allí, por ejemplo, pasaron Santana, Preciozo y Pérez, quien también fue finalista en el premio principal de la Feria del Libro infantil de Shanghái, China, donde sus creaciones también fueron presentadas.

A esa exposición internacional la propulsa también un mayor impulso local. “Después de la cuestión de los derechos de autor vino un viaje de buscarnos a nosotros mismos como autores, y en eso ayudó el premio de ilustración del Ministerio de Educación y Cultura, y también la realización de un montón de talleres con otros ilustradores”, expresó Preciozo. El colectivo Iluyos dio más fuerza en sus reclamos a los ilustradores, y favoreció el vínculo con el Ministerio, que a su vez generó canales para la internacionalización. En todos los casos, salvo el de Santana, son los primeros en los que estos autores trabajan completamente solos, lo que a su vez deja la puerta abierta para otros autores que también quieran narrar sus propias historias. Así lo resume el autor de En la noche: “Esta colección me genera ansiedad por ver lo que viene. La narración es inherente a los ilustradores, y esto es un espacio ganado”.

Libro a libro

Frío en la playa, de Leandro Mangado

Un pingüino es encontrado en una playa y un grupo de bañistas intenta reanimarlo. Es el primer libro de su autor, y el único de los cuatro de la colección que utiliza solamente ilustraciones para contar su historia.

Sobre el proceso creativo: El autor explicó que el libro nace del trabajo realizado en un taller con el ilustrador colombiano José Sanabria, que vino a Montevideo para ejercer como jurado del concurso de ilustración del Ministerio de Educación y Cultura en 2017, y a instancias del colectivo Iluyos regresó para dictar ese curso, centrado en narrativa infantil. “Fue un proceso muy ordenado, porque seguí todas las etapas que a veces, por apurado, pasás por alto. En el taller hice el storyboard (que es la diagramación básica de las ilustraciones en orden) y presenté una maqueta (el storyboard en tamaño grande, impreso y armado como el libro terminado, más su tapa y cuatro ilustraciones completas), que recibió una mención en el siguiente concurso del MEC, y que se postuló a premios en las ferias de Bolonia y Valencia. Después quedó guardado hasta que me convocaron de la editorial, y para entonces cambié toda la estética del libro, lo que ya estaba hecho fue modificado”.

Ama, de Claudia Preciozo

Una mirada que dura un instante y enciende un amor eterno. Preciozo debuta como autora con este título, aunque se desempeña hace diez años en el mundo de la ilustración –en 2011 se publicó el primer libro en el que están sus dibujos– y en el campo de la animación. Trabajó, por ejemplo, en la película Anina.

Sobre el proceso creativo: La ilustradora contó que trabajó durante cuatro años en esta historia, que comenzó a partir de un simple impulso personal. El relato utiliza palabras, aunque son pocas y funcionan, sobre todo, como un complemento a las imágenes que acarrean el relato. “Me saqué de encima la carga de tratar de hacer un libro perfecto. Busqué contar esta historia sin palabras, acompañada solamente por un texto que sea más poético y breve. Lo importante para mí en este caso era ser autora y tener un libro completamente mío”, dijo.

En la noche, de Sebastián Santana

Una colección de escenas nocturnas componen este cuento, que fue reescrito por el autor para esta publicación. Santana trabaja desde 2005 como ilustrador, y es el único de los cuatro que ya tenía libros propios publicados: Mañana viene mi tío, editado por primera vez en 2015, y Perro quejumbrado, publicado como fanzine (impresión de tirada reducida y autoeditada).

Sobre el proceso creativo: En 2008 Santana empezó a trabajar en paralelo en las historias de Mañana viene mi tío y En la noche. Ambos empezaron como garabatos y bocetos en una misma libreta. El primero tiene un final más triste, vinculado a la temática de los desaparecidos en dictadura, y por eso buscaba desde un principio que esta segunda historia tuviera un final opuesto. “Tenía esas notas que ya reunían toda la idea del libro. A los libros los pienso tanto como intervención artística como objeto de comunicación, o sea que esta historia siempre se pensó en ese formato. Está hecha y pensada con un mecanismo narrativo que funciona pasando páginas. Lo dibujé tres veces (la versión publicada está hecha en lápiz sobre papel negro), y en 2012 lo presenté a una editorial por primera vez. En aquel momento me dijeron que los textos no cerraban y quedó cajoneado. El año pasado lo mostré de nuevo, me di cuenta que lo podía reescribir, los textos son como versos que complementan la imagen. Para esta publicación solo hice la tapa de nuevo, a nivel de ilustración. Para mí fue un trabajo de autor, hecho con cabeza de escritor”.

Miniatura, de Sabrina Pérez

Un puñado de criaturas que viven en frascos se aburren de ese espacio y deciden salir a explorar el mundo. Esa es la premisa de este libro, el debut como autora de Sabrina Pérez, que pasó también, por ejemplo, por la producción de Anina.

Sobre el proceso creativo: Miniatura empezó su camino hace cuatro años en una libretita. Fue un garabato, que comenzó a desarrollarse en un taller de narrativa de libros ilustrados, donde pasó a la etapa de storyboard. Cuando en 2018 Pérez fue a la feria de Bolonia, “se abrió un nuevo mundo" para ella. "A la vuelta lo empecé a desarrollar con otro compromiso artístico, trabajando las ilustraciones como si fueran pequeños cuadros". Al año siguiente volvió con Miniatura a la misma feria literaria, y también presentó su trabajo en la de Shanghái, donde compitió en un premio internacional.

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