Cuando uno se traslada por la carretera al sur de Tel Aviv, en Israel, y entra al desierto de Negev, la atención se distrae con la visión de camellos y campamentos beduinos que aparecen cada tanto en el árido paisaje. Pero, pasando la población de Be’er Sheva, uno queda irremediablemente hipnotizado por un círculo resplandeciente en el horizonte, y se da cuenta de que a unos 40 kilómetros de distancia ya se puede divisar la nueva planta termosolar de Ashalim, la primera en su tipo en Israel.
Esa especie de segundo sol –que muchos comparan en broma con el ojo de Sauron de la saga El señor de los anillos– parece flotar en el aíre pero al irse acercando uno se da cuenta de que está posicionado sobre una torre de unos 80 pisos –la más alta del mundo para una planta de este tipo– y al llegar al lugar queda impactado por la cantidad de espejos –son 50.600– que al pie de la torre se amontonan en círculos como devotos adoradores. Se trata de una planta de Tecnología Solar de Concentración (CSP por su sigla en inglés), en la que se utilizan espejos para reflejar la luz del sol y enfocarla en una especie de caldera, que es lo que está sobre la torre. Esto genera vapor con el que se produce, luego, electricidad.
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Pero a alguien que venga desde Uruguay es otro el detalle que lo dejará con la boca abierta: los carteles de los lugares de estacionamiento. Allí pueden verse los nombres de los ingenieros uruguayos Jacinto Durán, Martín Chalar y Gonzalo Casas. La planta comenzó a construirse en 2015 con Durán como director de proyecto y Chalar como director de Construcción. Luego llegó Casas para liderar el montaje mecánico. Ahora estos profesionales trabajan en otros proyectos –dejaron huella y no solo en los carteles– pero la construcción de la planta sigue siendo comandada por uruguayos. La posta de Durán la tomó Germán Schaffner, quien es subdirector de proyecto (el director está en EEUU y viaja al lugar una vez por mes). Hace dos años y medio, Nicolás Rocha llegó a dirigir el montaje de tuberías, y la salteña Noelia Maciera lideró el montaje de la caldera auxiliar para después pasar a desempeñarse como la encargada de Coordinación.
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A estos ingenieros siempre les preguntan lo mismo: ¿por qué hay tantos uruguayos trabajando en esta tecnología de vanguardia en particular?
La respuesta está en que todos trabajaron para la española Abengoa, pionera en estas tecnologías a nivel mundial. Cuando esa compañía decidió desarrollar esto a nivel global, echó mano a los calificados profesionales de una de sus filiales más fuertes en construcción: la uruguaya Teyma. “Los uruguayos trabajamos mucho tiempo haciendo plantas de este tipo. Nicolás y Noelia trabajaron en Omán, por ejemplo; yo en Sudáfrica, EEUU, en el norte de África, entre otros”, recordó Schaffner. Abengoa desarrolló especialistas en CSP, pero luego tuvo problemas financieros y estos se fueron a otras empresas.
Impulso renovable
Tras terminar una planta en el desierto de Kalajhari, Schaffner llegó a las cercanías del kibutz de Ashalim hace un año y medio. En Ashalim, el Estado de Israel decidió construir un complejo de tres plantas solares (una fotovoltaica y dos con la tecnología CSP) bajo la modalidad BOT (que implica construcción, operación y transferencia) y una concesión a 20 años.
2% de la matriz energética israelí representará todo el complejo de plantas Ashalim (Plot A, B y C). El país quiere que 10% de su energía provenga del sol para el año 2020. El complejo de tres plantas tiene un costo de US$ 570 millones
Noelia Maciera recordó que esto es parte de un plan de Israel para generar energía renovable y cambiar su matriz energética, que hoy está basada en forma mayoritaria en carbón y gas natural.
Gabriela Malvasio 120 mil hogares puede abastecer la planta termosolar Ashalim Plot B, con una potencia de 121 MW.
La planta que construyen los uruguayos se denomina Ashalim Plot B, y fue concesionada a un consorcio propiedad de General Electric, BrightSource y el fondo de inversión israelí Noy.
Schaffner explica que se creó una empresa de propósito específico para llevar adelante el proyecto y detalla la compleja “ingeniería” societaria desarrollada para brindar garantías y hacerlo financiable. “Son nuevas tecnologías, por lo que este tipo de proyectos tienen mucho riesgo tecnológico. Se genera un esquema en que la empresa está en la propiedad, en la construcción y en la operación a través de distintas subsidiarias, lo que brinda garantías”, explicó. La planta ya está finalizada, produciendo y enviando energía de prueba a la red. El 31 de diciembre comenzará el test final, que llevará un mes, por lo que estiman que se entregará en febrero. La experiencia le indica a Schaffner que la construcción de plantas de este tipo puede llevar unos cuatro años.
240 metros mide la torre más la caldera solar, lo que la hace la más alta del mundo en su tipo.
“La primera (en un determinado país) lleva más tiempo. Vas aprendiendo y mejorando. Para la siguiente ya conocés el mercado, los proveedores. Es lo que se ha ido observando en todas partes del mundo. Las primeras llevan más tiempo, y luego se va haciendo más rápido”, comentó. Pero el profesional señala que esta planta es compleja de operar y que se requerirá “una curva de aprendizaje y mejora de un año”.
Cosecha de luz
Los 50.600 espejos de Ashalim Plot B cubren una superficie de 100 hectáreas (el área total es de 300 hectáreas). Se denominan heliostatos (en griego helios es ‘sol’, y statos es ‘quieto’).
Como una especie de girasoles automatizados, tienen un sistema computarizado de seguimiento del sol. “Se van moviendo para enfocar el sol. Es como si para ellos el sol estuviera quieto”, apuntó Schaffner.
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Los heliostatos reflejan la luz solar hacia la caldera ubicada sobre la torre en el centro de la planta, que oficia de receptora y generadora de vapor. Con la energía térmica del sol, el agua en esa caldera se convierte en vapor, que es convertido, a través de una turbina, en energía eléctrica. El vapor luego se enfría y vuelve a convertirse en agua que después será bombeada a la caldera para continuar el ciclo. Schaffner aporta como dato curioso que la temperatura del vapor cuando sale de la caldera de Ashalim Plot B es de 565 grados, en comparación con los 400 que alcanza en la vecina planta Plot A (concesionada a otra empresa y que utiliza otro tipo de tecnología termosolar que no incluye una caldera sobre una torre).
“Eso lo hace más eficiente. Y esa es además la razón por la que todos los nuevos desarrollos de esta tecnología están siendo torres”, explicó.
Cada heliostato está compuesto por cuatro espejos ensamblados, es autónomo, recibe órdenes a través de wifi desde un centro de control y está alimentado por una pequeña célula fotoeléctrica.
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¿Cómo se maneja el campo solar? A través de un sistema computarizado que recibe información de las estaciones meteorológicas y les envía ordenes. Si se dan condiciones en que no se puede operar, por ejemplo que haya mucho viento, los manda a “posición segura” que es horizontal, ya que se pueden volar.
Los parámetros más importantes son radiación solar y velocidad del viento. En especial el viento impacta en la precisión. “Hay espejos muy cercanos (a la torre) pero otros están a un kilómetro, cada pequeño movimiento se reproduce. Hay un límite de distancia en que podés tener un espejo, porque la imagen es tan grande que perdés energía”, explican.
El control se realiza a través de cámaras muy sofisticadas de tecnología israelí. Principalmente sirven para calibrar los espejos. “Necesitás que apunten bien. Las cámaras, con un algoritmo, hacen que se ajuste el movimiento del espejo”, explicó Schaffner.
Esto para los ingenieros uruguayos es claramente un diferencial del proyecto, junto al know how de General Eletric en materia de turbinas.
Desafíos y satisfacciones
Cuando se les pregunta a estos tres ingenieros sobre los mayores desafíos que ha presentado este proyecto en particular, sonríen y ponen cara de “todo ha sido un desafío”. Pero luego Schaffner opina que el principal desafío todavía está por verse, ya que es alcanzar la performance de la planta. “Es lo más complicado con este tipo de tecnologías. Lo más difícil es conseguir que la planta produzca de acuerdo al modelo”, amplía.
Noelia Maciera y Nicolás Rocha estarán el miércoles 19 en Montevideo participando, junto a otros profesionales, de la experiencia piloto Ciudadanía Activa para el Desarrollo, que busca que uruguayos en la diáspora compartan conocimientos y profundicen su relacionamiento con el país. La iniciativa está auspiciada por la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional, el Ministerio de Relaciones Exteriores, el de Industria, Energía y Minería, la Secretaría de Ciencia y Tecnología, el Sistema de Transformación Productiva y Competitividad y el Instituto Uruguay XXI.
Coinciden en que la implementación del campo solar tuvo sus dificultades, pero señalaron que la construcción de la torre en sí no es visto como algo complejo pero que sí tuvo un toque innovador: “El receptor (la caldera solar que pesa 70 toneladas) se construyó en el suelo, y la torre se hizo hueca, a través de rieles se puso dentro y luego se instaló un sistema de cables y se subió. Ese paso de deslizado fue el más complejo de la construcción de la torre”.
Gabriela Malvasio Otro gran desafío ha sido la coordinación del trabajo de profesionales de diferentes países y culturas, que además se encuentran en distintas partes del mundo. “Lo que está haciendo Noelia (encargada de la coordinación) es brutal”, reconoció Schaffner.
Es que no solo en la construcción ha estado involucrada por ejemplo una compañía turca con trabajadores brasileños y portugueses, o españoles, o una compañía israelí con mayoría de empleados chinos, u otra que trajo un equipo especializado desde Tailandia (“En un momento ya no sabíamos en qué otro idioma escribir en las señalizaciones”, bromea Rocha), sino que además la construcción se maneja desde diferentes lugares: Tel Aviv, Francia, Suiza y Estados Unidos.
Gabriela Malvasio “Es un desafío mantener el mismo nivel de motivación del que está aquí y lo ve y lo sufre en carne propia, que aquel que está en su escritorio en Francia o en EEUU. Todos lo ven distinto. Hay muchos choques culturales porque tenemos suizos trabajando con israelíes, con gente de la India. Hay que entender esto y manejarlo”, comentó Noelia Maciera.
Todos coinciden en que la mayor satisfacción será ver la planta en pleno funcionamiento. Cuando Maciera llegó, la torre de Ashalim Plot B apenas tenía un metro de construída. Para ella el proyecto es como un bebé que ha ido viendo crecer. l