5 de junio de 2026 5:00 hs

Durante años, hablar de sostenibilidad era, para muchas organizaciones, una forma de construir reputación y mostrar compromiso social o ambiental. Sin embargo, ese escenario cambió. Las nuevas regulaciones, las exigencias de inversores y clientes, y la presión de los mercados internacionales transformaron la agenda ESG en un tema cada vez más conectado con la gestión del negocio y la competitividad.

Así lo sostiene Benjamin Dreifus Lewowicz, Socio de Auditoría y Assurance de Deloitte Uruguay, quien asegura que la sostenibilidad “dejó de ser una declaración de buenas intenciones para convertirse en una forma de gestionar”.

Según explica, ya no alcanza con que las empresas afirmen ser sostenibles. Hoy deben demostrar qué riesgos identifican, qué metas establecen, qué datos utilizan y cómo esos aspectos impactan directamente en el negocio. Para Dreifus, este cambio responde a una transformación global impulsada por consumidores, inversores, bancos, reguladores y cadenas de valor que empezaron a exigir más evidencia y menos discurso.

“Antes una empresa podía pensar que estos temas no le aplicaban. Hoy eso es cada vez más difícil, porque las exigencias llegan a través de clientes, financistas, casas matrices o mercados de exportación”, señala.

De la reputación a la competitividad

El especialista observa que, en Uruguay, la sostenibilidad todavía atraviesa distintas etapas de madurez según cada organización. Mientras algunas compañías continúan abordándola desde el cumplimiento normativo o la reputación, otras ya comenzaron a incorporarla como un factor de competitividad.

Para Dreifus, la diferencia aparece cuando las empresas dejan de pensar la sostenibilidad como una serie de acciones aisladas y empiezan a integrarla en decisiones vinculadas a eficiencia energética, exposición climática, financiamiento, trazabilidad, relación con comunidades, atracción de talento y resiliencia del negocio.

En ese sentido, remarca que Uruguay cuenta con ventajas relevantes, como una buena reputación institucional y una matriz energética renovable que funciona como activo reputacional. No obstante, advierte que eso no es suficiente. “La sostenibilidad empresarial no se agota en la energía renovable del país; cada empresa tiene que revisar su propia gestión”, afirma.

El desafío de ordenar la información

Desde el trabajo que realizan en Deloitte Uruguay, Dreifus observa que muchas compañías todavía están intentando ordenar su camino en materia ESG. Las consultas más frecuentes, asegura, están vinculadas a capacitación, análisis de brechas frente a estándares internacionales, elaboración de hojas de ruta y construcción de sistemas de control interno que permitan sostener reportes de sostenibilidad con información confiable.

“El reporte no puede seguir siendo una recopilación artesanal de datos una vez al año. Tiene que apoyarse en procesos, controles y evidencia”, explica.

En cuanto a los desafíos ambientales, el ejecutivo identifica un problema central: la falta de medición precisa. Si bien muchas empresas tienen noción de sus impactos, todavía existen dificultades para cuantificarlos, validar metodologías y construir sistemas de información robustos.

A su entender, el cambio climático dejó de ser únicamente un asunto ambiental y pasó a convertirse también en un tema financiero, operativo y estratégico, capaz de afectar costos, seguros, activos, cadenas de suministro y acceso al crédito.

Donde empiezan las empresas

En la práctica, sostiene que las empresas suelen priorizar aquellas iniciativas que combinan presión externa con beneficios económicos. Por eso, la eficiencia energética aparece como una de las principales puertas de entrada a la agenda ESG, seguida por la medición de emisiones, la trazabilidad y la gestión de residuos.

La trazabilidad, particularmente, gana cada vez más relevancia en un contexto donde los mercados internacionales demandan información sobre el origen de los productos, sus condiciones de producción y su impacto ambiental y social. Para un país exportador como Uruguay, Dreifus considera que ese aspecto será cada vez más determinante.

Consultado sobre el contexto económico, el socio de Deloitte Uruguay entiende que no existe un freno a la sostenibilidad, sino una mayor exigencia sobre sus resultados concretos. Según afirma, las empresas son hoy menos tolerantes con iniciativas superficiales y buscan proyectos que permitan reducir riesgos, acceder a financiamiento, mejorar productividad o generar eficiencias.

“La sostenibilidad no desapareció de la agenda; se volvió más exigente”, resume.

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Benjamin Dreifus.

Benjamin Dreifus.

El peso de la regulación

El impacto de las regulaciones internacionales es otro de los fenómenos que, según Dreifus, ya comenzó a sentirse en Uruguay y en América Latina. Aunque normas europeas como la CSRD parezcan lejanas, explica que terminan llegando a través de cadenas de valor, clientes internacionales o grupos multinacionales.

En paralelo, destaca el avance de estándares globales como las NIIF S1 y S2 emitidas por el ISSB, así como iniciativas regulatorias en distintos países de la región. En Uruguay, considera especialmente relevante el Pronunciamiento N.º 22 del Colegio de Contadores, Economistas y Administradores, que incorpora esas normas como referencia técnica.

Aun así, entiende que muchas empresas uruguayas todavía están en una etapa inicial de preparación. “Lo importante no es publicar mañana un reporte perfecto, sino empezar a entender los riesgos, ordenar los datos, asignar responsabilidades y construir una hoja de ruta seria”, afirma.

Entre los errores más frecuentes, Dreifus menciona la tendencia a incorporar la sostenibilidad demasiado tarde en la estrategia empresarial, como un agregado o una campaña aislada. También advierte sobre la falta de planes concretos, métricas y responsables definidos.

Sectores y tendencias

En cuanto a los sectores que más avanzan en Uruguay, identifica especialmente al financiero, los exportadores, la agroindustria, la energía, la logística y la construcción, impulsados tanto por exigencias externas como por riesgos ambientales y oportunidades de eficiencia.

A nivel global, Dreifus observa tendencias que todavía no llegaron plenamente al mercado uruguayo, pero que probablemente se consoliden en los próximos años. Entre ellas menciona el crecimiento del aseguramiento de reportes de sostenibilidad, la incorporación de tecnología para gestionar datos ESG y la convergencia de estándares internacionales.

Además, destaca un cambio conceptual cada vez más fuerte: la sostenibilidad empieza a dejar de ser solamente un tema de reporting para transformarse en una herramienta de innovación y creación de valor.

Más que una obligación

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, Dreifus sostiene que las empresas tienen hoy la responsabilidad de convertir la conciencia ambiental en decisiones concretas sobre producción, energía, riesgos y relación con las comunidades.

“La sostenibilidad no es solamente un deber; también es una oportunidad. Una empresa que usa mejor sus recursos, que entiende sus riesgos y que genera confianza es una empresa más preparada y competitiva”, concluye.

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