7 de noviembre 2025 - 11:51hs

Se acerca el fin de año y con él aumentan las posibilidades de unas elecciones anticipadas en España.

La coalición Frankenstein que armó Pedro Sánchez para atornillarse en la Moncloa empieza a desmoronarse y el grito de: ¡Sálvese quien pueda! comienza a ser un murmullo entre sus socios.

Tras el portazo de Podemos le ha llegado el turno a los separatistas de Carles Puigdemont que golpean, pero no rematan.

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“La legislatura queda bloqueada”, proclamó Miriam Nogueras, portavoz de Junts.

La mujer que se niega a hablar en español en el Congreso ha rescatado de su memoria el castellano para explicarse en todos los medios que se acercan a ellla. En ese idioma de 600 millones de personas en el mundo razona el alcance real de esa declaración de divorcio, que no se traduce en sacar las maletas de Sánchez de la Moncloa y ponerlas en la calle..

La ruptura entre el Gobierno y los de Puigdemont se ha escenificado en anteriores ocasiones y el resultado ha sido nada.

El grupete de siete diputados, decisivo para mantener a Sánchez en el poder y permitirle gobernar o algo que se le parezca, amenazó en anteriores ocasiones con dar el portazo, pero en todas dio marcha atrás.

Ahora proclama que es diferente, pero ¿hasta dónde?: el líder socialista sigue siendo presidente aunque no puede gobernar y a eso, ya está acostumbrado.

Nogueras aseguró que el divorcio es definitivo y que no hay reconciliación posible. La oposición del partido, explicó, se traducirá en el rechazo a todos los proyectos de ley que ha presentado y presente el Ejecutivo.

De hecho, anunció una enmienda a la totalidad a los que ya están en la mesa. En principio, sólo hay una excepción a esa declaración de firmeza: la ley sobre la ELA, pero tampoco descarta aquellas que sean beneficiosas para Cataluña.

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Ni lenguas cooficiales ni amnistia

Los argumentos oficiales de Junst para esta separación sobre el papel son la falta de palabra de Sánchez y sus reiterados incumplimientos a las promesas hechas al prófugo de la justicia que ya está harto de vivir en Waterloo.

El catalán sigue sin ser lengua oficial en la Unión Europea y Puigdemont no logra que la amnistía le incluya.

Pero esas dos condiciones son de imposible cumplimiento de un Gobierno que ya es el hazmerreír en Bruselas con su empecinamiento en colar dialectos de minorías insignificantes que podría abrir la caja de Pandora de otros países con corrientes separatistas.

El canciller alemán Friedrich Merz bromeó con la idea y advirtió la inutilidad de la misma ya que la IA lo va resolver en un abrir y cerrar de ojos, le dijo. Sánchez más tarde filtró –y fue desmentido– que el alemán habría reflexionado y aceptaba plantearse la incorporación de las lenguas cooficiales españolas (catalán, euskera y gallego).

Moncloa insiste en que asumiría todos los gastos de traducción y derivados, pero Bruselas no traga..

La versión oficial de Junts de este carpetazo al Gobierno no se sostiene. La extraoficial resulta más verosímil y apunta hacia otro lado.

Alianza Catalana, el partido más nacionalista y separatista que Junts, le gana terreno en las encuestas y podría darle el zarpazo en unas elecciones anticipadas que Junts desea todavía menos que el PSOE.

Junts necesita tiempo para recuperar el favor perdido de los votantes independendistas que han empezado a mirar al partido como un refugio exclusivo del “expresident” para defender los intereses de Puigdemont.

Aunque las concesiones de Sánchez han sido muchas e importantes a una comunidad autónoma que sigue sin levantar cabeza, pero reclama un referéndum de autodeterminación ilegal, la gestión de la inmigración y leyes para los okupas reincidentes.

Estas propuestas son de imposible cumplimiento por la Constitución o por el veto de Podemos.

Llegado este punto las disyuntivas que se abren sugieren pocos caminos a seguir y todos apuntan a que unas elecciones generales harán su entrada triunfal, más tarde o más temprano, en el 2026.

La meta de terminar el mandato de Sánchez en 2027 le ha quedado muy lejos y, si bien los de Junts no van a forzar la máquina ahora, es decir, no tienen en su periscopio respaldar una moción de censura del PP con apoyo de VOX (les costaría su desaparición), hacerle la vida imposible al Gobierno tiene como objetivo pescar en el caladero de votos que se le han escurrido por la red de Alianza Catalana.

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Alberto Núñez Feijóo

Alberto Núñez Feijóo

Ganar tiempo para dar el golpe a tiempo.

El Gobierno, por su parte, es consciente de esto y no parece –o aparenta– estar demasiado preocupado.

Su salida precipitada, si se atiene a las encuestas, significaría también el naufragio de Junts que no está dispuesto a suicidarse. Por el contrario, sabe que lo que quiere es resucitar en su propia tierra y por eso no entra en pánico..

El Manual de resistencia de Pedro Sánchez puede seguir en marcha un tramo más, pero el presidente y los pocos aliados que le quedan no pueden evitar percibir el perfume a azufre que se extiende por el Palacio de la Moncloa.

¿Están todos, incluido el PNV (Partido Nacionalista Vasco) dispuestos a inmolarse con él hasta el 2027? Cuesta trabajo creerlo.

¿Cuánto tiempo puede aguantar un gobierno en esta situación? La respuesta es una adivinanza.

Alberto Núñez Feijóo no va a presentar una moción de censura sino tiene los votos para que salga adelante. Lo ha dicho en todos los idiomas que conoce bien, el gallego el que mejor. Lanzarse a esa piscina sin tener claro que el agua llega al bordillo no está en sus planes.

No le queda más remedio que esperar a que el PNV también se canse y le enseñe, como hizo con Mariano Rajoy, una puerta de salida a la calle.

Lo hará cuando le convenga porque también ellos tienen a Bildu, los herederos de ETA, pisándoles los talones en las encuestas.

El líder del Partido Popular al que Moncloa disfruta despreciando y poniendo a la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, como a la verdadera lideresa, ha aprendido también a resistir las embestidas y golpes bajos de Pedro Sánchez y los suyos.

Sabe que le toca esperar y aguantar. Entretanto, la justicia estrecha el cerco judicial contra el Gobierno y el PSOE. Núñez Feijóo aprovecha y tira de ironía a la gallega.

"¿Cómo era eso del Gobierno más estable?", del que presumía Pedro Sánchez.

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