21 de noviembre 2025 - 11:30hs

Y si, no hay manera de evitarlo. Como un determinismo histórico está a la vista nuevamente y no hay como esquivarlo. Cada día que pasa, se ven claramente todas las señales que marcan el destino final de la travesía.

Por más que lo intentemos, el GPS vuelve a dirigirnos a esa suerte. No podemos eludirlo. Todos de una manera u otra nos toparemos en pocos días cara a cara con esa realidad. El libre albedrío no tiene espacio en este proceso.

Por esos arañazos que nos da la historia, las últimas semanas del año se sienten allí como un periodo de pasiones exacerbadas, pletóricas necesidades y demandas impostergables. Es la época donde en casi todas partes, se catalizan las tensiones antes del receso y las fiestas.

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La RAE, nos define la expresión “Castañazo”, con un golpe fuerte o puñetazo, expresión propia de una conversación informal y distendida. Hablamos de un golpetazo o choque de gran intensidad.

Si nos remitimos a la cuestión puramente etimológica, la palabra deriva de "castaña", y es sinónimo de "golpetazo".

Existen teorías populares del por qué se asocian ambas cosas: una de las explicaciones más extendidas sugiere que el término se relaciona con la dureza de la castaña (especialmente cuando está en su erizo o al caer).

Recibir el impacto de una castaña, o incluso la sensación de golpear algo tan duro, se asociaría con un golpe fuerte y doloroso. También podría estar relacionado con el sonido seco y fuerte ("clac" o "castañazo") que produce el fruto al caer maduro del árbol al suelo, o al golpear una superficie dura.

En resumen, la asociación se basa en una metáfora popular que utiliza la castaña como referencia para un impacto fuerte, y la adición del sufijo "-azo" formaliza la idea de un golpe contundente.

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Castañas y el humo permitido, el alma y encanto de los mercadillos

Vamos a lo nuestro. Llega el frío y con él los mercadillos navideños y las intenciones de los caminantes se dividen entre los que quieren sumar un nuevo adorno para su árbol y los que buscan un puesto de castañas asadas.

El fruto en cuestión, pues de eso se trata, es nuestra castaña. Fue durante siglos jefa silenciosa de la despensa rural: se consumía fresca, seca o molida para harinas.

Hoy, sigue más viva que nunca en muchas regiones: Galicia, Asturias, León, Cáceres, Huelva, Málaga y Salamanca, donde aún conservan amplios bosques de almendros.

Y este clásico de tiempos fríos, deja su estela desde Vigo hasta Madrid con el humo que se levanta desde los puestos, como una liturgia anual: brasas, papel madera o de diario; si queda alguno; y ese olor inconfundible que podría figurar en el catálogo oficial de aromas patrios, el de las castañas asadas que nos dicen que ya llega el invierno.

En Salamanca o en León, el ritual se repite igual desde hace generaciones: rescoldo, cuchillo, corte en cruz y papel en forma de cono. Lo que antes era alimento de supervivencia rural, la “patata del pobre”, decían algunos, hoy es una ceremonia gastronómica que se vende en euros y se valora en likes.

Las celebraciones donde se la honra con más fervor, tiene en la castañada catalana y el magosto gallego sus máximos referentes.

La primera, se remonta al siglo XVIII, como una derivación de las comidas funerarias, y va muchas veces acompañada con moscatel.

La segunda es una fiesta tradicional de otoño centrada en asar y comer castañas alrededor de una hoguera, acompañada de vino y celebrada con canciones, bailes y juegos. El humo y los tragos como se ve, siempre presentes, completan la escenografía.

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No hay fiestas sin invierno y mercadillos populares

No existe un cálculo único y oficial sobre el número exacto de mercadillos que se instalan en España para las fiestas, ni tampoco del total de visitantes.

Solo en Madrid, en diciembre de 2025, destacan varios grandes mercadillos como el de la Plaza Mayor (con más de 100 casetas).

En ellos se puede encontrar frutos secos, almendras garrapiñadas, pipas tostadas, que crujen como aplausos; manzanas caramelizadas como un espejo; chocolate con churros, crepes y siempre autorización mediante, el humo y las miradas sonrientes alrededor de la cesta donde se tuestan las castañas.

Se estima que durante su duración, desfilan alrededor de un millón de personas.

Las castañas también tienen su guerra

Ya hemos escrito bastante sobre las guerras que tiene la gastronomía.

Si el jamón ibérico vive su cruzada por las denominaciones de origen, como les contamos la semana pasada, las castañas tampoco están libres de conflictos. En Galicia, las cooperativas llevan años denunciando el uso de “castañas españolas” importadas de Italia, Portugal, Grecia y más recientemente China.

La preocupación y denuncias constantes en el sector castañero español cae sobre el fraude en el etiquetado y la procedencia del producto.

El problema radica en que, a menudo, estas castañas importadas (que suelen ser más baratas) se venden en el mercado local como si fueran producto nacional, o se mezclan con la cosecha local, mermando los ingresos de los agricultores locales que enfrentan costes de producción más altos y problemas con plagas como la avispilla del castaño.

El sector pide mayores controles a las administraciones y fuerzas de seguridad para garantizar la trazabilidad y proteger la calidad de la castaña española, especialmente la de zonas con la Indicación Geográfica Protegida Europea ( IGP ) como la Castaña de Galicia o con Marca de Garantía de ámbito nacional, como las de Bierzo.

Como se ve, nada ni nadie está libre de conflicto.

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Las castañas asadas, reinas de Navidad y Año Nuevo en España.

Las castañas asadas, reinas de Navidad y Año Nuevo en España.

Un sabor y textura que no se describe, se siente

Volviendo a los mercados, lo que moviliza a estos espacios, no solo son las luces, los decorados, o la nostalgia por ver un año más al Belén de siempre, sino el talento de quienes aún preparan productos con sus manos.

Las castañas glaseadas con miel serrana, las manzanas caramelizadas con especias, los churros de receta vieja, los turrones artesanos de obradores de barrio siguen atrayendo a los visitantes, porque digámoslo, no hay algoritmo que compita con un buen olor y sabor.

En Salamanca, algunos puestos mantienen incluso el detalle de acompañar las castañas con un vasito de licor de hierbas o vino dulce, herencia de los antiguos mercados de Todos los Santos.

También hay de los otros, esto hay que decirlo, que suplantaron la hoguera por una plancha eléctrica. Menos romántico, pero es lo que se consigue para sortear la maraña de regulaciones y prohibiciones existentes en torno al fuego.

Lo cierto es que el placer que da comer castañas para espantar el frío, es uno de los aperitivos que nos advierte del largo invierno que se nos viene encima.

Al tomar el cono de papel, tenemos la primera sentencia, un calorcito nos mima la mano. Dentro, las joyas de ébano esperan ese apretón que tras el crac, desnudan la gema.

Acto seguido, la llevamos a la boca y su textura entre harinosa y tierna se deshace en nuestro paladar, y nos deja un agradable dulzor misterioso.

Es la primera de la docena. Como todos los fines de año es una ceremonia inevitable y que absolutamente todos queremos celebrar.

No tiene explicación. Como su sabor único, solo hay que sentirlo y si no me crees, es el momento de comprobarlo, ¡ve a por ellas!

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